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Ensayo

Charles Powell: El rey Juan Carlos I y la proyección exterior de España

domingo 12 de abril de 2026, 23:22h
Charles Powell: El rey Juan Carlos I y la proyección exterior de España

Galaxia Gutenberg. Barcelona, 2026. 658 páginas. 34 €. Más allá de las sombras, el patriotismo y compromiso con la convivencia y la tolerancia del monarca emérito deben ser los rasgos con los que pase a la Historia

Por Alfredo Crespo Alcázar

En El rey Juan Carlos I y la proyección exterior de España, el profesor Charles Powell nos ofrece, sin incurrir en patrioterismos cortoplacistas, una obra sobresaliente que permite al lector conocer de manera exhaustiva la historia reciente de nuestro país. Para tal finalidad, adopta como objeto de estudio principal la figura de SM Juan Carlos I, actor determinante en el progreso democrático experimentado a partir de 1975 por España.

La estructura expositiva sigue un orden cronológico, lo que permite al autor ordenar adecuadamente el contenido, de ahí que resulten fundamentales las explicaciones pormenorizadas que nos brinda sobre qué percepción había en el exterior sobre España durante el franquismo. Además, debe resaltarse obligatoriamente el rigor científico, como certifica las numerosas fuentes consultadas, excelentemente referenciadas en el apartado de bibliografía.

La tesis principal defendida por Powell es que don Juan Carlos I fue una figura principal en el cambio que se produjo en España tras la muerte de Franco en 1975, apostando decididamente por la democratización, con la cautela e incluso escepticismo que dicho objetivo suscitaba a nivel interno y externo. En efecto, designado como sucesor de Franco en 1969, el futuro rey comenzó una serie de viajes internacionales en plena dictadura, persiguiendo con ello una finalidad doble y complementaria.

Por un lado, mostrar una nueva y más moderna imagen de España. Por otro lado, recoger apoyos para su deseo de establecer una monarquía parlamentaria, un anhelo que solamente podría llevarse a cabo cuando falleciera el caudillo, cuyo inmovilismo rechazaba. En este periodo sobresalieron las fluidas relaciones con Estados Unidos que contrastaban con las más “conflictivas” sostenidas con Francia.

La complejidad de la tarea que se había marcado el futuro rey era notable. En efecto, las potencias extranjeras disponían de encuestas que reflejaban que la monarquía y Juan Carlos no despertaban excesiva expectación entre la sociedad española. No obstante, también hubo otras opiniones más “visionarias”, como la de Wade-Gery, para quien “don Juan Carlos favorecerá un proceso democratizador de esta índole no solo porque en el fondo tiene convicciones liberales, sino también porque es lo que más posibilidades tiene de garantizar su supervivencia y la de su dinastía” (pág. 135).

El momento culminante llegó con la Transición. En este apartado, Charles Powell relaciona perfectamente el escenario interno (crisis económica, violencia derivada de la actuación de numerosas organizaciones terroristas…), con el exterior, haciendo el rey de nexo entre ambos. Al respecto, sustituir al frente del gobierno a Arias Navarro por Adolfo Suárez supuso un acierto, como también lo fue su apuesta decidida por publicitar a nivel internacional el nuevo sistema político que tenía su base en la Constitución de 1978.

En este sentido, el monarca desplegó innumerables viajes oficiales explicados de forma pormenorizada por el autor, incrementando los apoyos para apuntalar la Transición, pero también creando una serie de socios que serían fundamentales desde el punto de vista comercial y diplomático. El resultado de este modus operandi fue tangible: “La rápida transición experimentada por España, que pasó de ser un país emisor de emigrantes (hasta principios de los años setenta) a uno receptor de inmigrantes (a partir de finales de la década de 1990) no solo transformó su propia sociedad, sino que también modificó radicalmente la forma en la que era percibida más allá de sus fronteras” (pág. 310).

Asimismo, sin realizar injerencias en cuestiones internas de otros países, reivindicó la democracia y apoyó a aquellas naciones que salían de dictaduras liberticidas, como las del cono sur latinoamericano. En consecuencia, “al apoyar públicamente a los incipientes sistemas políticos democráticos de América Latina, el monarca jugó un papel muy similar al que habían desempeñado en su día destacados dirigentes políticos europeos en relación con España” (pág. 429). Además, fue un testigo de excepción de acontecimientos clave, como el final de la Guerra Fría, mostrando al respecto una notable sintonía con dos de sus principales artífices (Mijaíl Gorbachov y George Bush).

En toda esta trayectoria, el rey convivió con seis presidentes de gobierno, destacando el tándem formado con Felipe González y, cuando menos hasta finales de los años setenta, con Adolfo Suárez. Con Aznar las relaciones resultaron más tirantes, en un momento en el cual el citado presidente orientó nuestra política exterior hacia Estados Unidos, en el contexto de la “guerra contra el terrorismo”.

Con Rodríguez Zapatero, el monarca hubo de mostrar sus buenos oficios para rebajar la tensión con Washington, tras la retirada de Irak de las tropas españolas. Finalmente, Mariano Rajoy optó por una política exterior más convencional, dentro de la cual consideraba que el rey debía ser un actor de referencia, algo que aquel demostró con creces.

En efecto, debe recordarse obligatoriamente que a partir de 2008 se desató una crisis económica que afectó esencialmente al mundo occidental, lo que puso en peligro los intereses de las empresas españolas en el exterior. Como respuesta, don Juan Carlos realizó múltiples gestiones, tanto para paliar los efectos negativos como para atraer inversiones a España, sin olvidar la mediación llevada a cabo para conseguir formar parte, como miembro permanente, del Consejo de Seguridad de la ONU en 2015-2016.

La abdicación y posterior establecimiento en Emiratos Árabes Unidos no deben ensombrecer el legado de SM Juan Carlos I, idea que Charles Powell reitera a lo largo de la obra. En efecto, gracias a su buen hacer, España se situó y se consolidó como una potencia proactiva en el panorama internacional y, sobre todo, logró que la democracia se estableciera con vocación de permanencia en nuestro país.

En palabras del autor: “la transición española suscitó tanto interés y admiración en todo el mundo durante los años 80 que se convirtió en un bien exportable, que nadie podía promocionar mejor en el extranjero que el propio don Juan Carlos” (pág. 457).

En definitiva, una obra de lectura obligatoria que nos permite entender nuestro desarrollo más reciente como nación. El Estado de derecho, el bienestar y la prosperidad que hoy disfrutamos no llegaron llovidos del cielo. Por el contrario, se los debemos a la labor ejemplar de personajes trascendentes y trascendentales como el monarca emérito, cuyo patriotismo y compromiso con la convivencia y la tolerancia deben ser los rasgos con los que pase a la Historia.

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