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EDITORIAL

Zapatero y Sánchez, acechados por la corrupción, y aliados en su radicalización “progresista”

EL IMPARCIAL
miércoles 20 de mayo de 2026, 08:18h
Actualizado el: 20/05/2026 11:14h

La llegada al poder de José Luis Rodríguez Zapatero fue una sorpresa; incluso para él mismo. Nadie esperaba que pudiera ganar las elecciones. Las encuestas auguraban una clara victoria de Mariano Rajoy. Pero todo cambió en la madrugada del 11 de marzo de 2004, tres días antes de las elecciones generales, cuando se produjo el 11-M, el mayor atentado terrorista de la historia de España en el que fueron asesinadas 192 personas. Aunque en un primer momento, la Policía atribuyó la autoría a ETA, la versión oficial concluyó que los autores de la matanza pertenecían a bandas criminales yihadistas. Aún hoy, sin embargo, se desconoce quién fue el verdadero cerebro gris que urdió la masacre.

Y así llegó al poder Zapatero, el hombre que fue considerado el peor presidente de la democracia. El que nada más llegar a la Moncloa comenzó a llevar al PSOE a la radicalización, a resucitar el guerracivilismo, a polarizar a los ciudadanos y a cuestionar la Constitución. El presidente que rompió con el compromiso de Felipe González con la Monarquía Parlamentaria, el líder socialista que contribuyó y protagonizó la transición democrática que llevó a España a su mejor época de estabilidad política y de prosperidad.

Pedro Sánchez llegó al poder con una moción de censura basada en combatir la corrupción del PP, que defendió desde la tribuna de oradores del Congreso el hoy encarcelado José Luis Ábalos y fue apoyada con entusiasmo por los golpistas catalanes y los proetarras. Desde que llegó a La Moncloa se ha dedicado a seguir la estela populista y “progresista” de su antecesor socialista. A ser el mejor discípulo de un Zapatero que acaba de ser imputado por el juez de la Audiencia Nacional por ser el cabecilla de una red de tráfico de influencias, lo que ocurre después de estallar la mayor oleada de casos de corrupción de un gobierno, precisamente el del actual presidente y mejor discípulo del ahora imputado, del primer expresidente del Gobierno acusado de corrupción. Y no puede ser casual

Con la presunción de inocencia por delante, Zapatero acaba de ser imputado por el juez José Luis Calama del juzgado central de instrucción número 4 de la Audiencia Nacional de ser el cabecilla de una organización criminal, tráfico de influencias y falsedad documental en la causa que investiga supuestos cobros de comisiones ilegales en el rescate de la compañía aérea Plus Ultra, por la que se habría llevado 1,9 millones de euros de forma ilícita. Está citado para comparecer el próximo día 2 de junio como presunto líder de “un estructura estable y jerarquizada de tráfico de influencias” cuya finalidad “es la obtención de beneficios económicos mediante la intermediación y el ejercicio de influencias ante instancias públicas en favor de terceros, principalmente Plus Ultra”. Según el magistrado, esta trama utilizó sociedades instrumentales, documentación simulada y canales financieros opacos “para ejercer influencias ilícitas, ocultar el origen y destino de los fondos y obtener beneficios económicos en favor de terceros y del propio entramado”.

No puede ser una coincidencia que los presuntos delitos cometidos por Zapatero tengan su origen en la compañía aérea Plus Ultra, cuyo rescate fue aprobado sin pestañear por el Consejo de Ministros presidido por Pedro Sánchez. Y así, el actual presidente y el expresidente vuelven a unir sus destinos. El primero, está acechado por la presunta corrupción de su familia, su Gobierno y su partido; el segundo, está imputado por ser, también supuestamente, el cabecilla de una red de tráfico de influencias. Uno ya está imputado. Y el otro, puede estar al caer.

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