Dos conceptos que deberían ser ejes de nuestra actuación diaria, pero que, por desgracia, pasamos de ellos porque nos molestan, y de qué manera. Eso sí, presumimos de ellos pues hablábamos de solidaridad y de compromiso incluso con cierta ligereza. El ejemplo más claro lo tenemos en la clase política, capaz de utilizarlos sin ningún problema, porque tal vez en la mayoría de las ocasiones son objeto de la más burda propaganda de cara a un compromiso electoral o a una desgracia social puntual.
Lo que más me llama la atención es cuando alguien más o menos famoso hace gala de su solidaridad y de su compromiso en cualquiera de las facetas de la vida, y muchos se sorprenden, como si fuera una actitud falsa o sólo para llamar la atención.
Por eso quiero destacar la personalidad de Luís de la Fuente, seleccionador español de fútbol, que ha dado un claro ejemplo de esa solidaridad con una formación joven, que necesitaba un gran empuje, y de ese compromiso por saber que lo que vale en la vida es trabajar en equipo, dejando atrás el individualismo tan propio de nosotros los españoles. Pero además, Luís de la Fuente nos ha vuelto a dar una lección al decir que es católico, que reza todos los días y que por supuesto no se avergüenza de ello. Unas palabras, una confesión pública, hecha en estos tiempos cuando se lleva todo lo contrario y lo “políticamente correcto” es no manifestar las creencias propias.
Deberíamos aprender todos de estas manifestaciones de Luís de la Fuente, que para mí ya ha ganado el Mundial, porque es un ejemplo de que el triunfo se puede alcanzar por el camino del respeto al otro, del reconocimiento de su dignidad, por más que pueda ser un rival.
Una lección, como digo para todos, pero sobre todo para nuestros políticos en unos momentos nacionales e internacionales claramente difíciles y complicados. Pero, parece que para ellos, el compromiso y la solidaridad no existen y se pueden aplaudir durante siete minutos las palabras que un Papa les dirige en sede parlamentaria, para olvidarlas nada más levantarse de su escaño y tentarse los bolsillos.
Gracias, por tanto, Luís de la Fuente, y enhorabuena porque ya has ganado.