La Europa de Sarkozy
lunes 22 de diciembre de 2008, 21:45h
Sarkozy la ha gozado durante su semestre de presidencia europea y hubiera dado cualquier cosa por prolongarla durante todo el año 2009, sobre todo porque su sucesor inmediato, la República Checa, no se caracteriza precisamente por su entusiasmo europeísta. Pero las reglas vigentes en la UE no se lo han permitido, aunque el hiperactivo presidente francés ya anda maquinando ponerse al frente del Eurogrupo, que reúne a los países que comparten la moneda única, como un medio de seguir al timón de la empresa europea. Han sido seis meses muy agitados, y algunos -sobre todo en Francia, como es natural- han prodigado el tan gastado calificativo de “histórico” para denominar tanto a este último semestre del 2008 como a la cumbre de los días 11 y 12 de diciembre, que puso oficialmente fin a la presidencia francesa.
Sarkozy no se ha contentado con la posición de primus inter pares y se propuso desde el principio ser el motor, la imagen y la voz de esta UE que está casi en el limbo, regida todavía por el denostado Tratado de Niza y a la espera del Tratado de Lisboa, en el que se han puesto tantas esperanzas, Un texto este que debe ser ratificado por un nuevo referéndum en Irlanda, de imprevisible resultado, y por los dos otros “perezosos”, Chequia y Polonia, más seguros en su aceptación sin condiciones del tratado lisboeta.
Apenas iniciada su presidencia Sarkozy hizo realidad su anunciado proyecto de una Unión para el Mediterráneo, que ya le había costado la protesta de Alemania, a la que había querido dejar fuera de este proyecto. Su iniciativa también “madrugó” a España, líder tan teórico como ineficaz del llamado Proceso de Barcelona, que ha tenido que conformarse (¡menos mal!) con que la sede de la secretaría general de la nueva Unión se fije en esta ciudad española. A partir de ahí, Sarkozy ha sabido aprovechar las crisis de esta última parte de un 2008 que, ciertamente pasará a la historia por sus conflictos. Tras la invasión de Georgia por Rusia se lanzó a Moscú (por cierto, sin contar para nada con Mr. PESC, el español Solana) para hacer “pachas” con un Medvedev, al que también quiso madrugar, pero que le salió rana. Los rusos evacuaron sus tropas cuando les dio la gana, sin cumplir la literalidad de acuerdo firmado y han incluido en su órbita, definitivamente, según todos los indicios, a Abjazia y Osetia del Sur, las dos regiones separatistas de la pequeña Georgia, sobre las que Sarkozy ni se atrevió a alzar la voz.
Apenas concluida la georgiana guerra de los cinco días, cayó sobre todos nosotros la crisis económico-financiera, esa que todos (salvo Zapatero) veían llegar desde hace meses y que se ha precipitado sobre las economías occidentales como un tsunami que todo lo arrasa. Sarkozy vio en la crisis una ocasión de afirmar su liderazgo y se movió con rapidez logrando el apoyo de Gordon Brown pero, en buena medida, dando la espalda a Angela Merkel, mucho más reticente ante las medidas que exige esta crisis sin precedentes. A él se debe la convocatoria de ese G 20 ampliado que se reunió en Washington el 15 de noviembre, mientras Bush –“pato cojo” y en retirada- dejaba hacer, convertido en un anfitrión más bien pasivo y preocupado sobre todo por sus problemas internos. Pero no todo fue feliz para Sarko en Washington: Al parecer no pudo ocultar su frustración porque el presidente electo, Obama, no se reuniese con él. La cumbre de diciembre ha puesto fin a esta agitada presidencia, que para The Economist no ha sido “normal, al menos como otros países conciben estas cosas”.
Sarkozy ha logrado que se apruebe el acuerdo llamado de “los tres 20” sobre el cambio climático, que hace unos meses parecía imposible de alcanzar, la cuestión irlandesa parece desbloqueada con el anunciado nuevo referéndum para finales de 2009, se ha llegado a un pacto sobre la inmigración –en los antípodas de las regulaciones masivas de la primera etapa zapateril- y la nueva relación París-Londres promete una relanzamiento del “espíritu de Saint Malo”, que en 1998 puso las bases de una defensa europea efectiva. Allí se proclamó la necesidad de que la UE adopte una posición que la permita jugar un papel activo (full role) en la escena internacional. Pero Sarkozy no puede dar de lado a Alemania porque si Chirac se equivocaba al estimar que toda la UE debía girar en torno al eje franco-alemán él también se equivocaría si olvidara que Alemania es el país más importante de la UE. Merkel no le ha perdonado todavía que el mes pasado, cuando se discutía sobre la crisis económica dijese, con ella delante, que “mientras Francia ya está trabajando sobre la crisis, Alemania sigue pensando sobre ella”. Y es que en Europa es muy difícil alcanzar el liderazgo continental a codazos”.
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Catedrático de la UCM
ALEJANDRO MUÑOZ-ALONSO es senador del Partido Popular
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