Empezó mejor el equipo africano, que se adelantó con una asistencia brillante de Brahim Díaz y el tanto de Saibari. Vinicius rescató a Ancelotti y rubricó un golazo.
El Mundial 2026 se vistió de gala este domingo para acoger el primer partido con mayúsculas del torneo. El teatro fue el MetLife Stadium de Nueva Jersey, recinto que acogerá la final dentro de un mes, y Brasil y Marruecos brindaron a los millones de telespectadores un espectáculo acorde con las expectativas. Jugaron con un ritmo muy exigente y una intensidad abrumadora, requisitos ambos indispensables en la élite más absoluta de este deporte. Y como el fútbol evoluciona, los entresijos del choque vieron a los africanos poner sobre la mesa el 'joga bonito' y a la 'Canarinha' imponer el físico. El mundo al revés según la tradición y, a la vez, la lógica más rabiosa del presente. El fruto de esta transposición fue una sonrisa marroquí, un aprobado raspado para los brasileños y un empate sabroso.
A Carlo Ancelotti le ha costado mucho llegar a este punto. Asumió el desafío de reflotar al transatlántico 'Verdeamarelo' en mayo de 2025, cuando el seleccionado más prestigioso del planeta había tocado fondo (cuartos de final en la última Copa América). La experiencia ganadora del técnico italiano convenció a la Federación, pero los resultados no llegaron. Consiguieron superar la peor fase de clasificación que se recuerda, en la que pasaron por el cargo hasta tres seleccionadores diferentes, mas las sensaciones nunca levantaron el vuelo. La tozuda realidad es que falta calidad en todas las líneas. No hay un goleador voraz, no hay laterales de jerarquía y el centro del campo no dispone de un timón creativo. Con esos mimbres a 'Carletto' no le quedó otra que plantear un sistema musculoso para esta fecha, para el examen de calidad al proyecto. Protección por encima del colorido tradicional.
Marruecos acompleja a Brasil
Llegó el momento de la verdad, en el que la nación brasileña entera suponía que sus muchachos al fin competirían con la concentración y el rigor que demanda la camiseta... pero a los pocos minutos se demostró todo lo contrario. Los 'Leones del Atlas' implantaron en la media hora inicial su frescura juvenil, su insolencia repleta de clase, su alegría estilística. De la factura del éxtasis saboreado en el Mundial de Catar (con aquellas históricas semifinales) quedan sólo cuatro jugadores de campo. Nada más. Ni el estilo. Después de la inesperada salida del mítico seleccionador Walid Regragui asumió el cargo Mohamed Ouahbi, que venía de proclamarse campeón del mundo con el equipo marroquí sub-20, y los cambios no se han hecho esperar. La apuesta ha virado hacia la agilidad combinativa, la posesión, el intercambio de posiciones y el dominio afilado (Sofyan Amrabat, pilar colosal en 2022, ahora es suplente). Y en esta madrugada casi enviaron a la lona a Brasil con esos argumentos. Los magrebíes se adueñaron del cuero y pautaron un tempo volcánico a través de una concatenación de pases eterna, tejida gracias a la superpoblación de centrocampistas de buen pie diseñada por el estratega mencionado. Jugaron sin un delantero centro para controlar la iniciativa y desestabilizar con la movilidad de sus piezas. De la defensa en adelante sólo alinearon artistas. Y el plan les salió a la perfección, desnudando que Casemiro ya no dispone de la chispa de antaño y que Bruno Guimaraes no da la talla. Neil El Aynaoui y, sobre todo, Ayyoub Bouaddi se comieron a sus rivales en el eje y generaron un fluir apoteósico del que se aprovechó, en el comienzo, Bilal El Khannouss. El mediapunta del Stuttgart hizo trizas a Rober Ibañez, lateral diestro improvisado por Ancelotti para la ocasión al que los africanos le colocaron una diana en la espalda. Por ese perfil prendieron la mecha, con una escapada de Noussair Mazraoui rematada por El Aynaoui y rechazada a tiempo por Guimaraes -minuto seis-.

