Se trata solo del preámbulo de lo que puede suceder. Pedro Sánchez ha decidido enfrentarse...
Se trata solo del preámbulo de lo que puede suceder. Pedro Sánchez ha decidido enfrentarse con Donald Trump. La hormiga contra el tigre de Bengala. Las amenazas del presidente de los Estados Unidos contra España han sido agrias, pero se han quedado en palabras.
Bueno, no solo en palabras. Según nuestra Secretaría de Estado de Comercio, en los dos primeros meses de este año, las exportaciones españolas a los Estados Unidos de América se derrumbaron un 12,1 por ciento y nuestras importaciones registraron un retroceso del 20,3 por ciento. Las ventas españolas al gigante norteamericano no alcanzaron los 2.500 millones.
El problema, sin embargo, no está ahí. Donald Trump puede decidir la liquidación de las bases militares norteamericanas en España. Puede también entenderse con Marruecos y construir en el país africano un par de bases que quebrarían el equilibrio militar entre España y Marruecos. Si algún día el país vecino dispusiera de una potencia militar superior a la nuestra -y eso está en manos de Trump- la presión marroquí sobre Ceuta, Melilla y Canarias se haría insoportable. Y a Pedro Sánchez se lo deberíamos. La política internacional no se puede hacer a golpes ideológicos y a reacciones adolescentes. Es obligado mirar el largo plazo. Y Pedro Sánchez no se entera -y si se entera le da igual- de la hecatombe que su política actual puede generar en un futuro inmediato.