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AL PASO

El caso Starmer: una mirada al Reino Unido

Juan José Solozábal
martes 30 de junio de 2026, 23:07h

Hace tiempo que no sale en este Cuaderno el Reino Unido, pero la Inglaterra post-Starmer bien merece una mirada.Lo que llama la atención es la situación de perplejidad de la nación que no sabe reaccionar ante un panorama político de crisis permanente :seis primeros ministros hasta ahora. Diez años después del Brexit los problemas que con este se pensaba solucionar —la sensación de pérdida de control, la dependencia exterior y la inmigración— no sólo no se han resuelto, sino que en muchos aspectos han empeorado. La promesa de que el Reino Unido recuperaría el control de su destino ha acabado revelándose como una cruel ironía.

La economía nacional permanece estancada, con un crecimiento del PIB inferior al de economías comparables, mientras la deuda pública continúa aumentando. Los partidarios del Brexit prometieron una reducción de la inmigración; sin embargo, durante el gobierno de Boris Johnson esta alcanzó cifras récord. El resultado es que los británicos se encuentran hoy más divididos, menos influyentes en el mundo y, en términos generales, más pobres de lo que probablemente habrían sido si hubiera triunfado la permanencia en la Unión Europea.

Parece difícil que pueda repetirse un referéndum sobre una cuestión semejante. Sus efectos divisivos y el riesgo de un nuevo esfuerzo estéril aconsejan no volver a plantear una decisión de ese calibre. No se trata ya, dice The Economist, de debatir el reingreso en la Unión Europea, sino de encontrar un camino propio que permita, al mismo tiempo, desarrollar unas relaciones estrechas y pragmáticas con ella.

Sin embargo, el fracaso del Brexit no es solo el de una determinada decisión política; es también el reflejo de una crisis más profunda de liderazgo y de calidad de la representación, que afecta a los principales partidos británicos.

La cuestión decisiva, en efecto, es otra: si el Reino Unido dispone de una élite política capaz de afrontar con lucidez y sentido de Estado la situación actual. En cuanto al Partido Laborista, alguien ha comparado el momento presente con el de hace medio siglo, cuando Harold Wilson dimitió como primer ministro en 1976 y entre los aspirantes a sucederle figuraban Michael Foot, Roy Jenkins, Tony Benn, Denis Healey, Anthony Crosland y James Callaghan, quien finalmente ocupó el cargo. La comparación resulta inevitable. Si se observa hoy a los posibles sucesores de Keir Starmer, no faltan quienes concluyen, quizá con excesiva severidad, que forman una auténtica sarta de mediocridades(Geoffrey Wheatcroft, The New York Review of Books, June 26).

Probablemente el juicio sea exagerado. Lo cierto, sin embargo, es que, aunque el país sigue estando lleno de personas inteligentes, bien preparadas, emprendedoras y jóvenes, muchas de ellas no consideran la política una vocación atractiva. Y ahí reside, quizá, el verdadero problema del Reino Unido.

Los observadores constatan como no puede ser de otro modo el fracaso de Starmer que ha perdido su liderazgo tras solo dos años de llegar al Gobierno a pesar de conseguir una mayoría absoluta parlamentaria, engañoso fruto de un sistema electoral muy deformante. No ha cometido grandes errores: no ha sacado al país de la Organización europea, ni ha sometido a referéndum la unión británica , ni ha roto con los Estados Unidos, ni ha incurrido en graves faltas en relación con la posición frente a Rusia o respecto a Gaza; pero Starmer ha caído en contradicciones y su política de nombramientos ha sido nefasta: especialmente en los caso del embajador británico en los Estados Unidos(Peter Mandelson) o la responsable de economía(Rachel Reeves). Su falta de determinación, su carencia de una verdadera línea de dirección del país, le ha costado perder las recientes elecciones locales y suscitar la intranquilidad de quienes desde sus circunscripciones creen que su irresolución puede dejarles sin escaño en las próximas elecciones generales.

Lo más significativo, sin embargo, es que tampoco existe confianza en la alternativa. Nadie parece convencido de que Andy Burnham, exalcalde de Manchester, pueda resolver la crisis. Se le considera, sin poner en duda su excelente gestión municipal, un dirigente excesivamente voluble, y suscita dudas la firmeza de sus convicciones en materias como la descentralización, la regeneración de las regiones o incluso la reforma del sistema electoral mediante la introducción de la representación proporcional (sobre estos asuntos, Tom Fleming, Constitution Union Blog) . Menos aún parece capaz de imponer un programa de esa envergadura.

Con todo queda un ejemplo digno de ser destacado: la actitud que ha adoptado el propio Starmer, retirándose ordenadamente al escuchar las voces que le advierten de las consecuencias inevitables de haber perdido el liderazgo, incluso dentro de su propio gabinete. Se trata del comportamiento de un dirigente que antepone el interés del partido y la estabilidad del país a su permanencia en el poder, evitando que la crisis gubernamental termine por erosionar el propio sistema constitucional. !Qué caso!

Juan José Solozábal

Catedrático

Juan José Solozabal es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Madrid.

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