Nadie con un mínimo de sentido común puede entender cómo y porqué Óscar Puente fue nombrado ministro. Sólo Pedro Sánchez. Porque se trata de un bronquista de manual, de un bocazas, de un fanático, que, además carece del menor conocimiento del Transporte. Pero hay un motivo: su defensa desaforada del “One”, el recién señalado por el juez Santiago Pedraz como presunto cerebro de la puesta en marcha de las cloacas del PSOE, lo que ha llevado al ministro a atacar sin matices al Poder Judicial, a la separación de poderes y a la propia democracia. Y, ahora, Sánchez anuncia que va a comparecer en el Congreso para hablar de la corrupción que acecha a su Gobierno. Ya sabemos lo que dirá. Más o menos, lo mismo que acaba de declarar Óscar Puente.
El responsable de Transportes, aterrado también por quedarse sin la mamandurria del poder, acaba de denunciar un golpe judicial. Denuncia que existen "mañas" y "métodos no democráticos" que se están utilizando para derribar al Gobierno. Y con la chulería que le caracteriza, ha asegurado que el PSOE no va a "consentir" ni "tolerar" estas prácticas, ni se van a "doblegar" ante los intentos de "perturbar la democracia" con métodos que van contra ella.
Este es el mensaje de Óscar Puente en un desesperado intento de salvar el barco socialista que se hunde. Las palabras de un dirigente que desconoce que, por mucho que amenace, la Justicia independiente va a seguir adelante con las instrucciones. Que, por muy ministro que sea, carece del poder para “no tolerar” o “no consentir” que la Justicia impute a sus amigos de andanzas totalitarias, a sus colegas que han saqueado el dinero de todos los españoles para sus juergas o que su jefe haya creado una suerte de mafia para amedrentar y extorsionar a jueces, fiscales y agentes de la Guardia Civil o la Policía que han descubierto la basura que acumula el Gobierno.
En ningún Gobierno democrático tendría cabida un político como Óscar Puente. También es verdad, que en cualquier Gobierno democrático, Pedro Sánchez habría dimitido hace mucho por su minoría parlamentaria y por no haber siquiera presentado los Presupuestos durante 3 años incumpliendo la Constitución. Pero esta es la realidad de la España actual. Que activistas desaforados, inútiles y sin experiencia ostenten un poder que les viene grande. Tan grande que no son capaces, como él, de admitir que es uno de los máximos responsables del accidente de Adamuz por su apatía, por abandonar el mantenimiento de la red ferroviaria, lo que ha provocado, además, las muchas incidencias y constantes retrasos de los trenes desde que llegó al Ministerio. Pero el presidente le aguantará hasta el final, porque dice exactamente lo que él piensa. Que todo es culpa de la politización de la Justicia, de la ultraderecha y de los fantasmas fascistas. Pero lo quiera o no, tendrá que “tolerarlo”, “doblegarse” y “consentirlo”. Y, llegado el día, tendrá que tolerar y consentir, aunque sea blasfemando, que sus compinches sean condenados por protagonizar las ilegalidades y corrupciones que han cometido.