Los ingleses impusieron su favoritismo por físico y táctica. Gol decisivo de Mateta. Los de Íñigo Pérez no pudieron. Al maravilloso sueño de Vallecas sólo le faltó la guinda.
El Rayo Vallecano se quedó este miércoles a las puertas de la gloria futbolística pero abrazó la eternidad al quedar subcampeón de la Liga Conferencia. Nunca antes había llegado tan lejos en una competición continental (la otra aventura, en 2001, acabó en los cuartos de final) ni elevado tan alto el estado de ánimo del humilde barrio madrileño. El sueño del grupo de futbolistas empapó a la población de Vallecas y, aunque le faltó la guinda, se ha traducido en recuerdo imborrables para generaciones enteras. El Crystal Palace conquistó el trofeo (el primero europeo de su historia) pero 'La Franja' voló hasta cotas impensables en sus 102 años de existencia. Nadie creería semejante gesta hace sólo un lustro. Estos muchachos volvieron la utopía posible. Los conseguido es inmenso.
Un obrero contra un multimillonario
Íñigo Pérez no se guardó nada de inicio. Puso sobre el verde a sus mejores futbolistas, con Álvaro García recién recuperado de la indigesta lesión (el Euro-Pichichi estaba a una sola diana de igualar la cosecha de Elvir Bolic hace 25 años), con Óscar Valentín y Unai López en el eje, y con Pathé Ciss ejerciendo de zaguero central. Esa mezcla les había llevado hasta esta altura, así que no había lógica que defendiese una modificación. Con esa conjunción de fútbol valiente, seriedad táctica y electricidad ofensiva aprobaron todos los exámenes desde agosto (empezando por la fase previa ante el Neman, siguiendo en la liguilla con Shkëndija, Häcken, Lech Poznan, Slovan Bratislava, Jagiellonia y Drita, y finalizando en las eliminatorias con Samsunspor, AEK Atenas y Estrasburgo). Con esa receta, y con los ánimos del Rey Felipe VI (en llamada al director deportivo David Cobeño), afrontaron el desafío.

Pero rápido comprendieron que esta noche se medían al favorito, al coloso definitivo. A un club que quintuplica su presupuesto, que en el pasado mercado se gastó casi 150 millones de euros en fichajes, que en estos dos años ha disfrutado de estrellas como Michael Olise (hoy pilar del Bayern), Marc Guéhi (pescado por el City de Guardiola) o Eberechi Eze (la pieza que le faltaba al Arsenal campeón) y que ha jugado esta competición a pesar de haberse clasificado el pasado curso a la Liga Europa (la UEFA les 'descendió' porque sus multimillonarios dueños poseen también el Olympique Lyon). En el fútbol caben los imposibles, un gigante puede hincar la rodilla ante un enano en un partido individual, pero en esta fecha Oliver Glasner se encargó de borrar cualquier esperanza de sorpresa. El técnico austríaco, ídolo de la entidad londinense por haber conquistado en este bienio los únicos tres títulos de su palmarés (FA Cup, Community Shield y esta Conference League), es un constructor formidable de esquemas industriales. Sus escuadrones presionan con carácter abrasivo o se repliegan sin fisuras, gozan de un físico portentoso, se cierran con ayudas y un orden granítico, y no le temen al qué diran. Avanzan a base de pelotazos.
Habían desplegado ese ramillete de virtudes para tumbar en las fases precedentes a la Fiorentina y el Shakhtar Donetsk, y las usaron temprano para acobardar a un Rayo sobrado de respeto. Glasner ordenó no arriesgar jugando la pelota por abajo desde atrás, en una argucia que cercenó el arma predilecta de los madrileños: las transiciones y los robos adelantados. El Palace compitió con personalidad y según sus términos, acumulando balones largos para que Jean-Philippe Mateta generase segundas jugadas. Por esa vía se presentaron con varios centros al área y acciones de balón parado sobre el área de Augusto Batalla. Esa declaración de intenciones estaba destinada a marcar territorio y lo logró.