En el otro costado colaboraban Achraf Hakimi y Brahim Díaz, la amenaza real. Y el lateral del PSG no tardó en subrayar su primacía con un derechazo demasiado cruzado -minuto siete-. La energía de los 'Leones del Atlas' estaba rebasando a una 'Seleçao' que atravesó momentos de verdadera impotencia. La presión oponente les llevó a amontonar pérdidas resbaladizas en la salida del juego, ahondando en la ausencia de claridad en la creación, y a asumir una planteamiento contragolpeador. Pero la resistencia no les duraría demasiado, pues en el minuto 21 Brahim Díaz frotó su lámpara mágica para premiar la superioridad de su escuadrón. Recibió el esférico en la medular y, rodeado de tres rivales, dibujó un pase al espacio sublime que Ismael Saibari aprovechó para batir a Alisson Becker con una vaselina de seda. El estilista merengue asestó un golpe estruendoso con un relámpago fino. Le tocó entonces a la 'Canarinha', que ha encajado 11 tantos en sus últimos ocho encuentros disputados, despertar a marchas forzadas. Y lo que hicieron fue arroparse en torno a la pelota.
Recurrir a pases horizontales es una forma reseñable para bajarle los decibelios a un partido. Había quedado claro que ese ritmo desbocado no le beneficiaba a un Brasil repleto de veteranos, así que poco a poco discutieron la posesión hasta domar el tempo. Eso sí, les costaría un mundo generar peligro en estático porque es en la transición donde se maquillan las carencias creativas y preponderan las individualidades. Precisamente siguiendo esa ruta contragolpeadora encontraron sus primeros acercamientos al arco defendido por Yassine Bounou, en forma de un chut lejano de Raphinha neutralizado por Issa Diop y del primer desborde de Vinicius. El regateador se fue de Hakimi en la primera ocasión en la que sus colegas le localizaron en mano a mano y puso un centro quirúrgico que Igor Thiago perdonó con una pifia catastrófica en el remate. 'Carletto' le dio el puesto de '9' a este delantero tanque por su rendimiento en el Brentford (segundo pichichi de la Premier League, únicamente por detrás de Erling Haaland) pero en este evento naufragaría.
Vinicius, capitán general
Así las cosas, el minutaje se aproximó a la media hora envuelto en cierta anestesia por parte de una 'Verdeamarela' que creció por medio de su pujanza física. Subieron las líneas y la activación tras pérdida asomó, sembrando recuperaciones elevadas como la propiciada por una emboscada sobre el gris Azzedine Ounahi que derivó en el pase de Casemiro hacia Raphinha que éste tradujo en un balón filtrado y despejado in extremis por Achraf cuando 'Vini' se relamía. Pero a esta 'Seleçao' no le aguantan las alegrías mucho tiempo y el bloque magrebí, mucho más suelto y compacto, a punto estuvo de asestar otro aguijonazo. En el 27 Mazraoui inició otra contra que Hakimi finalizó, a toda velocidad, con un disparo angulado -minuto 27-; en el minuto 29 El Aynaoui cabeceó solo un córner lanzado por el lateral del PSG y de inmediato Brahim Díaz chutó mordido tras una pérdida en la frontal de su área de Lucas Paquetá. Volvía Marruecos a manejar el cuero a su antojo y a avivar el miedo y la inseguridad de los brasileños. La orquesta regresó a tocar coqueteando con la excelencia y el oleaje encimaba de nuevo a los favoritos. Pero las individualidades estelares, que las sigue tiendo aunque sean pocas, aparecieron para lanzar un salvavidas. Fue Vinicius el que acudió al rescate. No sólo eso, se echó su ofensiva a la espalda y en el minuto 32 anotó un golazo para sellar el 1-1 e inyectar calma a sus compañeros. La jugada se desarrolló en la segunda vez que pudo encarar a su par sin ayudas. Trazó una diagonal meteórica que dejó atrás a su marcador y emitió un trallazo que se coló por el segundo palo como una exhalación. Para reivindicar que la calidad más absoluta sigue perteneciéndole a una pentacampeona del mundo que no pudo contar en esta cita con un Neymar aclamado y lesionado.
