Tadej Pogacar se elevó este domingo hasta el Olimpo del ciclismo. En esta fecha certificó su quinto Tour de Francia, una cifra que marca la cima de este deporte y a la que sólo habían podido escalar hasta entonces Jacques Anquetil (1964), Eddy Merckx (1974), Bernard Hinault (1985) y Miguel Induráin (1995) en las 112 ediciones que ha vivido esta maravillosa carrera desde su fundación. Como le ocurrió a estos ilustres compañeros de gesta, el astro esloveno ha demostrado una superioridad tan aplastante que ha despertado las sospechas de los paganos, que no se explican semejante excelencia. El caso es que este muchacho nacido en Klanec festeja en París uno de esos logros únicos en el panorama deportivo mundial y amenaza con completar lo nunca visto, pues sólo cuenta con 27 años y en la actualidad no hay rival que le tosa.
En esta edición del Tour ha tenido que sortear una gastroenteritis que ha afectado a buena parte del UAE Team Emirates XRG y también hubo de torear una visita a las cinco de la madrugada de los 'vampiros' de la UCI, por orden de un juez francés justo cuando, después de mucho tiempo, despunta un compatriota talentoso. Sin embargo, la fortuna ha pesado más en la trinchera de su némesis. Jonas Vingegaard, el único que ha podido plantarle cara de verdad en una vuelta de tres semanas (incluso le arrebató el maillot amarillo en dos años seguidos), ha evidenciado que no se ha recuperado al 100% del grave accidente sufrido en abril de 2024, en el que padeció varias fracturas y un neumo-tórax. A partir de esta desgracia nunca ha podido empatar con Pogacar y para más inri sufrió un accidente absurdo el pasado domingo, en la 15ª etapa, que le obligó a abandonar la carrera. Eso sí, marchaba segundo y ya había perdido cuatro minutos y medio.
Tadej mandó de forma abrumadora en casi todas las subidas de este Tour. Avisó temprano imponiéndose en la llegada a Les Angles, en la tercera etapa. Acto y seguido, en la sexta jornada, cantó victoria en Gavarnie-Gèdre después de haber hecho explosionar a otros favoritos en las ascensiones al Aspin y al Tourmalet. Salió de los Pirineos en volandas, ayudado por un equipo que se reivindicó como el más fuerte (con el potente Nils Politt grapando el llano y Felix Grosschartner, Adam Yates y, sobre todo, Brandon McNulty engrasando la rampa de lanzamiento en la montaña). En Le Lioran descorchó el champán el 14 de julio, en la fiesta nacional francesa -10ª etapa- y mantuvo el liderato con mano de hierro para sentenciar en la subida a Le Markstein, en la 14ª jornada. A estas alturas ya había cosechado cuatro victorias parciales y se había asegurado la corona, pero irrumpió la enfermedad en el seno de su formación. No en vano, tuvo que abandonar McNulty, Tim Wellens quedó noqueado y Yates lo pasó muy mal para no apearse de la bici.
Así pues, en la recta final había dudas sobre el rendimiento de Pogacar. Más aún cuando cedió en la contrarreloj que aupó a Remco Evenepoel (Red Bull - Bora - Hansgrohe) al segundo escalón del podio (muy mejorado en la suerte de la escalada) y el UAE 'permitió' que algunas fugas llegasen a término. La realidad es que la cara actual del ciclismo estaba guardando fuerzas y esperando a que el virus terminase de marcharse. Tenía subrayado en rojo el viernes 24 de julio, la 19ª etapa que circulaba entre la localidad alpina de Gap y el Alpe d'Huez. Nunca había ganado en este mítico puerto, que había permanecido cuatro años sin ser agendado en el recorrido de la 'Grande Boucle'. Ansiaba vencer en ese magnífico escenario y no se limitó a eso: dibujó una obra maestra que disolvió el récord de ascensión que poseía Marco Pantani (registró 35:26 minutos, 1:24 minutos menos que el crono marcado por 'El Pirata') y anuló una fuga que a pie de puerto le secaba tres minutos.
Esta marcianada quedó inscrita para siempre en los anales del ciclismo y puso la guinda a un triunfo global que Tadej redondeó ejerciendo de gregario de lujo para que su compañero Isaac del Toro, el maillot de mejor joven, subiese al tercer puesto de la general -amén de brindarle una etapa-, por delante de un Paul Seixas (Decathlon CMA CGM) que corroboró que las expectativas están justificadas. Con 19 años ha asombrado por su fondo físico. Era la primera vez que probaba suerte en una prueba larga y ha respondido. Acaba cuarto, un resultado excelente y humano... porque Pogacar cuando debutó, con su misma edad, llegó a París de amarillo. El año antes había estrenado su participación en una gran vuelta con un podio en La Vuelta y a partir de ahí describió la historia de este deporte a cada paso. En el presente acumula la abrumadora cifra de 127 victorias. Con este pomposo cetro suma 19 sólo en 2026. Todo le funciona: el calendario corto y concentrado en los objetivos y la hoja de ruta ambiciosa.
