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Castro 100 años: México, apoyo y traiciones mutuas

miércoles 02 de septiembre de 2026, 17:47h

La relación del comandante Fidel Castro Ruz con México estuvo marcada de tensiones: a nivel de presidentes, le tocó lidiar con Adolfo Ruiz Cortines (ajeno a las ideas políticas), Adolfo López Mateos (de extrema izquierda dentro de la Constitución) y Gustavo Díaz Ordaz (el represor). Y luego vinieron los populistas Luis Echeverría Álvarez y José López Portillo. El ciclo neoliberal con Ernesto Zedillo se desentendió del héroe de la Sierra Maestra.

Como párrafo aparte hay que citar la humillación del comandante Castro a manos del conservador Vicente Fox Quesada, cuando este presidente de la alternancia invito a Fidel a la Cumbre Iberoamericana de 2002 pero por petición del presidente Bush le pidieron que nada más viniera a la reunión; el orgullo del guerrillero de la Sierra Maestra quedó hecho papilla cuando Fox le dijo: “comes y te vas”. Y, en efecto, comió y salió del país.

Como lo investigó a fondo la analista Olga Pellicer en su libro México y la Revolución Cubana, diferentes bloques políticos trataron con Cuba: la izquierda comunista estaba distante de Fidel porque el líder guerrillero apoyó la invasión sovietica a Checoslovaquia, la izquierda radical usaba Cuba como sede y trampolín para la capacitación de cuadros en luchas guerrilleras, la única izquierda --si se le podría identificar así-- que apoyó sin objeciones a la Revolución Cubana fue la identificada como bloque de la “izquierda del nacionalismo revolucionario del PRI” de tintes cardenistas.

La derecha, en cambio, nunca tuvo problemas para oponerse a Cuba y enfrentó dos incidentes muy graves en México: en 1962 el gobierno mexicano aprobó la edición de los libros obligatorios de texto gratuito oficiales y todo el sector conservador salió a la calle a objetar pero agregando consignas contra Cuba al grito de “cristianismo sí, comunismo no”. Y el sector conservador mexicano aprobó el endurecimiento del presidente Díaz Ordaz contra el movimiento estudiantil del 68 que nació --quizá por circunstancias que después se orientaron a otras ideas radicales propias-- como protesta a la represión a una marcha para recordar el 26 de julio de 1968 el inicio de la Revolución Cubana. Y a pesar de que la fracción de la Juventud Comunista mexicana participó en el movimiento estudiantil, el comité central del Partido Comunista Mexicano mantuvo su distancia.

En el ámbito intelectual, efectivamente --como lo señala Olga Pellicer-- hubo defensa de Cuba en el sector progresista y en el del nacionalismo revolucionario del PRI, sobre todo porque el expresidente Lázaro Cárdenas se convirtió en activista a favor de la Revolución Cubana e inclusive participó en la creación de organismos internacionales que defendían a Cuba. Más aún, iniciada la invasión de disidentes a La Habana por Bahía de Cochinos/Playa Girón, el presidente Cárdenas anunció públicamente que viajaría de inmediato a Cuba para sumarse a las fuerzas armadas de defensa contra la invasión, pero el entonces presidente López Mateos se lo prohibió porque no podía permitir que un expresidente mexicano pudiera salir lastimado o muerto en una invasión extranjera a otro país.

De las publicaciones intelectuales que tenían influencia en México destacaron cuando menos tres: la entonces muy activa revista Política que se convirtió en vocera de la Revolución Cubana, el suplemento de La Cultura en México dirigido por Fernando Benítez y bastante la Revista de la Universidad (UNAM). En este sentido, Cuba se convirtió en un factor político de debate sólo en publicaciones culturales, apenas en marchas anuales cada 26 de julio y con grupos radicales sin influencia en la vida nacional y como punto de advertencia de la derecha hacia la radicalización ideológica que estaría provocando Cuba en algunos sectores estudiantiles e intelectuales.