El Rayo planta cara
Los vallecanos tardaron en tomarle la temperatura al choque y lo primero a lo que recurrieron fue a la posesión. Valentín y López se coordinaron para bajar las pulsaciones con combinaciones horizontales que aplacaron el arreón inicial rival, aunque les costaría un mundo verticalizar como les gusta. Entre otras cosas, porque en esta oportunidad se toparon con un oponente que mejora la potencialidad de sus delanteros. Los tres zagueros ingleses (Maxence Lacroix, Jaydee Cambot y Chadi Riad) poseen una corpulencia extraordinaria que les permitió corregir a la carrera los intentos de desmarque en profundidad de Álvaro y de Jorge De Frutos. Y le ganaron el tan necesario cuerpeo a Alemao, dejando al Rayo impedido para amenazar de verdad (sólo chutaría una vez a portería en todo el evento). Asimismo, Isi Palazón no disfrutó de tiempo y margen para girarse entre líneas. El ajedrez inglés fue casi perfecto.

Quedó el escenario con los españoles manejando el juego desde el control y sin inquietar al portero Dean Henderson más que con un par de centros laterales sin remate. Aún así, en el minuto 17 ocurrió la excepción. Lograron colarse en el muro británico cuando Alemao le 'robó la cartera' en la presión a Cambot y Álvaro puso un centro despejado, in extremis, por Lacroix. Para entonces el guión estaba claro: el balón sería para los vallecanos y los 'Eagles' esperarían a cazar con chispazos como el que le sacó a Ciss una amarilla, cuando Yeremy Pino se escapa para encarar a Batalla. También sería cristalina la calidad técnica de Adam Wharton, el objeto de deseo de los aristócratas continentales (entre ellos, el Real Madrid). Este mediocentro juvenil de 22 años crea al primer toque, inoculando fluidez y agilidad a la circulación; dibujando contras frenéticas. Brilló con luz propia en esta final desde la lucidez, cuando la tensión se dispara.
El primer acto avanzaba hacia el intermedio sin puntos y aparte. 'La Franja' alcanzó a amenazar con una gran pase filtrado de Ciss hacia Isi Plazón, que se giró en la mediapunta y abrió para el centro de Pep Chavarría que Alemao conectó cerca del poste -minuto 25-; y con una asociación distinguida por derecha, con centro de De Frutos a la contra, dejada astuta de Álvaro y derechazo de Unai López que se marchó no lejos de la madera -minuto 39-. Hasta ahí llegó la producción de un equipo madrileño que no remató a portería en la primera mitad. Ganaron el intermedio con una sensación de control desprovista de colmillo y que casi sufre una fractura en el minuto 47, cuando Wharton frotó la lámpara y pintó un centro pasado quirúgico que Tyrick Mitchell cabeceó fuera desde el área pequeña. Con ese susto se encaminaron al camarín unos aspirantes en los que sus mejores jugadores habían sido Ciss y Florian Lejeune, los adalides de la faceta defensiva.
Mateta impone la razón
El sistema de Íñigo Pérez había lucido en su capacidad para limitar las virtudes ajenas, defendiéndose con la pelota, pero para alzar el trofeo necesitarían más picante. Y el Palace refrendaría esa percepción de forma precoz y letal en la reanudación. Volvieron al césped los 'Eagles' subiendo la intensidad y su agresividad, presionando a tope y empujando. Y se sumaron a la causa Daichi Kamada y Pino. El japonés dio vuelo a sus compañeros con sus conducciones y giros de juego, y el regateador canario afiló los ataques virando hacia la izquierda para centrar con veneno. Así, con toda la orquesta enchufada, los ingleses le pusieron una diana en la espalda a un Andrei Ratiu superado e hicieron caja. Avisó Mitchell con un centro peligroso repelido por el formidable Lejeune; y en el minuto 51 Mateta estableció el 1-0. La acción pilló descolocado a un Rayo que falló en su intento de presionar porque Kamada giró la jugada a tiempo. Wharton emprendió una conducción potente que no encontró obstáculo hasta llegar a la frontal, desde donde se sacó un latigazo al que Batalla no pudo más que responder con un desvío destartalado que el internacional francés, convocado para el Mundial, embocó para desnivelar el marcador.

