Según a quién pregunte, le contarán lo que supuestamente sucedió en Pekín en la reunión de los mandatarios chino y yanqui. Los medios proTrump han destacado la templanza, el carácter, el porte del yanqui, mas no pudieron resaltar la supuesta reciedumbre o su preeminencia militar. Los demás han marcado la postura sin alardes y muy puntual del chino y todos no consiguen decirnos qué vendrá después. No, los detalles de lo sucedido. ¿Asistimos a un reparto del mundo –sin gritos y ni sombrerazos– o a un acuerdo entre superpotencias y al declive yanqui? ¿acabamos de ver cómo China se enseñorea como primera potencia? ¿a su reafirmación como potencias cómplices y capaces de imponerse al planeta entero, de común acuerdo? ¿o aquello fue un despliegue de la mesura china? Esas preguntas están por resolverse.
Muchos espacios comunes, muchas frases hechas, mucho caravaneo y la indiscreción de Trump husmeando la carpeta del anfitrión, quien no fue zalamero con el patanzazo visitante. La Cumbre ha sido de lo más plúmbea, descafeinada, desangelada, sin pena ni gloria, a menos que a puerta cerrada se hubieran repartido el mundo como una naranja, a lo Tordesillas 1494. Pero con consecuencias de más pronta manifestación y más honda caladura. Y, sin embargo, todavía intangibles. Y todo se va en suponer.
Eso sí, compartiendo la cima y eso le repatea a los yanquis, que lo han intentado todo para evitar a toda costa que sucediera y fracasaron. China va es ascenso y Estados Unidos, en declive. Punto. Xi Jinping le ha advertido a Trump que, juntos, es mejor. Y el otro ha repetido que augura grandes cosas a ambos países por esa senda. Chamusquina a que no lo dicen convencidos y se reparten el mundo con tarrascadas bajo la mesa, que resultan inevitables. ¿Cuáles son las monedas de cambio? no está tan claro. Mucha elucubración y nimias certezas. No vale un “seguramente”. Las obviedades no cuentan.
Han sacado los analistas las tesis de ¡Tucídides! Nada mal, pero un poquito forzadas. La verdad es que, ciertamente, no se trata de dinamitarse aún, con sus respectivas armas nucleares que sí ayudan a distender, porque no se amedrentan entre sí con ellas, aunque resulta paradójico. Cada cual tiene las propias y eso abona a medirse entre ellos. Empero, antes no nos la pondrían tan fácil con solo destruirse. Son marrulleros. Trump se brinca las trancas, amenaza a medio planeta –sea con aranceles o bombardeos– y los chinos ya abrieron base militar en África que, aseguran, no lo es y se apuntan a la ruta ártica para tener un pie metido allí, no obstante que entren con calzador, que no es su área de influencia, pero la buscan a como dé lugar. Más que tirar de Tucídides, yo invocaría la Guerra de los 7 años. Igual a 3 bandas, apostando uno por la debilidad del otro para afrontar al tercero y equilibrar, evitando que uno solo se coma el pastel a expensas de los otros dos. Revise usted el intríngulis que resulta ser la fascinante diplomacia alusiva entre Gran Bretaña, Francia y España alrededor de esa contienda dieciochesca.
Se lo he mencionado reiteradamente en esta su columna, por más de una década: China no está conforme siendo segundas y quiere y trabaja por ser la primera y EE.UU. no está dispuesto. El quid del asunto es saber si podrá impedirlo y cuánto tiempo más tardará en llegar el enfrentamiento abierto, militar. A qué tan ancho es el mundo, como para podérselo repartir sin rechistar ninguno de los dos. Y los temas calientes no quedó claro si verán cambios o materializarán acuerdos en su devenir. Menuda interrogante. ¡Santos misterios chinescos, Batman! diría el clásico. La visita de Putin solo confirma esta segunda Guerra Fría a tres bandas.
Por eso, el mundo mira incrédulo y con grado de preocupación lo que hayan realmente tratado. Y ambos dirigentes salieron de la reunión con cara de “como el perro que se comió el jabón”. Como Trump es mentiroso, bocón, pues, sus declaraciones no cuentan hasta no verlas manifestadas en hechos.
La nota de color, de esas que realmente no parecieran importar, pero sí, la pone una que afirmó que en un deje de soberbia y descortesía, los yanquis antes de salir de China soltaron todos los adminículos –no necesariamente eran obsequios per se– entregados por la delegación china. Adujeron que lo hicieron por seguridad sospechando ser espiados. Pues, quede ahí. Los chinos ya tendrán oportunidad de devolverles el bofetón.
Y resta aguardar al siguiente coletazo que propine cualquiera de los dos colosos.
Rinconete 1: La semana anterior aludí al diferendo China-FIFA sobre los costos de retransmisiones. Esta semana se concretó un acuerdo jugoso: China podrá retransmitir los Mundiales de 2026 y 2030 y los Femeniles de 2027 y 2031. Nadie adelanta cifras, solo han deslizado a modo de filtración, que pagaron unos 60 millones de dólares en contraprestación, que contrasta con las desbordadas apetencias iniciales de la FIFA que pretendía cobrarles por un Mundial, 300 millones. Frenadas, finalmente.
Rinconete 2: Qué bien ha sentado aquí en México el saber que el rey Felipe VI acudirá a apoyar a la selección española a Guadalajara durante el Mundial 2026. Se aprecia su gesto. Desde ya ¡bienvenido! De esas visitas que sí nos agradan, sobremanera.
Rinconete 3: Y se presentan en México este finde la crema y nata de la Unión Europea a sellar el protocolo del nuevo Acuerdo Global Modernizado México-Unión-Europea que renueva el de 2000. Fue el primero en su tipo. La mismísima Von der Leyen por delante. El interés tiene pies y falta el trecho parlamentario nación por nación. Como a las dos partes signatarias mucho interesa, promete. ¿Lo ve? ¿nos vamos a pelear y por Hernán Cortés, por zafias declaraciones muy desafortunadas recién venidas a decir aquí? ¿con intereses económicos millonarios de por medio y de ida y vuelta? ni de coña.