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Defender a SEAT es lo mejor que puede hacer Volkswagen

Borja Fadón de la Pedraja
viernes 04 de septiembre de 2026, 10:34h
Actualizado el: 09/04/2026 13:36h

La noticia publicada en Alemania sobre el futuro de SEAT ha provocado el lógico revuelo en España. Volkswagen estaría estudiando poner fin a la producción de modelos bajo la marca española antes de 2030 y concentrar buena parte de la estrategia en CUPRA. Es una posibilidad que encaja con la revisión que está llevando a cabo el grupo alemán, pero conviene no convertir una posibilidad en una decisión porque, a día de hoy, no lo es.

La propia SEAT S.A. se ha encargado de dejarlo claro. Volkswagen está inmerso en una profunda transformación, con un escenario internacional mucho más complicado y con la necesidad de mejorar costes, eficiencia y competitividad. Todo eso es evidente. Pero también lo es que, según la compañía, no se ha tomado ninguna decisión estratégica sobre el futuro de SEAT. Y esa parte de la respuesta parece haber quedado en segundo plano frente al titular de la posible desaparición.

SEAT todavía tiene clientes y, sobre todo, un sitio en el mercado

Que Volkswagen se plantee el futuro de SEAT tampoco resulta extraño. El grupo alemán tiene un problema serio de costes y una estructura de marcas muy amplia que necesita revisar. En ese escenario, CUPRA juega con ventaja. Ha crecido con enorme rapidez, tiene una imagen más atractiva para el grupo y permite vender coches con un posicionamiento y unos márgenes diferentes. En 2025 entregó 328.800 unidades, un 32,5% más, y es lógico que Volkswagen quiera seguir aprovechando ese tirón.

Pero que CUPRA funcione tan bien no significa que SEAT haya dejado de tener sentido. La marca española entregó 257.400 vehículos en 2025, con el Ibiza y el Arona manteniendo una posición comercial importante. El Arona, de hecho, volvió a ser uno de los grandes protagonistas del mercado español. No son cifras que permitan hablar de una marca abandonada por sus clientes, aunque sí de una marca que necesita encontrar su sitio en el nuevo escenario del automóvil.

Ahí está probablemente el principal problema de SEAT. La electrificación está cambiando las reglas y la marca todavía tiene que demostrar que puede competir con una gama eléctrica suficientemente atractiva y rentable. Pero precisamente por eso resulta discutible que la respuesta tenga que ser su desaparición. SEAT tiene un territorio que CUPRA no ocupa exactamente igual: el de los coches más racionales, accesibles y dirigidos a un público mucho más amplio. Y ese espacio puede ser especialmente importante si Europa pretende que el coche eléctrico deje de ser un producto para unos pocos.

Después está Martorell. Volkswagen ha invertido alrededor de 3.000 millones de euros en preparar la fábrica para la nueva generación de vehículos eléctricos y allí ya se producen el CUPRA Raval y el Volkswagen ID. Polo. Es decir, el grupo alemán no está dando la espalda a la fábrica catalana, sino todo lo contrario. Martorell tiene por delante un papel industrial importante dentro de Volkswagen y eso debería hacer que la discusión sobre SEAT fuese algo más compleja que decidir qué logo poner en el capó.

La fábrica tiene futuro, ¿y la marca?

Además, los últimos resultados de SEAT S.A. tampoco invitan a pensar que todo esté perdido. En el primer semestre de 2026 la compañía obtuvo 122 millones de euros de beneficio operativo, frente a los 38 millones del mismo periodo del año anterior. Es cierto que CUPRA tiene mucho peso en ese resultado y que SEAT necesita mejorar, especialmente en electrificación, pero la evolución del conjunto demuestra que todavía existe capacidad para generar negocio y recuperar rentabilidad.

Por eso quizá el debate no debería plantearse como una pelea entre SEAT y CUPRA. Volkswagen ha conseguido crear con CUPRA una marca que funciona y que tiene recorrido, pero eso no obliga necesariamente a eliminar SEAT. Pueden ocupar espacios diferentes y complementarios dentro del grupo, algo especialmente interesante en un momento en el que el automóvil europeo necesita vender más eléctricos y, sobre todo, conseguir que esos coches lleguen a un público mucho más amplio.

SEAT tampoco tendría que volver a ser la marca que fue hace veinte años. El mercado ya no es el mismo y probablemente tampoco lo sea el cliente. Pero existe margen para construir una SEAT más sencilla, más eléctrica y más enfocada en modelos que puedan competir por precio y producto. Volkswagen tiene tecnología, plataformas y una fábrica preparada para ello. Lo que falta es decidir si quiere utilizar todo ese potencial también para mantener viva la marca española.

Y aquí España debería tener algo que decir, aunque la decisión final se vaya a tomar en Alemania. SEAT representa mucho más que una enseña comercial. Hay décadas de industria alrededor de Martorell, una red de proveedores, miles de empleos y un conocimiento acumulado que no se construye de nuevo en unos años. No se trata de pedir a Volkswagen que mantenga una marca por sentimentalismo, sino de hacerle ver que todavía puede existir una razón empresarial para conservarla.

De momento, la última palabra no está escrita. Volkswagen está revisando su estrategia y SEAT está dentro de esa revisión, pero la compañía insiste en que no hay ninguna decisión tomada. Mientras tanto, los Ibiza y Arona siguen saliendo de los concesionarios, Martorell se prepara para fabricar los eléctricos del futuro y SEAT S.A. vuelve a mejorar sus resultados. Quizá todavía haya que esperar antes de escribir el último capítulo de una marca que, guste más o menos en los despachos de Wolfsburg, sigue teniendo mucho que decir en el automóvil europeo.