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TRIBUNA

¿Memorándum de Paz o un disfraz?

miércoles 15 de julio de 2026, 19:06h

Desde que salió a la luz el contenido del “Memorándum de Paz” entre los Estados Unidos e Irán y luego el texto definitivo, firmado “electrónicamente” por ambas partes, el 19 de junio, todos los medios están llenos de comentarios muy dispares sobre la importancia real de este papel y a qué parte favorecen más sus 14 lacónicos puntos acordados.

Tengo que destacar que la inmensa mayoría de los analistas, comentaristas, expertos en temas internacionales aseguran que este documento no es otra cosa que una cesión de los Estados Unidos ante un Irán, que ha sabido resistir frente a una feroz agresión norteamericana, obligando al presidente Trump aceptar las condiciones de su enemigo para salir pacíficamente de un enfrentamiento bélico que dura ya varias meses.

Algunos analistas han llegado a unas conclusiones tan absurdas como que Irán ha salido “victorioso” de esta guerra con los Estados Unidos y que el régimen iraní resulta ahora más fuerte que antes de la contienda. Y esto después de que el potencial bélico iraní en dos semanas fue reducido a un 20% del que había tenido antes de que el ejército norteamericano empezara los bombardeos de los objetivos militares iraníes y, con anterioridad, había reducido a cenizas las instalaciones del programa militar nuclear iraní, cuyo objetivo fue fabricar una decena de las bombas atómicas; fue aniquilada físicamente la cúpula religiosa iraní que estaba gobernando el país durante 47 años; y una brillante operación norteamericana de contra bloqueo del Estrecho de Ormuz que ha dejado a Irán sin la posibilidad de exportar su propio crudo, perdiendo 500 millones de dólares al día que dejaba la economía del país en la misma ruina que su potencial bélico y nuclear.

No voy a polemizar con los que no quieren ver la realidad y reconocer los hechos que contradicen rotundamente sus falsas afirmaciones. Pero hay una pregunta que hacen estos y otros analistas: ¿Por qué, si Irán ha salido perdiendo (como afirmo yo y los que son de la misma opinión), los Estados Unidos han aceptado pactar con los actuales cabecillas del régimen un alto el fuego y firmar un Memorándum que abre camino a negociar un Acuerdo de Paz con una tiranía que representa una fuerte amenaza no sólo para el Oriente Medio sino para el resto el mundo?

Pues, voy a contestar a esa pregunta, analizando, desde mi punto de vista, qué “realmente” representa el Memorándum en cuestión y por qué y para qué los Estados Unidos lo firmaron con los herederos de los Ayatolás.

Hay que destacar que para el momento de la firma del Memorándum la guerra entre los Estados Unidos e Irán ha llegado a una fase, cuando el presidente Trump para terminarla sólo tenía tres alternativas.

La primera consistía en seguir bombardeando Irán con una intensidad parecida a las primeras semanas del enfrentamiento armado, destruyendo ya no sólo objetivos meramente militares, sino también las infraestructuras civiles, que dejarían al régimen iraní en una ruina total y que le obligaría a rendirse o ser derrumbado por un levantamiento popular contra los sátrapas que llevaron al país a la Edad de Piedra. Las consecuencias de la destrucción de las infraestructuras vitales condenarían al pueblo iraní a varios decenios de una vida de escaseces y sufrimientos hasta que pudieran reconstruir su Patria y llegar de nuevo al Siglo XXI.

Trump consideró esta opción de acabar la guerra cómo muy dañina para el pueblo iraní, que ya está sufriendo desde la llegada de los Ayatolás al poder, durante los últimos 47 años, unas tropelías, vejaciones, persecuciones, torturas, asesinatos en masa y otras humillaciones propias de un régimen totalitario y teocrático. Por tanto, esta vía de actuación contra enloquecida cúpula gobernante iraní fue rechazada por el presidente norteamericano, famoso por su defensa de los valores cristianos y humanitarios.

