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Ensayo

Michel de Montaigne: Sobre la educación de los hijos, precedido por Sobre los maestros

domingo 24 de mayo de 2026, 19:55h
Michel de Montaigne: Sobre la educación de los hijos , precedido por Sobre los maestros

Traducción de Mauro Armiño. Punto de Vista. Madrid, 2026. 160 páginas. 16,90 €.

Por Antonio Lastra

Si lleváramos hasta el final la afinidad que, de acuerdo con la intuición del joven Lukács, existe entre los diálogos de Platón y los Ensayos de Montaigne, tendríamos que poner entonces entre paréntesis el supuesto escepticismo del escritor francés en la misma proporción en la que tendríamos que dejar a un lado el supuesto dogmatismo del filósofo ateniense: algo más importante que la duda o el fundamento sería el verdadero motivo de sus pensamientos y acciones, que no necesitarían para expresarse la mediación de la literatura o el arte.

En el más platónico de los pasajes del ensayo dedicado a la “educación de los hijos” (L’institution des Enfants), Montaigne habla precisamente de ravaller, el equivalente al κατέβην (“bajé”) con el que empieza la República: el educador —Montaigne le da distintos nombres a esta figura: gouverneur, conducteur, guide— “debe descender” para adaptarse a la fuerza de su pupilo o lo echará todo a perder. En el original, el verbo es pronominal (il se doibt ravaller, “debe rebajarse”) y, en esa reflexión, es el educador mismo el que se expone. El propio Montaigne, que se sitúa como discípulo respecto a Platón y habla con toda franqueza de sí mismo y de su escritura, confiesa que camina más firme y seguro hacia arriba que hacia abajo: Je marche plus ferme & plus seur, à mont qu’à val.

Que Sócrates, más allá de Platón, fuera, sin embargo, el verdadero modelo del educador para Montaigne no dejaría de ser irónico: según el testimonio de Aristóteles, los hijos de Sócrates, a quienes el filósofo había entregado a su muerte a la ciudad para que los educara, acabaron siendo “fatuos e indolentes” (ἀβελτερίαν καὶ νωθρότητα, Ret. 2.15.3). El verdadero educador (el teacher, como lo ha llamado William Altman, casi podríamos decir el “profe”) era Platón y en los paedagogismes du Platon se basa la educación de Montaigne y su crítica a los pédants, a quienes identifica correctamente con los sofistas.

Durante los cuatro últimos años de su vida, entre 1588 y 1592, Montaigne volvió a leer detenidamente todos los diálogos platónicos e incluyó casi doscientas citas nuevas en el cuerpo de texto, como se reflejaría en la edición póstuma preparada en 1595 por su fille d’alliance, Marie de Gournay, que probablemente tuvo a la vista la edición de Burdeos. (En la segunda edición de 1588 solo había quince referencias a Platón.) Es difícil saber si Montaigne, que no creía que fuera posible la amistad entre un hombre y una mujer, interpretó aquí de nuevo el papel de Sócrates ante Diótima, pero la conjetura de que la lectura de los diálogos tuviera que ver con esta relación no es descabellada y nuestra imaginación se complace en ella tanto como en la amistad con Étienne de la Boétie.

La ampliación del paratexto platónico reforzó, en cualquier caso, la coherencia de los Ensayos siguiendo “la firmeza, la lealtad y la sinceridad” de la verdadera filosofía. Cuando Montaigne escribe, en el ensayo Du Pedantisme (Armiño lo traduce por Sobre los maestros), que “cualquier otra ciencia es perjudicial para quien no posee la ciencia de la bondad”, esa science de la bonté es una imagen inequívoca de la Idea del Bien. Las Leyes, la República y, en menor medida, el Timeo son los diálogos más citados por Montaigne.

Aunque la preferencia por las Leyes sea significativa en cualquier momento de la recepción platónica, no fue en ese largo y probatorio diálogo donde Montaigne comprendió el genuino carácter de la filosofía: “No hay nada más alegre, más jovial ni más festivo y hasta diría que retozón [follastre]: solo predica fiesta y bonanza”, y añade: “Una cara triste y afligida demuestra que no es ahí donde habita”. Este pasaje de La educación de los hijos está ya en la primera edición de los Ensayos de 1580.

Los dos textos escogidos por Armiño se encuentran en el primer volumen de los Ensayos. Separados de los demás, como se presentan en esta traducción, constituyen una invitación a la lectura de los tres volúmenes hasta el final, hasta la última mención de Platón, incorporada en la tercera edición, quién sabe si gracias a su hija adoptiva, al ensayo De la experiencia: ...rien si humain en Platon que ce pourquoy ils disent qu’on l’appelle divin.

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