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La historia nunca se repite

Antonio López Vega
sábado 20 de diciembre de 2008, 22:08h
No deja de sorprenderme la cantidad de seguidores que tiene la tesis de que la historia se repite. Es posible que tenga bastante que ver en el éxito de tal tesis, la publicación, al filo de 1920, de la celebérrima obra de Oswald Spengler, La decadencia de Occidente. Contornos de la historia universal, traducida al español por Manuel García Morente y aparecida a lo largo de esa década en nuestro país.

Esta obra, marcadamente historicista y determinista, tuvo una gran influencia en su tiempo y, quizás, como digo, sobre las mentalidades de generaciones futuras. En ella, el autor alemán sostenía una visión cíclica de la historia en la que se habrían sucedido tres tipos de sociedad, la Apolínea o Clásica, la Mágica, propia del mundo islámico, y la Fáustica u Occidental. Influido por el darwinismo y el biologiscismo imperante a comienzos del siglo pasado, Spengler contemplaba que todas las civilizaciones tenían un nacimiento, una madurez y una decadencia o vejez que podía implicar su total extinción. En el contexto de la crisis parlamentaria liberal del período de entreguerras, Spengler atisbaba la decadencia de Occidente, un declive que sólo se podría atenuar o diluir a través de modelos dictatoriales, singularmente apostaba por el modelo del fascismo mussoliniano. Esa sensación de declive y esperanza en opciones autoritarias que sacaran del colapso al que había llegado el parlamentarismo liberal tras la Gran Guerra, fue compartida por una parte sustantiva de la intelectualidad europea. En este sentido, baste mencionar para el caso español, el éxito de la idea del cirujano de hierro de Joaquín Costa que, no pocos, creyeron encontrar en la Dictadura de Primo de Rivera, acaecida en 1923, y que habría de imponer un tratamiento a aquella España enferma para impulsar su regeneración.

Pues bien, quizás esa obra haya contribuido notablemente a la extensión de la idea de que la historia es cíclica y se repite. Sin duda, también ha contribuido a esa percepción los modelos teóricos que, décadas más tarde, han estudiado la historia económica y han mostrado que ésta, se ve recorrida por ciclos de crecimiento y depresión, lógicos en la dinámica del mercado. Con todo y con eso, los historiadores sabemos que la historia nunca se repite. Si siguiendo la idea orteguiana de la vida como realidad radical, concebimos el devenir humano como la suma de individualidades no determinadas, el resultado es que la historia es discontinua, intermitente e irregular, precisamente, por lo impredecible del actuar humano. También sabemos que la historia nunca responde a causas únicas ni a interpretaciones unívocas, siempre hay multiplicidad de factores que influyen en su transcurso. El historiador ha de huir de las generalizaciones y atender a lo particular, de ahí su complejidad.

Estos días numerosos analistas se afanan por atisbar cuando asistiremos al final de la actual crisis económica. Algunos políticos apuntan que en el segundo semestre del próximo año, buena parte de los analistas económicos apuestan por el año 2010 y, numerosos organismos se tientan la ropa en sus estudios y cifran el inicio de la recuperación para 2011 o años posteriores. Si bien, como digo, desde un punto de vista económico, es cierto que los ciclos tienen sus duraciones y sus intensidades, y que su estudio puede dar una orientación aproximativa de cuánto puede durar esta crisis, no menos cierto es que una constante que la historia muestra es que determinadas circunstancias absolutamente imprevisibles pueden acelerar o demorar la tan anhelada recuperación.

Que la historia puede cambiar de un día para otro lo tenemos bien presente. Nadie, el 10 de septiembre de 2001, podía suponer lo que sucedería al día siguiente en Nueva York. Desde entonces, no sólo ha cambiado la situación política internacional, sino que se ha transformado nuestra percepción de la vida en aspectos como, por ejemplo, el de la seguridad –algo patente, por cierto, en los aeropuertos–. Nadie está libre de ser golpeado por la barbarie terrorista en los sitios más insospechados hasta hace bien poco, como tristemente sabemos en España o en Inglaterra con los atentados de Madrid y Londres. Está bien que nuestros economistas estudien cuando es previsible que comenzará a recuperarse la situación económica y que hagamos caso a sus recomendaciones para salir cuanto antes de esta situación. Estudiemos las múltiples causas que han desatado esta nueva crisis económica, la primera global y confiemos en superarla más pronto que tarde.

Antonio López Vega

Profesor de la UCM

Antonio López Vega es profesor de Historia Contemporánea de la UCM.

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