La segunda alternativa era realizar una operación terrestre, bajo la cobertura de los bombardeos aéreos, para derrocar directamente la actual cúpula castrense y civil iraní. La operación hubiera producido unas bajas entre las tropas norteamericanas, que habrían levantado unas arduas críticas de parte del Partido Demócrata y, en general, no habría estado bien visto por la gran parte de la población norteamericana, que desde la última Guerra de Irak no había visto la llegada a los Estados Unidos de las largas filas de los ataúdes envueltos en la bandera norteamericana. Pues, habría que buscar un modo menos dañino para el propio ejército norteamericano en el intento de acabar con el régimen y con la guerra.

Y fue, precisamente, la tercera alternativa, elegida por el presidente Trump: contestar al bloqueo por parte de Irán del Estrecho de Ormuz con un contrabloqueo del estrecho desde fuera, sin dejar al régimen iraní la posibilidad de sacar su propio petróleo para la exportación y quedarse sin recursos que le proporcionaba la venta del crudo al exterior, conduciendo al país a un colapso económico y obligando a los gobernantes actuales a rendirse o ser derrumbados por el levantamiento popular, con la llegada al poder de una oposición al régimen.

Esta variante, desde que había empezado el bloqueo del estrecho por la parte iraní, estaba dando un buen resultado. Los líderes iraníes, por primera vez desde que había producido el primer ataque estadounidense, empezaron hablar sobre una posible “negociación” con los agresores norteamericanos de un alto el fuego. Y cada día del contrabloqueo establecido por los EE.UU, que iba restando unos 500 millones de dólares a las arcas del país, hacia a los cabecillas del régimen más condescendiente, hasta aceptar – no hubo otro remedio – a negociar el Memorándum del que estamos hablando y, finalmente firmarlo, admitiendo una condición previa imprescindible impuesta por los negociadores norteamericanos: el inmediato desbloqueo del Estrecho de Ormuz por parte iraní.

Esta condición fue la clave de la jugada de Trump. El resto, las cláusulas del Memorándum es una cortina de humo que oculta el verdadero objetivo del presidente norteamericano: el desbloqueo del Estrecho de Ormuz para que el petróleo pudiera fluir como antes de su cierre por parte de Irán, causando una rápida bajada del precio del crudo, que, una vez bloqueado el estrecho, provocó una fuerte subida de los precios de los hidrocarburos y, especialmente, de la gasolina para los coches de los usuarios en todo el mundo, incluido los Estados Unidos.

Este encarecimiento del combustible del uso doméstico ha provocado un descontento entre la población estadounidense que empezaba a criticar la política de Trump en la guerra con Irán, bajándose sustancialmente el rating de la popularidad del presidente. Y todo esto cara a las próximas (3 de noviembre) elecciones parciales al Congreso y el Senado de los Estados Unidos. Por tanto, urgía hacer todo lo posible para bajar el precio del petróleo. Y la apertura del Estrecho de Ormuz era la única vía posible a corto plazo.

Por eso Trump ha decidido obligar a los cabecillas de régimen iraní a empezar las negociaciones del alto el fuego, exigiendo el desbloqueo inmediato del estrecho a cambio del desbloqueo estadounidense de la salida del crudo iraní hacia los mercados mundiales.

Hay que decir – y es muy importante de señalarlo – que la pausa también favorecía al mortalmente herido régimen iraní que con ella esperaba recuperar los ingresos por la venta de su crudo, evitar el colapso económico total y conservar su poder que ya estaba tambaleando por las enormes pérdidas y destrucciones que ha sufrido el país como resultado de la guerra y por un creciente descontento popular con la política de los gobernantes del régimen.

Así que, la única arma de que disponía Irán, después de su rotunda derrota militar, la de poder chantajear a los Estados Unidos y al mundo entero con el cierre del Estrecho de Ormuz a través del cual circula la quinta parte de todo el petróleo que se consume a nivel mundial, también ha quedado desarticulada, gracias a una hábil jugada del presidente norteamericano, quien ordenó bloquear la salida del “oro negro” iraní del Estrecho de Ormuz.

