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TRIBUNA

La hora del voto en Andalucía

Antonio Robles Ortega
lunes 11 de mayo de 2026, 18:25h

El próximo domingo diecisiete de mayo los andaluces tenemos una cita electoral para elegir a los representantes del pueblo en el Parlamento de Andalucía. Evocando el desafío intelectual de Aristóteles, el gran pensador de la Grecia clásica, escuché decir a nuestro sevillano universal Emilio Lledó, filósofo y académico, que la política es una tarea para personas decentes, para buenas personas, en el sentido machadiano del término. A Emilio Lledó, Premio Nacional de las Letras y Premio Princesa de Asturias, admirado maestro para tantas generaciones de filósofos entre las que me encuentro, le traté personalmente por última vez hace dos décadas, cuando ambos coincidimos por distintos motivos en el Colegio de España en la Ciudad Internacional de París, ese campus de encuentro e intercambio de artistas, investigadores y profesores del mundo entero. Me parece que, a día de hoy, el maestro sigue pensando lo mismo, rozando ya el umbral del siglo de una vida lograda, pues me consta que nuestro sabio andaluz no cambia de opinión respecto a algo importante por cualquier motivo interesado ni, mucho menos, cambia de principios así como así.

El filósofo y el político no son dos términos incompatibles, sino que más bien necesitan reconciliarse constantemente. Platón intentó hacerlo sin éxito llevando, tras su desencanto inicial, a los políticos a la filosofía, ya que los amigos de la verdad y la decencia nunca van a alcanzar el poder. Platón, como en tantas cosas, pedía demasiado. Nada menos que el mejor de los mundos posibles. Su discípulo Aristóteles, sin renunciar a reconciliar la ética con la política, defendió siempre con realismo la utilidad de buscar simplemente un gobierno mejor, algo que es relativo a cada circunstancia de tiempo y lugar, para alcanzar también un mundo mejor.

La Ilustración Francesa y el adalid de la tolerancia, Voltaire, nos han legado aquel encantador cuento filosófico en el que el protagonista, Cándido, tras su periplo personal por diversos países y culturas, desengañado de la ensoñación utópica por encontrar el mundo perfecto, vuelve a sus orígenes y a su patria pequeña para cultivar su propio jardín. El huerto de nuestros afanes diarios, de las ciudades y pueblos que habitamos, de la región o comunidad autónoma a la que pertenecemos, necesita cultivarse. No todo es cizaña entre los trigales de nuestro terruño, pues sin duda que hay muchas cosas buenas y otras muchas que se están haciendo con trabajo y con ilusión para que mejore la calidad de nuestra vida cotidiana.

Sin embargo, la política que resuelve nuestros problemas urbanos, los desafíos que constantemente plantea la convivencia y, a veces, la simple supervivencia de muchas personas en nuestras tierras y ciudades, no siempre está en manos de buenos jardineros, entregados a su noble tarea con espíritu de servicio público. Es la hora de elegirlos acertadamente. Sin olvidar el carácter relativo y circunstancial de cada elección. Recordando que los nuevos "cleavages", como gusta decir a los británicos, las nuevas polaridades o polos de referencia para orientar nuestro voto, no pueden ser ya la topografía guerracivilista de izquierda y derecha, ni los de arriba frente a los de abajo, sino decencia o corrupción, eficacia o inutilidad, imaginación o monotonía, ciudadanía responsable o clientelismo pesebrero, respeto al significado de vivir en un Estado de Derecho frente a chapuza, nepotismo y amiguismo, aire puro frente al hedor putrefacto de gobernantes y políticos corruptos.

La alternativa histórica que, a escala de elecciones autonómicas en Andalucía, se nos ofrece en este momento, como en otro contexto sostenía el politólogo alemán Helmut Dubiel, se encuentra entre permanecer como ovejas de un rebaño ideológico que sigue ignorantemente las consignas de quienes nos pastorean vendiendo promesas de humo en campaña electoral, arropándose en anacrónicas coartadas de izquierdas o derechas o, por el contrario, atrevernos a recuperar el viejo ideal normativo de la reconciliación entre la ética y la política ejerciendo como ciudadanos. Atrevámonos a elegir y a renovar nuestra confianza en esas escasas buenas personas que se presentan como candidatos. Confiemos, más que en el oropel de las vanas promesas de profesionales de la mentira que aquí conocemos todos por su larga trayectoria en los gobiernos autonómico y central, más incluso que en la contradicción de aquellos apóstoles de la denominada izquierda regeneradora, que siguen sosteniendo escandalosa y cobardemente a un gobierno impresentable en la Moncloa, depositemos nuestra esperanza en ese candidato que llora de empatía con las víctimas ante el dolor en el accidente ferroviario de Adamuz. Lágrimas sin complejos como vertían aquellos grandes héroes de la Iliada que conquistaron Troya. Confiemos en esas personas de mirada limpia como Juanma Moreno o Patricia del Pozo, como mi antigua alumna Rocío Díaz, ahora Consejera en funciones, no sea que, creyendo servir a lo que libera, sirvamos una vez más a lo que esclaviza. Como diría el maestro, ojalá que este domingo regrese de nuevo la decencia.

Antonio Robles Ortega es filósofo, ha sido profesor de Ciencia Política en la Universidad de Granada y Consejero de Cultura y Educación en varias Embajadas de España

Antonio Robles Ortega

Exconsejero de Educación en la Embajada de España en Marruecos

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