Acabó mejor el primer tiempo Brasil y exigió en este tramo a Bounou. En el minuto 41 el portero hubo de salir con urgencia para anticiparse a Raphinha después de un pase largo al primer toque de Casemiro; en el 47 el exguardameta del Sevilla voló para despejar un remate de tijera de Paquetá; y en el 48 el extremo 'culé' botó un córner cerrado que peinó con peligro Marquinhos aunque no hubo rematador posterior. De repente los brasileños paladeaban unas sensaciones más amables y Ancelotti, que se las sabe todas, no esperó para tocar las teclas. En el intermedio metió a Fabinho para bregar con más pujanza y a Danilo para disponer de un lateral derecho natural; y en el minuto 62 incluyó al eléctrico Luiz Henrique y al ágil Matheus Cunha. Le cambió la cara a su ataque y atinó, pues en la reanudación ejecutarían un gobierno más poderoso e intimidante.

Restó rigidez a las piezas y el esquema lo agradeció. De hecho, los marroquíes, que habían rematado 12 veces hasta entonces, sólo chutarían en dos ocasiones en toda la segunda mitad. La 'Canarinha' subió la presión y pasaron a jugar en campo rival de forma sostenida. Un centro espinoso de Vinicius despejado por Chadi Riad y una volea dura de Igor Thiago que se sacó de encima Bounou como pudo -minuto 53- avisaron de la tendencia... pero la realidad recobró su vigencia. En estático no discurre el juego brasileño y, además, en esta primera jornada se toparon con un combinado que sabe seducir a la pelota y también cerrarse con disciplina. Así pues, la favorita no pudo producir más que un par de centros laterales malintencionados y generarle un par de sustos a Bounou antes del desenlace. En el minuto 78 Vinicius se volvió a escapar para regalar a Raphinha un remate nítido en el área pero éste falló la finalización y en el 83 una cesión terrible de Diop forzó al arquero a salir desbocado para despejar ante un atacante azulgrana que perseguía el error ajeno con el colmillo afilado. Su última opción llegó en el descuento, en un córner rechazado que Danilo Santos concluyó con un intento centrado -minuto 93-.
El seleccionador Ouahbi había leído la condición física decreciente de sus pupilos y fue introduciendo variantes. La inagotable hornada de talento marroquí le secunda incluso para restar relevancia a bajas tan trascendentales como las de Ez Abde y Nayef Aguerd, confirmadas a última hora. No introdujo peones defensivos, todo lo contrario. Metió más talento y más juventud, y el recambio más destacado fue Samir El Mourabet (20 años, Estrasburgo). Entre este distinguido centrocampista, El Aynaoui y un Bouaddi sobresaliente (que con 18 años evidenció su jerarquía ante la selección más laureada de la historia) tomaron el control del guion en el cuarto de hora postrero. Con una autoridad impresionante. Fue la guinda a una actuación magrebí que les deja satisfechos ya que pueden extraer de este empate que, efectivamente, están en condiciones de tutear a cualquiera. Es más, en la traca final rozaron el triunfo. Lo evitó un Alisson providencial, que se estiró para repeler un disparo ajustado de El Aynaoui y detuvo el rechace, a quemarropa, que conectó Ayoube Amaimouni -minuto 98-. Para esquivar un incendio precoz en la casa del renqueante mayor gigante de este deporte. Así comenzaron el primer Mundial en el que están dirigidos por un seleccionador no nativo del país.
Ficha técnica
1- Brasil: Alisson; Douglas Santos, Gabriel Magalhaes, Marquinhos, Roger Ibañez (Danilo, min. 46); Casemiro (Fabinho, min. 46), Bruno Guimaraes (Danilo Santos, min. 80); Paquetá (Luiz Henrique, min. 62), Vinicius, Raphinha; e Ígor Thiago (Cunha, min. 62).
1- Marruecos: Bounou; Mazraoui (Salah-Eddine, min. 80), Chadi Riad, Issa Diop, Achraf Hakimi; El Aynaoui, Ayyoub Bouaddi; Ounahi (El Mourabet, min. 64), Neil El Khannouss (Amaimouni, min. 80), Brahim Díaz (Talbi, min. 64); y Saibari (Rahimi, min. 89).
Goles: 0-1, min. 21: Saibari; 1-1, min. 32: Vinicius.
Árbitro: Slavko Vincic (Eslovenia). Amonestó a Casemiro y a Roger Ibañez.
Incidencias: partido correspondiente a la 1ª jornada del Grupo C de la Fase de Grupos del Mundial 2026, disputado en el MetLife Stadium (Nueva Jersey, Estados Unidos).