De las figuras intelectuales importantes de México, los dos principales grupos (el de Benítez y el entonces progresista Octavio Paz y su aliado Carlos Fuentes) simpatizaban con los cubanos, pero desde espacios muy limitados de suplementos culturales. Benítez y Fuentes fueron los escritores con activismo político a favor de Cuba porque estaban deslumbrados con la figura legendaria del comandante Castro. Inclusive, como narró José Donoso en Historia personal del boom, en camino a un congreso educativo a Santiago de Chile, Carlos Fuentes anunció con voz en cuello que abandonaba la literatura para dedicarse a promover los avances educativos de la Revolución Cubana.

La relación de los intelectuales mexicanos con la Revolución Cubana fue más sentimental que política o estratégica o ideológica. Pero como punto de referencia del alejamiento, la crisis Cuba-intelectuales estalló por el caso Padilla: el arresto del poeta en mayo de 1971, y muchos intelectuales mexicanos fueron arrastrados por la confrontación entre escritores estimulados por Mario Vargas Llosa.

El escritor peruano promovió dos cartas de protesta por Padilla: una, de desconcierto por el arresto y sobre todo por la confesión de Padilla y la otra ya de ruptura, las dos redactadas en su forma original por Vargas Llosa. En la primera carta apareció la firma de Octavio Paz, parco en suscribir documentos que no fueran de su iniciativa, pero aprovechando la oportunidad porque en su ensayo Posdata de febrero de 1970 había lanzado varios dardos envenenados contra la dictadura cubana. La otra firma fue de Fernando Benítez, jefe intelectual del grupo que se configuró alrededor del suplemento La Cultura en México de la revista Siempre, con la circunstancia agravante de que Benítez había roto con el primer ciclo del suplemento en 1962 entonces en el periódico Novedades por el apoyo incondicional a la guerrilla de la Sierra Maestra.

La segunda carta sumó seis firmas mexicanas más: Benítez, Fuentes, Carlos Monsiváis, Marco Antonio Montes de Oca, José Revueltas, Vicente Rojo y Juan Rulfo. Monsiváis regresaría al apoyo a Castro después del incidente y en 1998 otra vez rompió ya definitivamente con el autoritarismo cubano. La firma de Revueltas fue significativa porque su formación comunista lo llevó a un apoyo incondicional al inicio de la Revolución, pero con el dato de que había sido expulsados del Partido Comunista Mexicano por sus opiniones y se vio obligado a redactar una infame carta de disculpa para solicitar su reingreso, un hecho con referencias parecidas a las de Padilla. Pero en 1971, Revueltas estaba preso por el cargo de haber sido señalado por el gobierno mexicano como autor intelectual del movimiento estudiantil del 68, algo desde luego fuera de la realidad porque el movimiento se controlaba y decidía por un Consejo Nacional de Huelga formado por más de 100 estudiantes y todas las decisiones se tomaban de manera caótica por asambleísmo público.

El suplemento La Cultura en México publicó el 19 de mayo de 1971 toda su edición dedicada a Padilla con dos textos significativos: la ruptura de Revueltas con la Revolución y un artículo burlón de Octavio Paz sobre Padilla como “insignificantes enredos político-literarios” y lo tituló “La autohumillación de los incrédulos”.

El Caso Padilla cerró cualquier relación de intelectuales mexicanos con la Revolución Cubana, aunque a Fidel Castro le interesó más Salinas de Gortari. Los presidentes López Obrador y Sheinbaum Pardo han reanudado relaciones políticas de solidaridad con Cuba, pero sin ningún efecto político ni intelectual.

Carlos Ramírez

Maestro en Ciencias Políticas

Periodista, Maestro en Ciencias Políticas, columnista político desde 1990, director del Centro de Estudios Políticos y de Seguridad Nacional S.C., director del portal indicadorpolitico.mx

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