En su madurez se ha convertido en un competidor abrasivo, capaz de derrotar a los mayores especialistas en la alta montaña, en la contrarreloj y en el llano. Es el rey del ciclismo y no se atisba nadie que pueda tutearle. Incluso ha desarrollado una raza espléndida en las carreras de un día. En el terreno gobernado por Marhieu van de Poel y Wout van Aert ya ha capturado tres Tour de Flandes, cuatro Lieja-Bastoña-Liejas, cuatro Giros de Lombardía y una Milán-San Remo. Para completar todos los 'Monumentos' sólo le falta París-Roubaix. Lleva dos subcampeonatos seguidos. Denle tiempo. Para el recuerdo quedó el 2024 de 'Pogi', cuando concatenó el Giro de Italia, la 'Grande Boucle' y el Mundial de ruta. Por calidad, motor, explosividad y personalidad, tiene todos los récords a tiro. También los más inimaginables, como las 35 victorias parciales en el Tour de Marc Cavendish o los triunfos totales de Merckx, un icono absoluto apodado 'El Caníbal' al que los paganos también acusaban de doparse cuando apiló esas 525 conquistas o hizo acopio, en una misma edición de la ronda gala, los maillots amarillo, de lunares rojos y verde. Son dos son tótems históricos que crean afición y que han ilusionado a los fans más infantiles e inspirado a generaciones enteras de corredores, si bien el esloveno muestra un carácter mucho más amigable y beneficioso para la salud de este deporte.
,Perdesen y Caparaz brillan en los Campos Elíseos
En la última jornada, la organización decidió recortar el recorrido por el desplazamiento de efectivos policiales para ayudar en la batalla contra los incendios que están asolando el territorio francés y circunscribió la 21ª etapa al interior de la ciudad parisina. La senda de 89 kilómetros desembocó en la famosa avenida de la capital gala después de cubrir un circuito que disparó la incertidumbre, pues recetaba una triple subida a Montmartre (de un kilómetro de duración y una pendiente del 6,5%). Y ahí se impuso Van der Poel, que libró una pugna colosal con el gran grupo y venció por centímetros, para endulzar un currículum igual de legendario. Y así se dio carpetazo a una edición vibrante, repleta de sobresaltos y catacerizada por una guerra de guerrillas intensa en todos los terrenos y peleada hasta la última pedalada, en el adoquín del Arco del Triunfo. Se volvió a rodar más rápido que nunca (de hecho, la 11ª etapa fue la que registró la velocidad media más alta de la historia) y fue la primera ocasión en la que no lograron al menos un triunfo parcial corredores españoles, italianos y franceses.
En los fastos también recibieron reconocimiento Richard Carapaz (EF Education - EasyPost) y Mads Pedersen (Lidl-Trek). El ecuatoriano doblegó a Valentin Paret-Peintre en una maravillosa pelea por el maillot de la montaña y se adjudicó un doblete de triunfos alpinos tejidos gracias a su gen guerrero en la subida a Orcières Merlette 1850 y la segunda ascensión al Alpe d'Huez. Su astucia y resistencia le valieron para rematar fugas de mucho nivel. El caso del todoterreno danés es diferente. Pedersen se impuso al esprint en Foix y no volvió a ganar, pero se supo filtrar en las escapadas, superó bien las montañas y puntuó en las metas volantes para llevarse el maillot verde. Aún así, no es suya la etiqueta de mejor velocista. Esa medalla le corresponde a Tim Merlier (Soudal Quick-Step), que firmó un triplete. En su estela quedan los también vencedores Olav Kooij, el sorprendente Soren Waerenskjold (Uno-X Mobility) y un Jasper Philipsen (Alpecin-Premier Tech) que llegó a la orilla después de varias frustraciones.
El Tour premió demás las actitud combativa y no tuvo más remedio que entregarle las flores a la 'Locomotora del Carchi', que sin duda fue uno de los corredores más espectaculares y que más veces intentó ganar contra la voluntad del pelotón. En este apartado bien pueden figurar cerca del ecuatoriano el distinguido gregario Sepp Kuss (Visma | Lease a Bike), el valiente Baptiste Veistroffer (Lotto Intermarché), Van der Poel (que se llevó dos etapa), el orgulloso Tom Pidcock (Pinarello-Q36.5), el chispeante campeón estadounidense Quinn Simmons, el correoso Mauro Schmid (también ganador de etapa, Jayco AlUla) o el incansable Pablo Castillo, que lideró a la delegación española. Su clase y sudor comandó a un Movistar Team que protagonizó fugas con determinación, con Raúl García Pierna y Einer Rubio. No pudo concretar, pero lucieron del mismo modo que el Caja Rural-Seguros RGA, segundo equipo español en la prueba. Finalmente, el mejor equipo de la carrera fue el Lidl-Trek de un Juan Ayuso al que le volvió a quedar grande el evento más impotante del ciclismo.