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TRIBUNA

El juez Peinado se despeina

martes 23 de junio de 2026, 19:44h

Me hallo entre los que no definen la prioridad nacional por la inmigración sino por la presencia de Sánchez en la poltrona. Cada minuto que pase hace más prioritaria la conveniencia de prescindir por los servicios que le quedan por prestar. De aquí que me ocupe de lo que puede anidar bajo la cabellera del juez Peinado al decidirse a retirar el pasaporte a la noble Begoña Gómez. Aparte la prestancia jurídica, que no voy a prejuzgar, ha conseguido reunir a las huestes sanchistas en torno al síndrome de la confabulación. No hay conjura más necia que la que se ocupa en derribar a un ídolo caído. Es difícil creer que la esposa del Jefe de un Gobierno que se amarra como Ulises al mástil para resistir al embrujo de las sirenas judiciales vaya a abandonar el barco mientras el gobierno se empeña en naufragar con su jefe amarrado. Para saber lo que es Begoña no se necesita retirarle el pasaporte, basta con recordar que es la hija de Sabiniano, el de los áticos y los bajos de un caserón que le había arrendado la MUFACE en la calle San Bernardos a un precio tan bajo como la bajeza del negocio de saunas que la chica regentaba.

Con la retirada del pasaporte la leyenda de la conjura ha tomado aire. El País certifica que Sánchez ha encontrado el argumento para aguantar lo que haga falta. El diario gubernamental insiste en comparar la investigación de un negocio del novio de Ayuso realizado antes del noviazgo con el latrocinio socialista, algo así como igualar un fideo chino a un oleoducto ruso. Cualquier alusión al novio por estrafalaria que sea es útil para que el gobierno no desfallezca antes de abordar la batalla decisiva. Hace siglos Jonathan Swift advirtió que, cuando el genio asoma la cabeza, tiene lugar la conjura de los necios. No contaba Swift que Pedro y Begoña fueran genios y el juez Peinado un necio que concluyera su instrucción para organizar la luecha contra la conjura.

Los que se escandalizan por la retirada del pasaporte, no se detienen ante lo principal: el auto sitúa a Begoña ante un jurado. Es la despedida de una instrucción que, como la de la juez Biedma, fue blanco de una cacería. Los cazadores no han cobrado su presa. Todo valió contra el juez como todo valió contra la jueza. La diferencia ahora es que la jueza tiene una carrera por delante en la que pensar y el juez la tiene por detrás, pues se jubila tras sus vacaciones de verano. Así que la propuesta de retirar el pasaporte, destinada al fracaso, no alterará su jornada veraniega. Es una tarjeta de despido.

La pregunta podrá ser inoportuna, pero hay muchos indicios para pensar que es la más pertinente: ¿Cómo el juez osa decir que los escoltas de Begoña pueden ser cómplices de su improbable fuga? El aspaviento de sorpresa es tan artificioso que no atenúa la atrevida resolución. Si alguien, pudo pensar que el juez podría haberse pasado de frenada, vienen los airados para apuntalar que la sospecha de fuga está calculada. Para apreciarlo, basta recordar a qué han servido las escoltas.

El ya célebre apotegma, “¿de quién depende la fiscalía? Pues eso”, es la fuente de inspiración. El juez revitaliza esta ya célebre sentencia del aspirante a monarca de la plurinacionalidad. Si a cualquier que sabe de conspiraciones se le pregunta ahora “¿de quién dependen los escoltas de Begoña?”, por neófito que sea responderá como si fuera de cajón, “Marlaska. Pues eso”.

El juez Calama pudo tener en cuenta que a Zapatero le pilló la UDEF in fraganti, esperando en su casa, para viajar con tres personas más a la República Dominicana en bussines de Air Europa. Como los billetes son nominales, comprobar el nombre de los viajeros no tiene dificultad. La aerolínea puede negarse a facilitar los nombres para cumplir con la obligación de proteger la intimidad al público general o a la prensa, pero no podría hacer valer el argumento ante un requerimiento judicial.

El cálculo hace pensar que Peinado rehúye a sabiendas la matizada sutileza del juez Calama para no ceder a la petición de retirar el pasaporte a un expresidente del gobierno cogido con las manos en la masa. Ha aplicado a Begoña una regla que no llamaría la atención si se tratara, como se trata, de una ciudadana cuya única anormalidad, dejando aparte la presunción de inocencia, es haber regentado redes prostibularias antes de desposarse con un Jefe de Gobierno para pasar a administrar una cátedra universitaria. ¿Se le ha ido de las manos la resolución al juez? Si se mide cuanto cabalga el juez mientras le ladran, seguro que ha dado en la diana. La jauría atruena. ¿Buscaba desatar la rabia o más bien ha buscado centrar la atención sobre cómo se pervierten las funciones de los escoltas cuando se les obliga a obedecer la voz de su amo? Pues bien, tratar de una cosa lleva necesariamente a tratar de la otra.

Eso es lo que se debate estos días. De eso va a tener que hablar el CGPJ, eso es lo que tiene pendiente de explicar la señora Peramato. A eso tiene aún que responder la directora de la guardia civil. En eso consiste la persecución de la UCO por truhanes profesionales. El presunto delincuente pasa a ser el oficial de la ley protegido por escoltas, y el oficial de la ley pasa a ser tratado como presunto delincuente sin protección oficial. Todo muestra una alteración de la función de los escoltas. Nada de estos usos fraudulentos lo ha inventado el juez Peinado. No injuria a los escoltas, describe cómo los usa el ministerio del Interior. Es un dato, no un relato, que ha dejado sellado para que se hable del asunto, no antes, sino después. La cuestión pendiente es: ¿quién nombra los escoltas? Marlaska ¿no? Pues eso. Lo pone de relieve el auto de despedida del juez. Por eso duele y gritan tanto.

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