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TRIBUNA

Ante el hambre de un pueblo no hay excusas posibles

miércoles 20 de mayo de 2026, 19:48h

Los charlatanes, nadie lo ignora, son personajes que ejercen de una manera sentenciosa y grosera la costumbre de embaucar a los demás; vale decir que son, ni más ni menos, que vulgares impostores carente de escrúpulos, bien a imagen y semejanza del pícaro Lazarillo de Tormes, que engaña a Don Quijote para ser liberado en el episodio de Los Galeotes. Pertenece a la especie de los convencidos de sí mismos cuyo objetivo es manipular a los demás. Hasta se creen dueños de la verdad y presumen de ella; sabedores, eso sí que hablan más de la cuenta y actúan como vendedores de humo. Digamos que casi siempre lo hacen para obtener ventajas personales, y en ocasiones para beneficiar a la corporación o al partido político al que pertenecen. Se consideran infalibles y viven engañándose a sí mismos. Eso quizá les da felicidad.

Estos sujetos son una abigarrada y tradicional especie que abunda en todas las sociedades del mundo y la capacidad de embaucar los supera ya que van al frente con una teatralidad de sainete y practican una fingida autoridad que no poseen. El oficio de la política, con la artimaña de sonreír de oreja a oreja, les calza de medida y lo practican prometiendo el oro y el moro, tratando de convencer bajo una legalidad ficticia legalizada por los votos y en algunas circunstancias con otros agravantes cuando ejercen el poder a través de la justicia, que suele serles afín para seguir especulando o en casos no menos frecuentes robando descaradamente como un alto funcionario del gobierno. En su mayoría son vulgares personajes que buscan justificar de cualquier forma sus tramposas acciones para acrecentar negociados con óptimas ganancias.

Algo nada nuevo bajo el sol y sobre todo en la Argentina donde desde hace décadas han encontrado el territorio ideal para cumplir sus fechorías. Esta calaña de inescrupulosos, arrasan con lo encuentra a su paso. Son tahúres y ludópatas de una forma política casi legalizada para esquilmar a manos llenas a los resignados ciudadanos.

Por supuesto que las excusas sobran si tomamos en cuenta a la muy vapuleada Argentina, país donde hay una justicia que descaradamente no solo no los encierra detrás de las rejas como correspondería, sino que en ocasiones los justifica casi todo el tiempo. Claro, “poderoso caballero es don dinero”, como decía don Francisco de Quevedo. Así, con las ganancias de esos negociados espurios, que aumentan sus alforjas y aplebeyan todo, lo único que les interesa es descubrir nuevas trampas y asociarse con delincuentes para que cierren sus cuentas dinero fácil para meter en el bolsillo.

Este es, como viene quedando en claro, uno de los principales objetivos de todas las administraciones. ¿Y qué se puede decir de la actual, que involucra al Presidente y a su hermana en el oscuro asunto de las Criptomonedas. Para ser concluyentes y sinceros digamos que el principal botín que impulsa a estos ladrones que esquilman desde el Estado, son los negocios espurios que están más al alcance de la mano. Y vaya si los aprovechan.

Para ellos nada significa que la pobre gente no llegue a fin de mes con sus sueldos miserables y que haya hambre y desnutrición infantil, o que la educación sea solo para unos pocos y que los jubilados que se vayan a dormir sin la merecida cena. Llámense cómo se llamen, estos siniestros economistas, carentes de humanidad, solo les interesa el cierre de los números fiscales para cumplir con las pautas impuestas por el Fondo Monetario Internacional, genuinos estafadores de una sociedad a la que pretenden domesticar.

Todo se cae irreversiblemente y la suma de crueldades alcanza implacablemente hasta la patética situación de la falta de dinero para comprar medicamentos. La salud y la atención en los hospitales del Estado ya no tiene presupuesto para salvar vidas y el médico que puede emigrar lo hace sin pensarlo dos veces. Si para muestra basta un botón, como dice el viejo refrán, la resultante es la crueldad inhuma de una política económica que condena a los pobres a la más espantosa miseria. No hace falta dar nombres, pues en muy pocas líneas se incluye a uno de los peores gobiernos que ha padecido la Argentina. Sin mencionar los escándalos que arrinconan a la diarquía gobernante y a sus cómplices; pues no alcanzarían las palabras de ocupan este comentario.

La resignación, sin embargo, parece haber alcanzado su límite. ¿Pero cuál es ese límite? Una mayoría que se calcula en más de un millón de personas, encabezada por los estudiantes salió a la calle para repudiarlos a ellos y a sus políticas de miseria que ya abarcan casi todos sectores.

Según el delirio de este gobierno, lo peor ya pasó y todo lo que viene de aquí en más son puras esperanzas; charlatanerías que no ni ellos mismos cree, enfrascadas mentiras que pugnan por destaparse. Las fechas aún no están dadas y pueden según ellos mismos conjeturan durar una o dos décadas y sin ellos gobernando, es obvio. ¿Será posible cumplir con esta panacea que alientan estos patéticos economistas constructores de mentiras que gobiernan el país?

Como es su costumbre, el presidente salió como siempre con los tapones de punto como se dice en términos futboleros, con insultos ofensivos e irreproducibles, dirigidos hacia periodistas a quienes considera sus mortales enemigos. Calificativos indignos, ya se sabe, de alguien quien representa un país. Los peores cargados de expresiones irreproducibles. Lo cierto, la única verdad verdadera es que ante la carencia y su mayor expresión, el hambre, no hay excusas ni explicación posible. Queda un interrogante: ¿cuál es la salida ante una situación tan extrema? Si corregir el “déficit fiscal” fuera todo, el asunto ya estaría arreglado. Lo esencial, repito, es que haya comida para todos y se distribuya con equidad y justicia.

Ante esta ciudadanía desconcertada, todo se sigue degradando y los charlatanes de feria; mejor dicho estos vulgares embaucadores, bajo el uso tramposo de descaradas expresiones, fingiendo a menudo sabiduría o conocimientos superiores de una economía disparatada, patinan retrocediendo en un torbellino de palabras cada vez más falsas y ofensivas.

Se acostumbra decir que hay espacio para retornar de todo; personalmente creo que del ridículo no hay retorno. Y me permito repetir otra vez que, entre tantas otras cosas, estamos gobernados por repudiables charlatanes. Esa especie, carente por completo de sensates, que siempre es peligrosa, además de ridícula. Por lo general incultos y convencidos que son dueño de la verdad y viven todo el tiempo tropezando con la misma piedra. En fin, ya no alcanzan argumentos para calificarlos.

Roberto Alifano

Escritor y periodista

ROBERTO ALIFANO es escritor y periodista argentino, autor de algunos libros de poemas, de relatos y ensayos.

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