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TRIBUNA

Un estadista en un sillón inconstitucional

martes 19 de mayo de 2026, 20:22h

Los andaluces no han añadido nada que no supiéramos ya de antemano, tampoco han resuelto nada del problema pendiente de cómo desalojar al estadista Sánchez de la poltrona que ocupa inconstitucionalmente. Terminadas las elecciones el único matiz de sorpresa se reduce apenas al éxito parcial de Adelante Andalucía. Es una buena noticia para la democracia porque es mala para el sanchismo. Las encuestas han cumplido sus pronósticos sin novedad para dejar en evidencia que engañan o aciertan según sea el encuestador un profesional honrado o un director del CIS. Como se presumía, Sánchez está ahora en más apuros que antes. Se cumple el vaticinio de que María Jesús no da ni para pañales, así que allá ella con sus andaluces. Si se examina el estado del vecindario postelectoral se mantienen pendientes los temas que ha de decidir el destino de esta legislatura: que el panorama de Sánchez se complica cada día que pasa, que el porvenir de sus andanzas judiciales es cada vez menos halagüeño y que la legislatura está saturada, aunque no finiquitada.

Todo tan tranquilo que resulta inquietante. Porque ahora es obvio lo que ya sabíamos por anticipado: a Sánchez no le preocupan los andaluces, de haberle preocupado algo no habría enviado a María Jesús, sabiendo bien lo que iba a ocurrir por su mera presencia. No hacía falta ser pitonisa en Delfos para augurar una catástrofe que a nadie ha sorprendido. La cuestión no es que Sánchez se haya equivocado al mandar a su subalterna, pues sabía, seguro, como lo sabe cualquiera, que apostaba a caballo perdedor. Entonces ¿por qué no apostar por yegua saludable? Ante la ristra de resultados en las elecciones autonómicas anteriores a las generales de 2023, Sánchez se apresuró a impedir que prosperara la crítica desafecta del socialismo perdedor, anticipando al verano las elecciones previstas para diciembre. No ganó. Perdió, pero pudo recomponer apresuradamente un gobierno Frankenstein, de sumandos descoyuntados, incompatibles entre sí excepto en que todos los guarismos coincidieran en ser anticonstitucionales. Sin capacidad para gobernar a los españoles, aplicó los cuantiosos recursos gubernamentales para apretar el cinturón del Partido Socialista a la medida de su cintura mientras servía como fiel lacayo a los intereses extra constitucionales de sus socios de gobierno. Ahora no hay temor a que algún socialista se mueva de la foto, ni tan siquiera el tímido García Page. Menos le importan cuáles sean los resultados de los comicios. El principal objetivo y el logro que lo mantiene como gobernante, por no decir el único, superados tres años de legislatura sanchista consiste en haber secuestrado al partido, apropiado de las instituciones, alquilado una prensa adicta y ceder a la antiespaña lo que ha hecho falta para mantenerse en el poder.

El fruto de esta incesante actividad es que el porvenir de todos los componentes comprometidos por esta farsa, dependen ahora de Sánchez. Dependen de él los corruptos a la espera de un indulto o una intervención del Tribunal Constitucional que les redima de sus puteríos y del latrocinio sistemático del que se alimentan. ¿En qué puede confiar un fiscal del Estado estafador sino en quien le mandó ser su fiscal? ¿Qué puede salvar a un ministro de Interior sobre el que pesan la muerte de los guardias civiles y la multiplicación del narcotráfico sino el que le nombró ministro? También dependen de él Zapatero, sus zapatos y hasta sus hijas. De él reciben sus favores los gerifaltes de importantes instituciones como Indra, Telefónica. Incluso la deteriorada imagen del Instituto de Empresa, Acciona, y tantas otras, figuran en su lista del debe. Le necesitan las aspiraciones de los independentistas, la nueva fiscalía, los pringados por la corrupción o por la sumisión. Ninguno estará dispuesto a desengancharse del tinglado, porque a todos los que mandan les va en ello su futuro. Ni siquiera Oughourlian, en quien algunos pusimos nuestra esperanza cuando entró a comandar el grupo Prisa. Su expectativa no se encamina a adecentar la indecencia informativa, sino a reembolsar una inversión. La única expectativa de adelantar un desenlace se centra en que las humillaciones a Coalición Canarias se unan al hartazgo del doble juego de Junts, lo cual sigue tan improbable hoy como ayer.

Entonces ¿qué? Sánchez está electoralmente perdido y judicialmente acorralado. ¿Vive Sánchez en un engaño nutrido por el CIS e Iván Redondo que ahora se inventa la plurinacionalidad como recurso electoral infalible? No. No es eso lo que está en ciernes. Esos son triquiñuelas del prestidigitador que tienen por fin desviar la mirada del truco. En los dichos del arte de la guerra Sun Zu advierte de que nunca es más peligroso el tigre que cuando está acorralado o se sabe perdido. Por eso animaba a anticiparse a sus ataques pues serían tan desesperados como imprevisibles. Como todos, Sánchez acorralado y el engranaje de intereses que si no le sostiene se sabe perdido, se la juegan a un único número de la ruleta, el de asegurar permanecer tras las elecciones. Harán lo imaginable y lo no imaginable para que la bola de la ruleta caiga en el único número que les permite poder seguir en el juego. Para asegurarlo hay que trampear el juego.

Algunos columnistas independientes que se quejan de la parsimonia de Feijóo no atisban que no es la falta de temperamento o el centrismo acobardado lo que acecha a esta situación, ni tampoco se encuentra ahí la tabla a la que puede agarrarse Sánchez para no naufragar. Las elecciones andaluzas dejan en evidencia que no hay a su disposición otra tabla a su alcance que no sea el fraude electoral. Todo el esfuerzo de la oposición ha de orientarse a impedir el pucherazo. Alguno se dirá que es una conjetura improbable. La respuesta es que lo improbable es que Sánchez no intente repetir lo que le ha permitido al estadista sentarse en el sillón que se resiste a desocupar.

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