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Ensayo

Teresa Jiménez Calvente: Del caos al cosmos. Los mitos clásicos...

domingo 05 de julio de 2026, 23:55h
Actualizado el: 07/06/2026 00:18h
Teresa Jiménez Calvente: Del caos al cosmos. Los mitos clásicos...

Madrid. Archiletras libros, 2026. 205 páginas. 20 €. Libro electrónico: 9, 99 €.

Por Demetrio Castro

No es un tópico ni una invención el peso decisivo de la clásica grecolatina en la configuración de la cultura europea, del substrato que bajo sus variantes permite atribuirle unidad. Elementos cruciales de la concepción del mundo y el hombre que le son propios tienen sus raíces en la especulación metafísica surgida hace unos dos mil quinientos años, y se expresa en algunas de las más vigorosas de esas variantes culturales europeas con lenguas derivadas o impregnadas del griego y, sobre todo, el latín. El pensamiento que se enunció en griego y latín clásicos no fue exclusivamente racional, sino también surtido de una dimensión simbólica y figurada rica y compleja, no menos importante, codificada en las mitologías. En la cultura europea posterior al mundo antiguo los mitos nunca han dejado de estar vivos en forma a veces enrevesada o nebulosa.

La cristiandad altomedieval entendió las figuras y ficciones mitológicas, por su conexión con la religión pagana, especialmente las hierofanías o hierogamias, como superstición y ardides diabólicos. Su florecimiento con el Humanismo auspició un inagotable repertorio de imágenes, figuras y motivos poéticos, de forma que gran parte de la literatura renacentista y barroca es incomprensible desconociendo el registro mitológico. La Ilustración (Chompré, Banier, Court de Gébelin) quiso ver en los mitos clásicos –“la fábula”- referencias poetizadas de acontecimientos pretéritos reales, cuya realidad cabría probar; casi, pues, fuentes históricas.

El positivismo junto al desarrollo de la Etnografía y la Antropología multiplicaron los enfoques teóricos sobre las construcciones mitológicas, pero ni la Filosofía (con referencias tan sobresalientes como el Cassirer de Filosofía de las formas simbólicas) ni las Ciencias Sociales han elaborado interpretaciones concluyentes sobre la estructura del mito y su funcionalidad, aun siendo ingente el corpus teórico generado. Que el mito clásico no es un fósil para la especulación erudita, sino una pieza, con frecuencia inadvertida, del saber común es una de las enseñanzas del valioso libro de Teresa Jiménez Calvente, Del caos al cosmos.

Jiménez Calvente es personalidad sobresaliente de la Filología Latina y los estudios clásicos en España, con amplio reconocimiento académico internacional. Autora de numerosas y fundamentales aportaciones sobre la literatura latina del Humanismo español, sobre Nebrija o Alfonso de Cartagena (su aún reciente edición y traducción del Duodenarium de este último resulta literalmente modélica). Del caos al cosmos es, sin embargo, un libro de carácter particular, pensado a la par desde la perspectiva del mitólogo y del lingüista, en este caso tanto de la lengua muerta que es el Latín de su especialidad como del habla corriente del español (y cabría añadir otras lenguas neolatinas), surtidas de vocablos, locuciones, metáforas o imágenes, no pocas de ellas de uso habitual, y no solo en el registro culto, directamente llegadas del repertorio mitológico.

La perspectiva filológica no es insólita en la mitografía; baste recordar a F. Max Müller y su controvertida teoría del mito como ideas abstractas transmutadas en seres imaginarios con como efecto de una degeneración del lenguaje, de modo que lo que originariamente eran nombres, sustantivos, -nomina-, pasaban a ser numina, deidades. Que la Lingüística puede iluminar el conocimiento del mito sin entrar en terrenos tan inciertos, y además de forma amena, lo demuestra Jiménez Calvente valiéndose de las etimologías.

En efecto, hay en su libro dos perspectivas complementarias en el tratamiento de tema. Una discurre en el registro específico del mitólogo; en este plano el desbroce de la vorágine de figuras, vicisitudes, metamorfosis o tramas insólitas que configuran la narrativa mitológica griega y romana está sistematizada en una exposición que recorre los estratos, permanentemente reelaborados, que la constituyeron.

Un esquema teogónico hábilmente trazado sirve como (nunca tan apropiadamente dicho) hilo de Ariadna para moverse por el intrincado dédalo de dioses preolímpicos y olímpicos, diosas, semidioses, héroes y demás entidades del relato mitológico. La otra perspectiva se centra en los teónimos y las voces que nombran a los personajes del elenco y lo que la etimología puede indicar sobre su naturaleza, origen u ocupación. Cómo el étimo les relaciona con actividades o circunstancias nombradas en el léxico del romance español en familias léxicas a veces muy ricas. Por citar un ejemplo, de los muchos que presenta, el nombre de la gorgona Medusa se relaciona con el verbo griego médo, cuya acepción es “cuidar”, como el latino mederi del que deriva “médico”, y no se agotan ahí las concomitancias.

No faltan las referencias a la adopción en el tecnolecto científico, de la Química o la Astronomía, por ejemplo, de nombres extraídos del acervo mitológico, ni al predominio de sus temas en los motivos de la pintura o la escultura del barroco, asunto apoyado por una selección de ilustraciones que enriquecen una edición tipográficamente espléndida. Da la impresión de que su autora disfrutó escribiendo este libro; que sus lectores lo disfrutarán es una certeza.

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