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TRIBUNA

Gran lección del Papa León XIV

viernes 17 de abril de 2026, 18:46h

“Yo nunca fui de derechas” empezó diciendo el Papa Francisco a la prensa el 28 de septiembre de 2013 durante uno de sus primeros viajes, para pasar desde ahí, pero sin moverse ni un ápice de todo lo esencial que constituye nuestra fe, a promover una iglesia en salida, misionera y de las periferias, pero sin llegar ni mucho menos a la teología de la liberación de John Sobrino, aunque poniendo mucho énfasis en la doctrina social de la iglesia y su vocación de servicio y de desprendimiento… “¡Cómo me gustaría a mí una iglesia pobre para los pobres!”, dijo también. Y diciendo estas cosas se convirtió en el mejor comunicador espiritual de nuestro tiempo, en un pacifista activista de Cristo y de su revolución del amor, aunque sin romper en absoluto con el papado de Benedicto XVI: el Papa Francisco, con respecto a Benedicto, fue una novedad constante en la continuación con lo anterior, y no una ruptura.

Un Papa tiene que librar espiritualmente las grandes batallas de su tiempo, y la gran batalla, entonces era la de la comunicación; la de una iglesia de comunidades herméticas encerrada en sí misma y cada vez menos entendida y menos universal. Y el Papa francisco, para librar esa batalla en la iglesia, abrió cuanto pudo puertas y ventanas y nos puso en salida a hablar de Cristo y de la fe con un lenguaje de todos y de hoy por tierra, mar y aire, radio, televisión y hasta internet.

Como tras unos puntos suspensivos viene un nuevo Papa comedido, casi gris, uno que no mete un ruido, el Papa León XIV. Viene como a pasar desapercibido. Viene a lo de siempre.

Pero estalla la guerra en el mundo (Gaza, Ucrania, Irán, etc). Y va este Papa aparentemente gris, y él que sí que pone inmediatamente a la Iglesia en el lado correcto de la historia con una frase digna de ser tallada en piedra a la vez que bordada en cada almohadón: “No le tengo miedo a Trump, y siempre hablaré en contra de la guerra”.

¡Olé! Éste es el digno heredero de San Agustín y su Ciudad de Dios tan distinta a la terrenal ciudad del amor propio. Éste es el moderno San Pedro inspirado por el espíritu santo que nos marca el norte en nuestra brújula de fe. Es el muchacho criado en los suburbios de bourbon y jazz de Chicago, y crecido espiritualmente en ese pobre, feliz, fervoroso, maravillosamente bello y panispánico país que es El Perú. Sí, es el que encarna hoy el misterio petrino (según nos enseñó Hans Urs Von Balthasar en ese libro ya clásico de la teología del siglo XX titulado El Complejo Antirromano, la iglesia se conforma mediante el misterio petrino primero, y el misterio paulino después). Eso, éste es César Vallejo el poeta del corazón bueno hablando de los Cristos alados y los poemas humanos. Ea, éste es el teólogo peruano Gustavo Gutiérrez escribiendo como con su carne y con su sangre el libro (el cual le prologaría el propio Papa Francisco) titulado Vivir y pensar el Dios de los pobres, o éste es el hombre del cuadro de Goya valiente como la madre que lo parió que sube los brazos hacia el cielo y mira de frente a los fusiles que le encañonan con una dignidad que nos supera…

No lo parecía, pero al llegar el momento la dignidad la ha mostrado y demostrado como hacen los caballeros espirituales en la estela del beato Ramon Llull y el admirable Don Quijote: ¡tiene dos cojones este Papa!

Estamos tan orgullosos de este nuevo Papa León XIV como seguros de que esa frase, “no le tengo miedo a Trump y siempre hablaré contra la guerra” ha hecho sonreír a Dios.

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