Los armenios fueron el primer pueblo en convertirse al cristianismo (301 a. C). El reino de Armenia llegó a extenderse del Mediterráneo al mar Caspio. En sus monasterios se iluminaron algunos de los manuscritos más bellos de la Edad Media como los que pueden admirarse estos días en la exposición «Por los caminos del mapa de la espiritualidad: el arte manuscrito armenio», que acoge algunos de los libros más hermosos del Instituto “Matenadaran” Mesrop Mashtots de Manuscritos Antiguos (Ereván). Si las raíces de Europa están en Atenas, Jerusalén y Roma, en los tres lugares florecieron comunidades armenias. Ya en nuestro tiempo, los armenios nutrieron las filas de los combatientes contra el nazismo. Ahí está el ejemplo de Missak Manochian y sus compañeros o el medio millón de soldados armenios alistados en el Ejército Rojo. Hay mucha historia de Europa en las imágenes de los soldados armenios bailando el «kochari» tras la caída de Berlín en 1945. Desperdigados en una diáspora vastísima, supervivientes del Genocidio perpetrado por los otomanos, resistentes en una república que terminaría integrada en la URSS, los armenios han construido también la historia de este continente.
El nacimiento de las Comunidades Europeas encontró a la República de Armenia al otro lado del Telón de Acero. Sin embargo, Armenia está llamada a Europa tanto como Europa está incompleta sin Armenia. Tiene, pues, todo el sentido que los líderes europeos se hayan dado cita en Ereván esta semana. El 4 de mayo tuvo lugar la VIII Cumbre de la Comunidad Política Europea. Entre el 4 y el 5 se celebró la primera cumbre UE–Armenia -la primera de este tipo-, que incluyó una asociación de conectividad y una promesa europea de inversiones de hasta 2.500 millones de euros. En esos mismos días, Emmanuel Macron, presidente de la República Francesa, se encontraba en la capital en visita de Estado. Entre el 5 y el 6 se celebró la tercera edición del Yerevan Dialogue, que se está convirtiendo en la cita obligada para la reflexión sobre los asuntos globales vistos desde el Cáucaso Sur, es decir, desde una parte de Europa. La semana termina con la celebración del Día de la Victoria, que en Armenia es el día 9 de mayo, y del Día de Europa este domingo 10.
En particular, el Yerevan Dialogue reunión al primer ministro, Nikol Pashinian; al ministro de Asuntos Exteriores, Ararat Mirzoyan; a Emmanuel Macron y a otros muchos políticos, analistas y profesores llegados desde América, Asia, África y, por supuesto, Europa. Con el título «Riding Through The Storms», en el encuentro se reflexionó acerca de cómo convertir la crisis geopolítica en oportunidad estratégica, reforzando el papel de Armenia como plataforma de diálogo, conectividad y cooperación entre Europa, el Cáucaso Sur y otros socios internacionales. Como señaló Davit Karapetyan, secretario general del Ministerio de Asuntos Exteriores de la República de Armenia, el entorno internacional actual está marcado por una creciente fragmentación geopolítica, la disrupción tecnológica y una presión cada vez mayor sobre los sistemas de gobernanza global, aunque los debates demostraron la importancia de la resiliencia, el diálogo y la cooperación para abordar los desafíos globales compartidos. Como señaló Karapetyan, «la fragmentación no es un destino, es una condición, y las condiciones pueden moldearse».
El primer ministro Nikol Pashinyan recordó la profunda transformación del posicionamiento geopolítico y económico de Armenia en los últimos años. Aunque las coordenadas geográficas de Armenia no han cambiado -señaló el primer ministro- la realidad geopolítica y las oportunidades estratégicas del país han evolucionado. Por ejemplo, hizo hincapié en la creciente importancia de las energías renovables y destacó el considerable potencial de Armenia en materia de energía solar. Es interesante subrayar que, incluso potencias petroleras están orientándose hacia las energías renovables.
A lo largo de su historia, el pueblo armenio ha mostrado no sólo un inquebrantable deseo de sobrevivir, sino una extraordinaria capacidad de convertir los desafíos en oportunidades. Sus relaciones estratégicas con Francia y con la India refuerzan el compromiso que la Unión Europea viene mostrando con Armenia y su futuro en todos los planos desde el energético al tecnológico.