Ahora analicemos el propio Memorándum y veremos que no es ningún acuerdo de paz real, sino un protocolo de intenciones, en el cual las ambas partes “prometen”, durante algún tiempo, negociar un verdadero “Acuerdo de Paz” que llevaría a la pacificación en la zona, tan conflictiva desde la creación del Estado de Israel, desde hace 78 años.

El escueto documento de 14 puntos no obliga ni a los Estados Unidos ni a Irán llegar a un Acuerdo en un tiempo determinado. De momento, sólo se estipula un plazo de 60 días para tal fin, prorrogables a otros tantos, sin ningún límite en el tiempo. Lo que significa que a los signatarios del “protocolo” les interesa más el proceso que el objetivo. En otras palabras, pretenden fingir que están negociando mientras el verdadero objetivo es ir ganando tiempo, ya que ni una de las partes cree que se podría llegar a un acuerdo real.

Los norteamericanos saben perfectamente que el actual régimen iraní jamás va a renunciar a su programa de fabricar un armamento nuclear para destruir a Israel y chantajear al “Gran Satanás” (los Estados Unidos), que es la quintaesencia de toda la doctrina de los Ayatolás iranís y de su régimen que dura ya más de 47 años. Renunciar a la bomba nuclear significaría renunciar al poder de parte de los fundamentalistas iraníes, quienes no piensan ni por un segundo hacerlo y lucharán hasta el final (sea este que sea) antes de rendirse.

Por tanto, los estrategas estadounidenses comprenden que la única forma de desbancar al actual régimen iraní es derrocarlo militarmente. Pero para eso se necesita una operación militar “terrestre” contra los comandos de los “Guardianes de la Revolución Iraní” y de los que les apoyan.

Pero, como ya he comentado, esta operación antes de las elecciones parciales estadounidenses sería contraproducente para Trump y para el Partido Republicano, por lo cual los negociadores norteamericanos van a intentar ganar tiempo hasta las fechas electorales y llevar a cabo la citada operación terrestre después de las elecciones, o sea, a partir del 3 de noviembre.

A los negociadores iraníes, como he señalado antes, también les interesa esa demora en el tiempo, ya que piensan que mientras se finge que se está negociando un acuerdo de paz y persiste el alto el fuego, Irán podría recuperar parte del dinero para mantener a flote la situación económica en el país, intentar reparar algunos daños producidos por la guerra y prepararse para la nueva fase de la misma.

Esperan que el Partido Republicano pierda la mayoría en el Congreso y que Trump no tendría tanta libertad en su política agresiva contra Irán. Y, con suerte, si los “demócratas” obtengan la mayoría en el Congreso, no se llegaría a la última fase militar (la operación terrestre) y se concluiría un Acuerdo parecido al que Irán ya tenía firmado con los “demócratas” en tiempos del presidente Biden. Un acuerdo para no cumplirlo y seguir desarrollando clandestinamente el programa nuclear militar.

Por ello, todos los puntos del Memorándum en los que Irán se compromete a renunciar a su programa nuclear militar es una farsa absoluta, pero permite a Trump a demostrar a la opinión pública y a su electorado que él había obligado a los seguidores de Ayatolás a ceder en su principal objetivo, el de obtener la bomba nuclear. Y que la anterior operación (fase) militar ha tenido un éxito deseado.

En el Memorándum hay unas cláusulas, como la creación de un fondo de 300 mil millones de dólares para la reconstrucción de Irán después de la firma de un Acuerdo de Paz “definitivo”, lo que permite a los gobernantes iraníes demostrar a su pueblo y a sus seguidores que el régimen no se rindió, resistió una brutal agresión y está obligando al Gran Satanás a aceptar las condiciones que les impone el gobierno iraní. Una pura propaganda para el consumo interior, pero, desafortunadamente, repetida para los numerosos medios occidentales que se dedican a la propaganda anti Trump.

Y para concluir. ¿Qué realmente tenemos con el Memorándum que ha conseguido Trump con los cabecillas del régimen iraní?

