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TRIBUNA

Saber marcharse

Juan José Vijuesca
miércoles 01 de julio de 2026, 19:16h

Hay que saber marcharse. Irse a tiempo es un arte aplicado a cualquier disciplina de la vida. No es lo mismo irse que huir. El que se va elige destino sin hacer ruido, de manera honorable, elegante. El que huye salta la valla de la cobardía, de la desvergüenza, de saberse obsceno frente a los demás.

Irse es un lujo porque puedes elegir. Huir es otra cosa. Es salir por la puerta de atrás. Hacerlo dentro de un maletero o viajar con los cristales tintados por cobardía o por tener miedo a la verdad. Hay quienes se quedan y recurren a la brujería para echar mal de ojo a todos los que no te aplican la presunción de tu endiosamiento. Quedarse en contra de la voluntad mayoritaria es, por así decirlo, hacerlo porque el dios de la megalomanía te ha dicho que debes seguir, que eres el elegido. El nuevo emperador del mundo, que tiene el poder terrenal. Y el cretino de turno se lo cree y promete seguir hasta el más allá.

La elegancia es marcharse después de casi 14 años como primer ministro. El líder holandés, Mark Rutte, se subió a su bicicleta y se fue. Después de entregar el poder a su sucesor, no hubo ningún coche de lujo esperándole. Sin alardes. Con austeridad. No intocable. Rutte simplemente dijo adiós y, dando pedales, se alejó de los edificios del gobierno en La Haya como un ciudadano normal. De la misma manera que millones de holandeses acostumbran a hacer todos los días. En silencio. Sobre dos ruedas. No hay más. Supo marcharse con la naturalidad de un ser humano sin mayores oropeles.

Sin embargo, hay quienes quieren quedarse porque están abducidos por su propio ego y no se atreven a marcharse porque han creado a su alrededor una falsa vanagloria que obnubila la realidad del personaje. Y llega un momento en que el propio actor desprende una hediondez que es difícil de controlar. Hasta para saber irse hay que aprender, pero claro: “Perdón por pedirte peras, pero nunca lo supe y tampoco ninguno de los cientos de asesores me dijo que eras un olmo”. Todos ellos, émulos del poder, criados a los pechos del favor y alimentados y crecidos por la soberbia del desconocimiento y la codicia, aplauden y jalean. Junto a la embriaguez de poder, el nepotismo, fórmula permisiva en gastar para hacer parentelas, se magnifica con el tráfico de influencias y la compra de favores, tan habitual en los diferentes gobiernos de la casta política actual. A partir de ahí, viene el reparto del botín.

Tal y como nos dijo Erich Fromm: “Los individuos que ambicionan el poder siempre poseen mayores o menores dosis de temor, miedo y ansiedad a ser descubiertos en sus debilidades o a ser ridiculizados o humillados por los demás”. De manera que este miedo irresoluble procede de la angustia del complejo de inferioridad que los lleva finalmente a adoptar posiciones autoritarias, dogmáticas, de control de la conducta de los demás y, en definitiva, de ambición por el poder. Eso les amarra al sillón curul y con ello se niegan a marcharse. También por cobardía los hay que huyen dejando atrás los daños irreversibles. Claro ejemplo de los dictadores capaces de convertir democracias en feudalismos.

A partir de ahí, lo cotidiano se convierte en un fenómeno que se expresa mediante la aceptación o prescripción de normas basadas en el mando-obediencia. Algo imperativo cuando un dirigente interpela la política del caudillaje. El poder psicológico puede ser definido como la capacidad que tiene un individuo o un grupo para influir, condicionar e incluso determinar la conducta de otros individuos o grupos. Así pues, bienvenidos a una democracia vestida de lagarterana basada en la necesidad de embridar el poder omnímodo de Pedro Sánchez y sus privados. Todos ellos instalados en una jerarquía que rinde veneración a la santa madre del erario público.

En la vida hay que saber irse y no por dignidad —palabra en desuso, por cierto—, sino porque hay vida más allá de la linde que siempre se acaba. Da igual hacerlo en bicicleta que en triciclo. Váyase. Hágase usted un Mark Rutte. Merece la pena.

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