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Diciembre 2008, Enero 2009

Beatriz Reyes Nevares
martes 23 de diciembre de 2008, 21:14h
Los de ahora dicen sentirse el personaje “grinch”, los de antes éramos Scrooge, muy “dickensianos”. Cuando las fiestas traen nostalgia, dolor, soledad, una cierta depresión justificada cada vez más, de la que debe huirse para seguir luchando con fe, fortaleza, energía, a pesar de todo.

Es complicado y difícil no ponerse de mal humor con este consumismo que avasalla; con la catarata publicitaria que ofrece compre ahora y comience a pagar con su tarjeta en marzo o en abril, hasta en 48 plazos. Los plásticos que ahogan en todo el mundo en una especie de suicidio colectivo con un alto grado de morosidad y sin aparentemente importar la cuesta de enero.

Que importa si al fin y al cabo hay un montepío, aunque a lo mejor ya no haya que pignorar, sino lo que se compró en diciembre.

Alcóhol y más alcóhol, Santa Claus, Papá Noël, San Nicolás. Las posadas tradicionales mexicanas con el Belén o nacimiento, los villancicos, la fruta en la piñata multicolor con siete picos que representa los pecados capitales, están desapareciendo.

La Virgen María, San José y el Niño Dios ¿Dónde quedaron?

Desde septiembre atosigan con adornos que no nos corresponden; hay que adornar hasta el servicio, el váter, los trapos para secar la loza todos rojos o verdes con hombres de nieve, renos, cuando aquí no se conoce más que en el Norte de la República Mexicana la nieve aquí en el Distrito Federal no existe más que en las pistas que igual que en la Plaza Mayor ya hay una en un barrio que no tiene agua para beber y que en enero tendrá menos, dados los millones de litros que se desperdician.

La cena de noche buena o la comida navideña es con arándanos o con gravy (salsa española).

Los platillos mexicanos son de tan alto costo que a los pobres que adquirir más que un pollo rostizado y de los juguetes ni hablar. Ahora con la invasión china se saturan los mercadillos con juguetes corrientes, horrendos e incluso peligrosos porque contienen plomo. Juguetes de grandes transnacionales que invaden igual España que México a los que los pobres padres tienen que acceder para que los críos no hagan pataletas.

En enero la tradicional rosca de reyes ahora de fabricación industrial insípida y a los que se sacan el Niño Dios, ya vienen por fortuna algo mexicano los tamales.

En seguida el día del amor y la amistad, faltaba más con sus corazoncitos sus espantosos peluches llenos de ácaros de colorido verdaderamente cursi.

A pesar de todo Felices Fiestas.

Beatriz Reyes Nevares

Periodista y analista política

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