El sector turístico en España alcanzó en 2025 un máximo histórico tras rozar los 96,8 millones de viajeros, según el INE, una cifra que no solo se tradujo en más de 134.700 millones de euros de gasto acumulado, sino que también confirma un crecimiento sostenido del sector en el país.
Las previsiones apuntan a que esta tendencia continuará este 2026: el Ministerio de Industria y Turismo estima que han llegado 26 millones de visitantes en el primer cuatrimestre, un 3,7 % más que el año anterior, mientras que el 77% de los españoles tiene previsto viajar en los próximos meses, según el 25º Barómetro Vacacional elaborado por Ipsos y Europ Assistance.
Además, esta demanda se concentra especialmente en los países del Mediterráneo, que atraen a tres de cada diez viajeros internacionales, según datos de la Organización Mundial del Turismo recogidos en el Plan Bleu, lo que sitúa a esta región como un eje clave del turismo global.
En este contexto, emerge un cambio de tendencia hacia modelos que generen menor impacto, como refleja que el 43 % de los viajeros estaría dispuesto a pagar más por experiencias sostenibles, según el informe Unlocking Innovation for Regenerative Tourism de la Fundación Príncipe Alberto II de Mónaco, que estima en 3 billones de dólares la oportunidad de mercado para transformar el turismo en una herramienta de restauración ambiental.
"Slow travel": viajar sin prisas para conectar con el entorno
Este cambio se refleja en un perfil de viajero que ya no solo prioriza el destino, sino también la forma de viajar, lo que ha propiciado el auge de tendencias como el 'slow travel', que invita a viajar sin prisas, a pasar más tiempo en menos lugares y a priorizar la conexión con el entorno y las comunidades locales.
Como respuesta a esta demanda, el Ministerio de Industria y Turismo, a través de Turespaña, ha incorporado este enfoque en su hoja de ruta para posicionar a España como un referente de turismo más pausado, sostenible y desestacionalizado.
Pero más allá de reducir el ritmo, este modelo busca transformar la experiencia del viaje integrando elementos como el transporte, como ocurre con los destinos marítimos como Baleares, donde viajar en ferry puede convertir el recorrido en parte de la experiencia y permite empezar a disfrutar del mar desde la cubierta.
Del ecoturismo al 'birdwatching'
El auge del turismo sostenible se refleja también en las actividades que el viajero escoge en el destino, muchas de ellas vinculadas al ecoturismo, al turismo de naturaleza o al denominado como turismo azul.
El entorno marino concentra algunas de las experiencias más demandadas, como el snorkel y el buceo, que permiten explorar espacios de alto valor ecológico, desde cuevas submarinas hasta praderas de Posidonia oceánica, clave para la biodiversidad y la captura de carbono.
En Formentera, una de estas praderas fue reconocida como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1995, y su conservación se impulsa a través del Save Posidonia Project, promovido por el Consell Insular para promocionar el turismo sostenible y recaudar fondos para proteger este ecosistema.
A estas propuestas se suma el crecimiento del turismo ornitológico, una modalidad en la que España se ha consolidado como uno de los destinos "más privilegiados" de Europa para la observación de aves, según SEO/BirdLife, gracias a su papel como corredor migratorio entre Europa y África.
En este contexto, Baleares se posiciona como un enclave destacado para el 'birdwatching', con espacios naturales que permiten observar más de 300 especies diferentes de aves a lo largo del año.
Ir un paso más allá: el turismo regenerativo
No obstante, más allá de reducir el impacto del turismo, una tendencia emergente plantea ir un paso más allá mediante el denominado turismo regenerativo, un modelo que no solo busca minimizar y paliar los efectos negativos, sino también restaurar los ecosistemas y generar un valor positivo en los destinos que se visitan.
En el Mediterráneo, esta perspectiva se manifiesta a través de iniciativas como Balearic Blue Deal, impulsada junto a la Fundación Marilles, que trabaja en la restauración de ecosistemas marinos en el archipiélago mediante proyectos como la recuperación de bahías o la creación de una red de santuarios marinos.