Quedaron los vallecanos tocados con esta constatación de la dificultad del reto. Nunca antes habían enfrentado un rival de este calibre y se tambalearon en lo sucesivo. De hecho, en el minuto 56 Pino lanzó una falta frontal que golpeó en los dos palos y no se coló de milagro; acto y seguido Batalla salvó a los suyos tras neutralizar un remate a bocajarro de Mateta, producto de una asistencia del eferverscente canario; y en el 60 Pino volvió a centrar con precisión y Daniel Muñoz cabeceó fuera. El Rayo sufría una impotencia total, incapaz de demostrar su clase, su afamada verticalidad y su asfixiante nudo táctico. Glasner y el físico inglés le arrebataron el disfrute y convirtieron esta final en un ejecicio muy incómodo... hasta que Íñigo intervino. El estratega leyó las profundas dudas y metió mano, quemando los cinco cambios antes del minuto 77.
Comparecieron el central Nobel Mendy para subir a Ciss al mediocentro, el atacante Sergio Camello para acabar con dos delanteros, y los interiores 'Pacha' Espino, Pedro Díaz e Ilias Akhomach para alimentar a los puntas y ganar poso. Pues bien, atinó de pleno el extraordinario entrenador navarro. Su delegación recobró el orden, hizo pie de nuevo. El Palace no fabricaría ya más remates que el que Ismaïla Sarr envió al lateral de la red -minuto 65-. Díaz entró con jerarquía, conduciendo sin importar la cercanía de los contrincantes. Toreando con autoridad y sin miedo a perder el cuero. Y sus compañeros le siguieron, despegando todas las ataduras y precauciones previas. Al fin. Un cañonazo lejano de Alemao que detuvo Henderson abrió la espita del asedio postrero.
Se jugaba en el campo inglés y la pelota circulaba con más intención. En el 68, en la mejor combinación 'rayista', Isi leyó el desmarque de Álvaro, que se ecapó por única vez y centró una pelota mordida que De Frutos condujo al lateral de la red. Y el flujo se mantuvo constante, aunque con un veneno decreciente. En el 76 Palazón lanzó una falta centrada por encima del larguero; en el 79 perdonó Ratiu, enmarañado en regates dentro del área; en el minuto 80 Lejeune disparó fuera desde media distancia; y Díaz tomó el mando, provocando una volea alta de Camello, un testarazo desatinado de Lejeune y un cañonazo fuera de tino de su propia firma. El valeroso Rayo peleó hasta la última gota de sudor, con una gallardía y coraje emocionantes. Pudieron incluso forzar la prórroga en el estertor final del descuento, cuando Alemao bajó el cuero en la frontal pero remató sin temple. Hasta ahí llegó un sueño en el que sólo creyeron desde el principio ellos y los miles de aficionados que llevan meses haciendo un esfuerzo económico considerable para alentar esa persecución de la utopía (esta noche se desplazaron 12.000 a Leipzig). El emblema Óscar Trejo, el resto de jugadores y el cuerpo técnico se quedaron sin la gloria. Pero se han granjeado algo mejor: la eternidad en Vallecas.
Ficha técnica
1- Crystal Palace: Henderson; Mitchell, Canvot, Lecroix, Chadi Riad, Daniel Muñoz; Wharton, Kamada; Yeremy Pino (Guessand, min. 80), Ismaïla Sarr y Mateta (Strand Larsen, min. 76).
0- Rayo Vallecano: Batalla; Chavarría, Pathé Ciss, Lejeune, Ratiu; Óscar Valentín (Nobel Mendy, min. 63), Unai López (Pedro Díaz, min. 63); Isi Palazón (Ilias Akhomach, min. 77), Ávaro García ('Pacha' Espino, min. 70), De Frutos (Camello, min. 70); y Alemao.
Goles: 1-0, min. 51: Mateta.
Árbitro: Maurizio Mariani (Italia). Amonestó a Pathé Ciss, Isi Palazón, Wharton, Unai López, Álvaro García, Yeremy Pino, Chadi Riad, Nobel Mendy y a 'Pacha' Espino.
Incidencias: partido correspondiente a la final de la Liga Conferencia, disputado en el Red Bull Arena (Leipzig, Alemania).