Desde hace dos años vengo refiriéndome a un asunto que me parece extremadamente grave...
Desde hace dos años vengo refiriéndome a un asunto que me parece extremadamente grave: la transformación del censo, sobre la base del incremento de nacionalizaciones a inmigrantes y, sobre todo, a hijos y nietos de republicanos que se exiliaron en 1939. En Esdiario, Benjamín López escribe: “Pedro Sánchez no se detiene ante nada con tal de perpetuarse en la Moncloa. Su última jugada, tan burda como peligrosa, consiste en inflar de forma arbitraria y precipitada el censo electoral mediante una avalancha de nacionalizaciones exprés”.
Peligrosa la maniobra, sí. Pero no tan burda porque la fórmula puede considerarse rigurosamente constitucional. Una vez el interesado recibe la nacionalidad, dispone del derecho a votar y eso es, desde el punto de vista constitucional, absolutamente incontestable. Se asegura que hijos y nietos nacionalizados superan ya el millón. Los cónsules españoles se encargarán de recibir sus votos y de enviar las sacas a España. Si Feijóo no se pone en marcha, el control de esos votos se convertirá en una amenaza. Cónsules, en gran parte adictos al sanchismo, los manejan.
Pedro Sánchez sabe que el paso normal, si pierde las elecciones generales, significaría trasladarse desde la silla curul de Moncloa al escaño opositor en el Congreso de los Diputados; pero lo probable es que el traslado se haga al incómodo banquillo de los acusados. Y, naturalmente, está haciendo todo lo posible para que eso no suceda. La política de nacionalizaciones parece un camino certero porque las otras manipulaciones electorales, a pesar del documento nacional de identidad digitalizado, a pesar de las maniobras del voto por correo, a pesar de posibles jugarretas electrónicas, no parecen fáciles y resultan demasiado arriesgadas.
La política de nacionalizaciones constituye una cínica maniobra. Pero no es ilegal y podrá trasformar los resultados que predican todas las encuestas serias. Alberto Núñez Feijóo, en lugar de prestar oídos al halago de sus agradaores gallegos, debería dedicar una parte sustancial de su tiempo a frenar la escandalosa maniobra sanchista para engrosar el censo y modificar el resultado electoral.