Tengo que reconocer, y miren que me cuesta trabajo, que Zapatero durante sus años al frente de nuestro gobierno hizo una cosa buena, como fue crear la UME(la Unidad Militar de Emergencias) en el 2005, con la clara participación del que fue Ministro de Defensa, José Bono, que en conversación privada a finales de los años noventa, siendo Presidente de la Comunidad de Castilla- La Mancha, me confesó la necesidad que tenía nuestro país de una unidad castrense que pudiera luchar contra los desastres naturales.
Pues bien, este verano hemos podido comprobar como los incendios han arrasado miles de hectáreas de nuestro país con una intervención ejemplar de la UME, como ya sucedió con la tragedia de la DANA en la Comunidad Valenciana. Una actuación ejemplar, decimos, como la ha sido la de todos los miembros de la Iglesia de nuestra nación, que con sotana , alzacuellos o simplemente con vaqueros y camisa han estado a pie del desastre bajo la dirección de sus obispos y arzobispos que no solo con palabras, sino con hechos concretos, han llevado la esperanza de recuperación a tantos y tantos lugares de España azotada por incendios, inundaciones, terremotos o también por la llegada de miles personas a la ciudad española de Ceuta.
Así, por ejemplo, el obispo de Getafe, Ginés García Beltrán, ha llevado la esperanza a todos los vecinos de los municipios afectados y que pertenecen a su diócesis. El obispo dijo a todos que “en estas situaciones sale lo mejor de un pueblo que sabe estar al servicios de quien lo necesita”. Y así ha sido, pues los sacerdotes-párrocos de esos pueblos afectados-han sido lo primeros en acoger a los familias y como ya ocurrió con los sacerdotes valencianos durante la trágica DANA, desprenderse si era preciso del traje talar, para ser uno más sin distinción de vestiduras.
O lo que sucede esteos días con los terremotos en la provincia de Granada, en donde su arzobispo, José María Gil Tamayo, ha pedido “fortaleza y unión entre todos para reconstruir los templos y volver a la tranquilidad”. En unas declaraciones a Religión Digital, monseñor Gil Tamayo confía “en que el Señor nos ayude a pasar este tiempo sin perder el ánimo y que nos dé fortaleza y unión para después acometer, con la ayuda de todos, de las administraciones y también de la solidaridad de las personas, el arreglo de los templos”.
Y si cruzamos el Estrecho, allí nos encontramos con Ceuta y las dificultades que viven sus habitantes, pues ven como miles de marroquíes inundan sus calles en una marea que parecía no tener fin, y ha dejado en esas calles de la ciudad española del norte de África a centenares de menores, que gracias a Dios reciben la ayuda fundamental de Cáritas de la diócesis de Cadiz-Ceuta, con sus voluntarios a la cabeza, que sin descanso se han entregado a una tarea digna elogios. Esos voluntarios de Cáritas que ofrecen la ayuda desinteresada que primero ha llegado a sus manos de las de esos ciudadanos ceutíes que ven el sufrimiento cercano de los menores que han llegado , probablemente engañados por aquellos que buscan conflictos mayores.
La UME de la Iglesia es “misionera”. Esa es la “M” de sus siglas. No lo olvidemos y compartamos el trabajo de esos misioneros ejemplares.