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DESDE ULTRAMAR

Terminó el Mundial 2026: ¿Y si sí?

Marcos Marín Amezcua
jueves 23 de julio de 2026, 18:37h
La preguntilla jocosa, elocuente, divertida y propositiva la enarboló la afición mexicana aupando a su Seleccionado. Soñando con el triunfo que luego sí materializó España, un cierre mundialista con broche de oro. ¡Muchas Felicidades, España! A la escuadra argentina pese al amargo "pues va a ser que no", parafraseando la frasecilla de mediados de la primera década del presente siglo, no impide felicitarla como subcampeona.
Terminó el Mundial de los 48, de las tres sedes, del pato Merlín y del emulado ¡Ro! vikingo; de los racismos, las esperanzas encumbradas y las derrumbadas, del var y de los estadios con entradas estratosféricas, del último álbum editado por Panini (dicen) y de nuevas ilusiones y debutantes estrella, frente a los figurones estirados como chicle por el negocio, quedando tanto a deber. Un verano del año 26 festivo y emocionante. Se agradece y reconoce. Y las apuestas a tope...
Finalizó la Copa del Mundo de 2026, polémica de principio a fin, reuniendo en su ceremonia de clausura a los tres jefes de Estado de América del Norte, que por meses señalé que sería imposible reunir. No estuvieron en sus respectivas inauguraciones y visto cómo está el patio, fue acertado reunirse. Menudo palco de honor. Milei no fue como Alfonsín tampoco en el 86. Sus excentricidades, ya sabe. Ahora, ya le dije que la foto juntos no implicaría una cordial relación entre los tres países. Nada más lejos de ser. Como muestra, un botón. Al día siguiente de este acto, Trump impuso aranceles del 50 % a productos canadienses y con amenazas de incrementarlos. ¿Cómo? y eso que tuvo frente a sí al premier canadiense un día antes y se presume que no le adelantó nada. Ya le digo, una foto juntos no implicaba armonía ni mucho menos. La Sheinbaum, bien y ya.
El Mundial del zasca que se llevó la FIFA de ver dos naciones hispanohablantes en la final exhibiendo su derecho a avalar nuestro idioma. Exhibida la FIFA, lo cual sumaba a otras deleznables conductas como la injerencia trumpista, cachear a los seleccionados de varios países con solo llegar a EE.UU. o sostener el bombardeo a Irán, mientras EE.UU. sin empacho colocaba la palabra "Love" en el entretiempo de la final, sin poca ni más vergüenza. Obligando a los iraníes a jugar en las peores condiciones, asilándolos México para que pudieran pernoctar, agradeciendo junto con sus seguidores la mejor tradición de asilo practicada por México.
Mi reconocimiento a los voluntarios, a la gente que disfrutó el Mundial. A propios y extraños, a los visitantes, a las emociones compartidas. Eso es lo que nos queda, como los 15 mil millones de dólares en favor de la FIFA, 34 % más que en Qatar. ¡Recórcholis! una forma de plantear el fútbol que deja muchas dudas y advierte incertidumbre no del tipo proterva, críptica, sino bien identificada en sus motivaciones: el negocio vil prevalecerá. Una lección de la que pueden aprender las sedes de 2030, así que no adelantemos que España salvó al fútbol. Falta ver con la mirada puesta en el 30, cómo afrontarán las 6 sedes, aquello. Pueden aprovechar la oportunidad de no contar con una sede hegemónica, gestionarlo con generosidad y pulcritud y si Infantino dura y persiste en la idea de 64 escuadras, ergo se pueda replantear cómo reasignar urbes, incrementándolas, y dar más partidos a Sudamérica. Es un reto y luce complicado luego de la forma tan atropellada en que terminó el Mundial del 26.
Ni soy futbolero ni ultracrepidario –menuda palabra, anótela– limitándome a disfrutar el certamen. ¿Qué decir del partido final? tela marinera. Esperaba más calidad y categoría. Un solo gol final advierte que no fue un partido fácil. Frente a alardes y chapuzas, hubo estrategia con elegancia y contundencia para alcanzar el triunfo. Los porteros fueron las estrellas. Fue deplorable degradarse y llegar a las manos al final. No hay Messi que lo justifique, arguyendo defenderlo ante supuestas palabras hirientes. Las dos partes fallaron. Ya había ocurrido el silbatazo final. Era un ¡basta! Un ¡sanseacabó y punto! que no atendieron ni entendieron todos. ¡Cordura! señores.