Precios del crudo van bajando y los mercados se tranquilizan, subiendo las bolsas europeas y, con más empuje, las de los Estados Unidos. Justo lo que necesita Trump para calmar su electorado descontento con las subidas del precio del combustible.

La flota estadounidense controla por completo el Estrecho de Ormuz y al cualquier intento de los iraníes de obstaculizar el tráfico marítimo por el estrecho, los Estados Unidos contestan con el bloqueo de la salida del petróleo iraní, que afecta gravemente al estado económico del régimen y le obliga a dejar de nuevo a circular libremente por el estrecho.

Cualquier intento de parte de Irán a reconstruir sus estructuras militares está vigilado por el aire, mar y tierra por las Fuerzas Armadas estadounidenses, dispuestas en cualquier momento a bombardear los objetivos miliares en reconstrucción.

Con toda la seguridad este “tira y afloja” (acusaciones recíprocas del incumplimiento del Memorándum, bloqueo – contrabloqueo del Estrecho de Ormuz, intercambio de bombardeos) va a seguir todo el tiempo que Trump considere oportuno para sus planes electorales: mantener la apariencia de negociaciones bajo el manto del Memorándum hasta las mismas elecciones o intervenir antes militarmente para acabar con el actual régimen en Irán, si la situación allí se desestabilice por las luchas internas por el poder entre las élites gobernantes (Guardianes de la Revolución, el ejército, el poder civil) que permitiría la intervención militar terrestre con menos bajas posibles, apoyando el levantamiento popular o un Golpe de Estado por una de las actuales fracciones de la cúpula gobernante que decidiera colaborar “verdaderamente” con los Estados Unidos para llegar a un Acuerdo de Paz, que garantizaría la eliminación del programa nuclear militar iraní y convertiría a Irán en un país pacífico sin amenazas a sus vecinos y, principalmente, a Israel.

Mientras Irán permanezca atado por todos lados, Israel, en coordinación con los Estados Unidos, está “amputando” uno de los tentáculos (cabezas) más peligrosos que la Hidra del régimen iraní tenía en el Oriente Medio, su proxi “Hezbolá”, que está actuando contra Israel desde el territorio del Líbano, el país al que controla militar y políticamente. El ejército de Israel está combatiendo con las milicias de Hezbolá mientras el gobierno israelí está negociando directamente, por primera vez en la historia del conflicto entre ambos países, cómo conjúntame desarmar y expulsar a Hezbolá del territorio del Líbano y normalizar las relaciones entre ambos países.

La pausa establecida y el debilitamiento radical del Irán de los Ayatolás, también estarán aprovechados por los Estados Unidos para reorientar a los países árabes hacía el estableciendo de las relaciones más amistosas con Israel a través de la fórmula utilizada por Trump de los “Acuerdos de Abraham”, que dio un magnífico resultado durante la primera presidencia de Donald Trump.

Como se puede ver – el que lo quisiera ver – el Memorándum que ha conseguido el presidente norteamericano con los cabecillas del régimen iraní es un magnífico disfraz tras el cual se esconde una maestra jugada de Trump para ganar tiempo y conseguir sus objetivos de acabar con el peligroso régimen en el país persa actual y establecer en el Oriente Medio un nuevo orden, basado en la amistad y la cooperación de todos los estados árabes con su vecino judío, contra el cual ellos estaban luchando desde la creación del Estado de Israel.

Qué más se puede pedir a un líder mundial, cuya política, desde que pisó la Casa Blanca, consiste en pacificar los diversos conflictos en varias regiones del mundo, utilizando tanto los medios políticos y diplomáticos, como el poderío militar de una potencia más poderosa e influyente del planeta.

Espero que mi pronóstico sea acertado. La primera prueba será el día 18 de agosto, 60 días después de la firma del Memorándum, un plazo estipulado en el propio documento, cuando ambas partes deberían haber llegado a la elaboración del Acuerdo de Paz definitivo. Vamos a ver si fuera así o se seguirá el guion que yo he aventurado en este artículo.

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