Utilizo el célebre dicho para no perder la perspectiva. Vivimos tiempos convulsos y un giro importante en la política internacional, es una obviedad, pero intentemos ver la situación en sus justos términos, esto es, de forma equilibrada y no con los cristales de las gafas ahumados.
Veamos en qué se puede fundamentar este balance menos parcial, a mi modo de ver, de lo habitual.
Hemos pasado en pocos años de un mundo unipolar, con el dominio de EEUU como hégemon a un panorama multipolar con China en competencia tecnológica y económica, la irrupción de Rusia con la invasión de Ucrania, en mucho menor medida los llamados BRICS, etc. El sueño de una globalización que armonizara la convivencia planetaria se ha roto con la tensión occidental con el mundo euroasiático (Rusia) entre el Extremo Oriente (China), Oriente Medio ha explotado de manera subsidiaria a estas tensiones multipolares.
Sin embargo, no hay mal que por bien no venga y hay que pensar que ante el nuevo reparto de poder y zonas de influencia hay reacciones positivas a considerar. Por ejemplo, la condena unánime y el apoyo a Ucrania ante la invasión militar rusa -intereses de seguridad y estratégicos aparte- recuerda de algún modo a la gran coalición internacional bajo el amparo de la ONU a raíz de la I Guerra de Irak (1990/1), tras la invasión de Sadam Hussein de Kuwait. No están tan lejos los tiempos en que se violaban impunemente las fronteras y se iniciaban guerras sin que la comunidad internacional apenas se inmutarse.
He dicho en alguna ocasión como la raíz remota de esta sensibilidad bien pudiera radicar en los Acuerdos de Helsinki de 1975. Lo que ocurre es que tras la caída del Muro de Berlín y el paréntesis hasta el 11S del 2001 nos habíamos ilusionado con un futuro mejor, despertando quizá con el error de la II Guerra de Irak en el 2003 pero pensando que volveríamos a recuperar el "sueño".
La iniciativa de promover un Tribunal ad hoc complementario al Penal Internacional para condenar a Putin por la invasión ilegal del país vecino es otra de las posibilidades positivas
que no valoramos debidamente. Cierto es que dependerá de la capacidad real y la voluntad política de financiación pero este tipo de Justicia Internacional es relativamente novedosa, se han dado pasos que hay que ponderar positivamente.
Por otro lado China ha ido irrumpiendo progresivamente lo que era un hecho muy anunciado que ha sido en parte el factor desencadenante del nuevo panorama mundial. Ante este ya no tan nuevo gigante hemos comprobado como una pandemia planetaria se ha originado en su territorio, cayendo en la cuenta hasta físicamente de lo entrelazado e interdependiente que es nuestro mundo -aunque los medios de comunicación, la tecnología y la influencia cultural lo habían ya demostrado con antelación-. La colaboración científica y la distribución de vacunas, aunque haya sido por bloques geográficos y de interés estratégico, han mostrado una capacidad de colaboración y de reacción conjunta entre países importante -deteniendo la patología del coronavirus-19 en breve tiempo-, a pesar de los pesares.
Asimismo, este hecho ha hecho reaccionar a las potencias medias: desde el célebre discurso del Primer Ministro canadiense en Davos hasta la necesaria y urgente reacción europea en innovación y tecnología, todos son síntomas del resituarse, todos los actores internacionales para competir sin verse arrollados y para defender "un realismo político con valores" (Mr. Carney dixit) ante las grandes potencias. De hecho, el giro estadounidense ha provocado que a día de hoy el 60% de los canadienses vean con interés unirse a la UE. Una muestra es que el Primer Ministro de Canadá acaba de participar en Armenia en una reunión de la Comunidad Política Europea de modo que su país sea el primero fuera de nuestro continente que asiste a este encuentro.
Otro capítulo aparte merecen las relaciones trasatlánticas. A efectos prácticos, la nueva situación obliga a Europa a replantearse su autonomía militar e impulsar su propia defensa,
asignatura pendiente desde hace décadas. No sé si la reacción de gastar 800.000 millones de euros ante la hipotética amenaza rusa es el mejor camino u obedece a un efecto péndulo, sumando además el progresivo aumento del entre 2 a 5% del PIB como aportación a la OTAN.
El caso es que el tradicional paraguas norteamericano parece dejar de cubrirnos las espaldas y Europa deberá dotarse de su propia estrategia defensiva. No sé si son buenas noticias, dado que parece ciertamente tecnológicamente difícil dejar el "protectorado" militar USA y sería muy costoso pero se deberá afrontar el novedoso horizonte en cualquier caso y ojalá sea para dotarnos de un potencial defensivo pero también como instrumento de pacificación y mediación (papel a jugar en Ucrania, como garantía de paz, por ejemplo).
Otro ámbito a considerar es el de Oriente Medio. Desde luego que mejor que la reacción de Israel a los ataques de octubre de 2023 hubieran sido más proporcionados y contenidos, evitando arrasar la franja de Gaza y castigando cruelmente a la población civil con el argumento de borrar a Hamás del mapa. La factura han sido, creo recordar, casi 60.000 muertes. Hasta que detuvo el drama el plan de paz de Trump secundado por el Consejo de Seguridad de NN.UU, ahora detenido a la esperadel desenlace del conflicto generalizado en el Oriente Medio.
Sin embargo, hay un horizonte para el optimismo, precario, pero real. Lo mismo ocurre con la actual guerra de Israel y EEUU con Irán y Hizbulá, hutíes, etc. Sin animar a dar la puntilla como hacía Arabia, es cierto que -como afirma este país- se podría reconfigurar toda la zona (sin la presencia o al menos desactivada de los actores citados, tan agresivos y desestabilizadores para el resto de países). Habrá que esperar a cómo evoluciona el conflicto.
Pero no es un asunto menor que en torno a este último conflicto se hayan producido intensos debates sobre la legalidad o no de la guerra (ius ad bellum) y sobre determinados actos de guerra brutales (ius in bellum) algunos de los cuales han sido denunciados ante la Corte Penal Internacional. Así como lo fueron los líderes israelí y de Hamás con ocasión del conflicto generado con los ataques terroristas en 2023 y la posterior reacción hebrea. Hay que pensar que estos mecanismos de Justicia Internacional, todavía incipientes pero existentes, llevan poco más de veinticinco años de existencia pero siguen resultando un cierto freno y una justicia, aunque limitada, para frenar los desmanes de las potencias y actores regionales.
La sensibilidad de la comunidad internacional, las denuncias y las presiones para regular humanitariamente los conflictos son pasos que van consolidándose con cierta eficacia, aunque aún muy parcial. Pero al menos nos indican una conciencia ética clara mundial de unos límites imprescindibles. Al lector el conjunto le puede saber a poco pero no cabe duda que la botella, estando a la mitad, puede verse medio llena o medio vacía o con otra conocida expresión quizá pueden observarse "brotes verdes" en el que nos parece aparentemente el desértico erial de las relaciones internacionales actuales.