Reprobable el desaire del equipo argentino colocándose de espaldas a una España celebrante. Vergonzoso e indefendible. Lo coloca como mal perdedor y por excesos ante el partido con Inglaterra, como un mal ganador. Y a los ojos del mundo. No me convence el soso argumento de que estaba agradeciendo a su afición. Hay momentos para todo y lo saben perfectamente bien. Recuerdo la cara de perdonavidas de Messi y su equipo cuando quedaron subcampeones en Brasil. ¿Modus operandi? Fatal. Hay que saber perder. La educación démosla por obligada y faltó. Mas, esos desplantes no enturbian ni demeritan el triunfo español en la cancha.
¿Será verdad que FIFA ha usado a Messi para acrecentar el negocio en EE.UU. (sin lograrlo del todo) y planeaba usarlo de estandarte en China e India para ampliar el negocio futbolero, siendo el móvil de un triunfo en 2026 a toda costa? De ser así, queda en entredicho el futuro y arrastró a un descrédito a su equipo. De rebote, a su país por conductas reprobables de aficionados desquiciados. Ahí póngase el acento. El daño es grave. No ayudó los inauditos insultos ajenos al fut proferidos a España y su gente por contingentes argentinos avecindados allí, en tanto buscan papeles. Lo nunca visto y no dudo que se haya generado una fractura por su torpeza, afectando la reputación de aquellos que allá llevan décadas viviendo. Me queda la sensación por la reacción española, que algo se rornpió entre España y Argentina y no se limita al fútbol, como algunos argentinos insistieron al percatarse.
Aparte, todavía en 2014 se remarcaba y parecía importante decir que una selección europea ganaba en América y no como venía ocurriendo que una americana lo hiciera en América y una europea en Europa. Nunca he creído que sea solo cosa de mapas y geografía. Es cosa de ver estructura, dinero, apoyo, estrategia deportiva que coadyuven al éxito. Esta vez ya ni se mencionó el detalle.
Dejo a usted algunos testimonios. Por fortuna, estaba mi amigo José Luis Páramo en Buenos Aires el 19 de julio. Me ha externado: “Desde Buenos Aires: un mexicano ve el subcampeonato. Buenos Aires hoy respira un silencio que pesa. Las calles que se llenaban de cantos y banderas, hoy guardan un respiro entre lágrimas y la cabeza baja. Y yo, aquí, con el corazón partido entre dos amores, mi México que llevo en la sangre y esta tierra que respira fútbol como pocas, siento que no hay derrota que borre lo que ustedes construyeron. Llegaron hasta la final peleando cada balón como si la vida fuera en ello. Corrieron, sufrieron, levantaron la cabeza una y otra vez. Esa garra que se siente en cada grito de la hinchada, esa entrega que no se aprende, se lleva adentro: eso quedó intacto. El subcampeonato no es fracaso. Es la huella de un equipo que hizo soñar a toda Argentina, desde La Quiaca hasta Tierra de Fuego".
A ello sumo las palabras espontáneas de dos alumnos que, como jóvenes entusiastas felices por ser sede, se lanzaron a festejar a la Selección mexicana durante este Mundial. Apunta Melisa López: "El Mundial lo celebré de una manera inexplicable, llena de momentos inolvidables. Fue una ocasión que compartí con amigos y familiares. Siempre recordaré cuando llegaba a casa empapada por la lluvia, cansada y sin voz por gritar aquellos goles que nos fueron esperanza de ver a nuestra Selección mexicana jugando la gran final. Fue bello, haciéndome recordar el ¿Y sí sí, México? Por su parte, Esteban Enríquez expresó: "Asistir a celebrar al Ángel (CDMX) fue muy padre (guay). Ver al país unido considero que solo puede verse pocas veces en la vida. Nada qué reprochar de cuanto viví en este Mundial. Fue una experiencia buena, una que nunca olvidaré, fue bonito".
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