Cuento de Navidad
martes 30 de diciembre de 2008, 21:28h
La Navidad, supuesto tiempo de alegría y júbilo, ha evolucionado hacia mecánicos rituales de dádivas, oropeles, pitanzas y poco sentidas felicitaciones. Los niños despiertan las mañanas de Navidad y Reyes con apatía; más juguetes que amontonar a la pila, que sus padres surten copiosamente durante todo el año y que ahora no hace más que rebosar. Ya no hay en la calle, en esos mañanas, niños estrenando juguetes, sino que éstos asisten embobados los avatares de las aventuras de héroes que manejan a su antojo, mediante los mandos de una consola de videojuegos de última generación.
Se cambia el Feliz Navidad por Felices Fiestas o por el deseo de un Feliz 2009, sin apenas rastro del significado religioso y familiar que deberían suponer estas fechas. Se apela al solsticio de invierno, a los rituales precristianos que antecedieron a la celebración del nacimiento del Niño Jesús, fechado a expensas de culturas anteriores. Pero la Navidad tiene un significado similar al de las celebraciones precursoras. Es un renacer, homenaje a la esperanza, la llegada de un nuevo sol.
Sin embargo, ajenos a la iluminaria de las calles, los ciudadanos pelean por cerrar el ejercicio, calculando las pérdidas y vaticinando los desastres, que de forma inevitable, parece que acontecerán el próximo año. La gente camina gris y triste por la ciudad, en lo que más parece una peregrinación hacia la compra del jersey, la colonia o la bufanda a ofrendar en las visitas obligadas. Miradas perdidas y ni siquiera la nostalgia hace mella en los corazones. Sólo la excusa para la ingesta de alcohol parece dar tregua a las molestias.
Me visita el fantasma del pasado que me recuerda con que emoción vivía estos días, cómo disfrutaba de la compañía de los que más quería. El fantasma del presente me atemoriza con un vacio frente al que no quiero capitular y el fantasma del futuro me ofrece un panorama en el que el consumismo y las Felices Fiestas ateas, vestidas de rojo y blanco, ya lo han copado todo.
Tengo la esperanza de que los fantasmas no sean más que eso y que las familias disfruten de unas Navidades alegres y que la esperanza de un nuevo sol haga a todos regocijarse porque ha nacido el Niño Dios.
Feliz Navidad.
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Abogado
CARLOS LORING es licenciado en Derecho, diplomado en Gestión Empresarial, y MBA en e-Business por la Universidad Pontificia de Comillas (ICADE)
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