www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

Cuerpos cultivados

Juan José Vijuesca
miércoles 08 de julio de 2026, 19:19h

La clave está en la masa —como decía cierta publicidad— y, claro, hay quienes se envuelven en papel albal desde enero a junio con tal de lucir físico veraniego en la playa. Hay mucho de moda en todo ello, pero maldita la gracia, pues resulta paradójico cruzarte con esos cincelados cuerpos mientras uno calza la anatomía traída del Pelargón y la leche en polvo de los años 40 y 50. Hay personas de diseño y otras de misterio. Las esculpidas por Miguel Ángel Buonarroti están resueltas; no obstante, los que nos embriagamos con danones con bífidos, leche de avena y otras facilidades para conservar el tracto ágil, calzamos anatomías más divergentes.

A pesar de todo, uno renueva el traje de baño para ofrecer apariencias vanguardistas, no para hacérselo creer a nadie; es por no dañar el ecosistema. Conviene vestir a base de telas ecológicas que no solo minimizan el impacto climático, sino que estilizan parte de la masa madre que uno atesora con los años. Otra cosa es saber cómo se comportan estas prendas confeccionadas a base de cáñamo una vez sumergidas en el mar. Sabes cómo entras, pero no cómo sales. Dicen que la mayoría de los tejidos sostenibles son biodegradables; algo parecido a una materia viva que se autodestruye sin dejar rastro.

Hay que reconocer que existe gente que se dedica a estar guapa. No solamente para la ocasión, sino también porque tienen un perfil distinto al de Instagram. Es la cruda realidad. Las redes sociales tienen mucha culpa y no digamos las ventas por internet, que te ofrecen tutoriales para cincelar el cuerpo en 15 días sin necesidad de salir de casa. Y eso te golpea en el morro. Luego está la publicidad. Uno se pregunta para cuándo el prohibir los anuncios donde un tipo esculpido de pies a cabeza se tira al mar desde un acantilado, se zambulle en el agua como un pingüino emperador y aparece en superficie nadando hacia una embarcación donde le espera una esbelta chica, para mi gusto, algo lánguida y no muy ofrecida, más bien como baja de tensión. Entonces él se acomoda junto a ella a sotavento y le entrega un frasco de perfume de la marca: “Oh la femme de l’eau”, de París. Ya medirán ustedes si para cualquier mortal de capital no portuaria lo visto no es para hacérselo mirar. Estas cosas influyen. Ya lo creo que influyen.

Algo de envidia, puede, pero es que la envidia es un mal endémico universal, pero que en España adquiere aires de verdadera epidemia. Está visto que no hay dos cuerpos iguales. Vestidos, desnudos o a media asta. Luego están los rascapuertas de siempre. Esos inarmónicos con exceso de músculos, luciendo el tatuaje de su índice de masa corporal. Otros deambulan con esos bañadores de pata larga que igual sirven para meterse en el agua, ir a comprar la prensa, sentarse a comer en una terraza o para dormir la siesta. A juego, una camiseta de tirantes bajo la que asoma la pelambrera étnica, sin que falte alguna serigrafía postinera en inglés: ¡No to the earth`s atmosphere! “No a la atmósfera terrestre”. Las gentes ordinarias suelen ser de una pieza, razón por la que no digieren con facilidad que haya quien presente varios aspectos diferentes a lo largo del día y en todos ellos se perciba un hálito de hermosura. Para cada ocasión, un saber estar.

Hay una edad —bendita sea— en la que el hombre aspira a convertirse en héroe. Luego, cuando no lo logra de forma habitual, se le debilitan las fuerzas y se le desvanecen los ánimos; en ese momento es cuando llegan las mermas y la épica de los retos da paso a los juegos de mesa y mantel. Según una opinión generalizada, el español no necesita tanto lanzarse desde un acantilado, como lo hizo ese hombre del perfume, como el ir de ojeo playero y avistar de inmediato el chiringuito de playa más próximo con los humeantes espetos de sardinas y la cerveza heladora. No hay que subestimar tampoco la figura sublime del veraneante, que, con los pies en el agua y las manos en la espalda, absorto, pasa horas mirando la línea del horizonte más allá de su justicia poética. En resumen, no mata a nadie, pero te hace reflexionar.

En fin, los cuerpos son cuerpos. Ni mejores ni peores. Según cuentan, cierto guiri británico se casó en primeras nupcias con una muñeca hinchable, réplica de Scarlett Johansson. Ahora son la envidia de Benidorm. Por eso digo.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+
0 comentarios