Me reta, mi amigo Adolfo, a escribir, una vez más, sobre Zapatero, al que elegimos dos veces. Y me recalca, con guasa, este latiguillo que he repetido en mis escritos sobre él.
Sabe de mi morboso interés por este personaje singular que, como aquel añorado Mr Bean, pasa, por la vida, sembrando, inocentemente, el caos alrededor de él. Y ahora veo que, como lo hacíais con Mr. Bean, juzgáis, injustamente, a Zapatero, solo por los resultados y no por la intención de sus acciones.
Son gajes del oficio, pues el grandioso y mal agradecido propósito de su vida es ser el faro “progresista” de Occidente.
Rompió las amarras que nos ligaban al imperio americano, con aquella famosa sentada ante el paso de su bandera.
Buscando la legitimidad de la II República. soltó, con la memoria histórica, los puntos de la herida de la Guerra Civil, todavía sin cicatrizar,
Desplazó la política, de la razón al sentimiento, aunque eso abriera la jaula al sectarismo.
Llevó, al extremo, el democrático poder del pueblo, eligiendo, para gobernar, a gentes del pueblo, sin preparación y casi por sorteo. Negoció la “paz” con el terrorismo, cuando ya estaba derrotado, poniéndolo en situacion de conseguir, con el juego político, lo que no había conseguido con sus crímenes.
En busca de un difuso estado plurinacional, reactivó los separatismos, prometiéndoles aceptar los Estatutos que decidiesen en sus parlamentos. Como buen “progresista”, cree que la riqueza es un bien silvestre, que no necesita siembra ni cultivo y que solo hay que ocuparse, de ella, para su reparto justiciero. Consideraba que todo “derecho” debe ser atendido, no importa su respaldo económico.
Surfeó, plácidamente, sobre la boyante economía, heredada de Aznar. Y cuando nos arrolló la crisis de 2008, la ignoró, agravándola. Hasta que EE.UU. y Europa le obligaron a tomar medidas vergonzosas.
Amigos. Por poner una raya, clara, de un “hasta aquí llegaron las aguas”, os diré, que el “progresista” Zapatero, se cargó las Cajas de Ahorro. Todo esto y mucho más, que me “dejo en el tintero”, no impidió que sus, bien formados alumnos “progresistas”, echasen en cara, a Rajoy, al cuarto de hora de tomar el poder, los famosos “recortes”. Como si se recriminase a los bomberos por mojar el edificio, en llamas, que intentan apagar.
Y dejó, a sus sucesores, tras su escapada “a contar nubes”, una situacion bochornosa, con las alfombras repletas de vergüenzas y con los “hombres de negro”, europeos, en los Pirineos, camino de Madrid.
Su vocación le reclamó y fue a Iberoamérica a integrarse en el “progresista” Grupo Puebla que, guiado por el faro de Cuba, pretende conducir a Occidente, con la coña de lo “políticamente correcto”, a ese mundo, donde ya no existe la envidia… porque no dejan nada que envidiar.
Amigos. Ahora se ve asediado; pero Zapatero es un espíritu puro que tiene el dinero por castigo. Es un dinero, no buscado, que se adhiere a los políticos “progresistas”. Aunque él no ponga precio a sus favores, los otros piensan que tienen que pagarlos. ¿Y cómo puede un político “progresista” afrentar a otro, devolviéndole las “mordidas” que recibe? ¡Al fin buscan un bien superior!
Y como sus favores y consejos han sido tantos y de tanta importancia, se va encontrando con un gran patrimonio, que no sabe manejar. Pero él sigue siendo un espíritu sin sombra. Por lo menos, no la tenía, hasta ahora, en que su amigo “Julito” parece que le hace de tal e intenta, fervorosamente, poner orden en sus asuntos terrenales. Y sus hijas. Menos mal, la familia.