Dirán que se acogen como el resto de los españoles a su derecho a irse de vacaciones en Semana Santa. Pero no son como el resto de los españoles. Forman parte de un Gobierno que sigue sin aprobar, ni siquiera presentar por tercer año los Presupuestos Generales del Estado. Y porque el mundo está en plena guerra con Irán, que fue precisamente la excusa de no poder presentar las cuentas en el Congreso. Como no podía ser menos, Pedro Sánchez ha sido el primero en saltar del barco; de salir corriendo, como siempre en el Falcon, que quema más queroseno que la interminable procesión de coches atascados en la operación salida; en concreto, emite 2 toneladas de CO2 por cada hora de vuelo, y ello a pesar de su desaforado ecologismo, de su insistente defensa del medio ambiente. Y sin tener en cuenta, porque le sale gratis, la carestía de los combustibles después del cierre del estrecho de Ormuz. Y para más guasa, su avión ha aterrizado en la base militar de Rota, antes de que el presidente y su mujer se desplazaran a Las Marismillas, la finca propiedad del Estado, situada en pleno corazón del parque de Doñana, con la desembocadura del Guadalquivir a un lado, la costa atlántica al otro y con playa privada. Y en ese paraíso, el presidente descansará de los mítines “pacifistas”, su única ocupación en los últimos meses, y Begoña Gómez, de huir del juez Peinado, al que ha vuelto a dar plantón en el juzgado, a pesar de estar citada a declarar sobre su fechorías. Supuestas, claro.
Óscar Puente tampoco se ha quedado en su despacho, a pesar de que la huelga en los aeropuertos ha provocado innumerables retrasos en los vuelos y la red ferroviaria sigue provocando aglomeraciones en las estaciones de tren por las múltiples incidencias y averías que se producen, en especial desde que el ministro dirige el departamento. Y cómo olvidar que Yolanda Díaz adelantó sus vacaciones, como siempre de lujo, para viajar a México escaqueándose de un Consejo de Ministros. Aunque es razonable que se ausentara. Primero porque nada de lo que propone sale adelante. Y, luego, porque para lo que le queda en el convento…
Y, así, el Gobierno en pleno se ha ido de vacaciones; se desconoce si se ha quedado un ministro de guardia. A pesar de la guerra de Irán que golpea la economía, que agudiza el riesgo de que se produzcan atentados terroristas, mientras se celebran en Bruselas reuniones de ministros europeos de Energía para afrontar la crisis del posible desabastecimiento y del precio de los combustibles y que se acaba de celebrar una cumbre de 35 presidentes en Londres para abordar las consecuencias del cierre del estrecho de Ormuz; aunque Sánchez no estaba invitado. Pues se trataba de hablar de geopolítica, no de hacer el payaso y enarbolar la bandera del “no a la guerra”, su única idea para todo.
Pedro Sánchez y sus ministros aún tardarán en volver de sus placenteras y lujosas vacaciones. Como tardará el Congreso de los Diputados en volver a abrir sus puertas. Total para qué. Pues, con su absoluta minoría parlamentaria, el Gobierno es incapaz de aprobar una sola ley. En realidad, España no notará la ausencia del Gobierno. Quizás el país funcione mejor sin ministros y, naturalmente, con el insoportable y empalagoso presidente de la pancarta lejos y calladito.