Tal vez no sea mal momento este del Viernes Santo para reflexionar sobre una circunstancia...
Tal vez no sea mal momento este del Viernes Santo para reflexionar sobre una circunstancia religiosa que preocupa, y mucho, a los representantes de la Iglesia Católica. España peleó durante ocho siglos para expulsar del territorio cristiano a los musulmanes que de él se apoderaron.
Los derechos humanos han establecido en las democracias europeas la libertad de cultos. En las naciones islamistas, no. Pero en Italia, en Francia, en España se ha aceptado, y en algunos casos se ha estimulado, la construcción de mezquitas y la aceptación de la religión islámica. España cuenta ya con más de dos millones y medio de musulmanes. En algunas provincias crecen al 30 por ciento y no resulta aventurado afirmar que puede terminar ocurriendo en España lo que ha ocurrido en Francia: que acudan a las mezquitas más fieles que católicos a los templos de la Iglesia tradicionalmente mayoritaria.
Pedro Sánchez no apoya el islamismo en España porque vibre en él un sentimiento religioso inspirado por el Corán. Piensa con razón que si se regulariza a los islamistas, que si se les otorga después la nacionalidad española, el PSOE sanchista contará con un aluvión de nuevos votos que pueden desvirtuar las encuestas que, hoy por hoy, certifican la victoria del centro derecha español y el hundimiento del sanchismo.
Sea lo que sea, lo que resulta innegable es la creciente islamización de España. En la inmigración procedente de Iberoamérica casi todos los factores resultan positivos: idioma, cultura, sentimiento religioso, forma de vida. En la inmigración islámica, el choque con las costumbres y los procedimientos religiosos del islamismo parece evidente. El Corán es un monumento a la espiritualidad y negarlo significaría perder la objetividad. Pero está claro que, en muchos aspectos, las distancias entre la religión islámica y la católica son grandes.
Dejar constancia de esta realidad que puede afectar ya a cerca del 10 por ciento del censo español parece obligado para reflexión de intelectuales, políticos y profesionales del periodismo. Y en esta fecha significativa del Viernes Santos no está de más hacer el recordatorio de una situación que es necesario conocer y estudiar.