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Poesía

César Vallejo: España, aparta de mí este cáliz

domingo 13 de septiembre de 2026, 21:57h
César Vallejo: España, aparta de mí este cáliz

Edición de Inmaculada Lergo. Hiperión. Madrid, 2026. 78 páginas. 14,45 €.

Por Carla Perugini

Al entrar la Guerra Civil española en su tercer y último año de combates, en la abadía benedictina de Montserrat un grupo de milicianos, liderado por el joven poeta Manuel Altolaguirre, continuaba a hacer funcionar una moderna imprenta que había pertenecido a los monjes y que, ahora, ante la proximidad de la toma de Barcelona por las tropas nacionalistas, se entregaba principalmente a imprimir material propagandístico para la causa republicana. Sin embargo, de esas rotativas salieron también libros de poetas partidarios de la República, como Emilio Prados y Pablo Neruda. Y salió también la editio princeps de España, aparta de mí este cáliz de César Vallejo, que había fallecido el año anterior, edición ignorada hasta su venturoso descubrimiento que tuvo lugar solo a finales de los setenta gracias a Joan Gilabert, y reeditada por Julio Vélez y Antonio Merino en 1982.

Reconstruye la emocionante historia Inmaculada Lergo en la Introducción a una nueva edición del ejemplar de enero de 1939, precedida por un emotivo prólogo, “Profecía de América”, de Juan Larrea, amigo de Vallejo tanto en los años parisinos como españoles, y cuya edición mexicana de 1940 fue durante mucho tiempo considerada como princeps exenta del libro, que ya había formado parte del volumen publicado en París en julio de 1939 por la viuda del poeta, Georgette Philippart, y el historiador peruano Raúl Porras Barrenechea, con el título general (no del poeta) de Poemas Humanos.

César Vallejo, en su patria peruana (nació, el menor de once hermanos, en un pequeño pueblo de los Andes del norte en 1892) había publicado, con poca resonancia, solo dos libros de poesía (Los heraldos negros y Trilce) y relatos cortos, además de colaborar esporádicamente con algunas revistas de Lima. La arbitrariedad de las titulaciones y redacciones elegidas por los editores de los libros póstumos, entre copias a mano y a máquina, erratas y correcciones, estuvo muy influenciada por la voluntad de la viuda, que a menudo negaba los originales manuscritos o mecanografiados de su marido, dejándolos, al final de su vida, en 1984, a la clínica donde había sido hospitalizada en la última fase de su enfermedad.

Sobre este atormentado itinerario editorial han intentado una reconstrucción filológica varios críticos, incluidos los autores de la colección de ensayos contenida en el volumen de unas 750 páginas, editado por Américo Ferrari, César Vallejo. Obra poética, Nanterre 1988.

La actual reedición de la princeps, al cuidado de Lergo, también poeta, especialista en literatura latinoamericana, a sus anchas en Hiperión, prestigiosa editorial fundada por otro importante poeta como Jesús Munárriz, se desarrolla a lo largo de unas veinte páginas rigurosas y esenciales, en las que la historia del poema va acompañada de la biografía del peruano. Su vida, entre pobreza, duelos, enfermedades e incluso un periodo de encarcelamiento en Trujillo, fue, sin embargo, rica en escritura, fiel a su compromiso político, salpicada de amores más o menos largos y de viajes a varios países de Europa, incluida la Unión Soviética, sobre la que escribió un par de libros y numerosos artículos para periódicos españoles y peruanos. Debe enfatizarse, como hace la editora, que la fe en la revolución y la ideología comunista nunca disimuló una posición independiente del pensamiento de Vallejo, que siempre mantuvo el factor humano por encima de cualquier dogma.

Basta con leer los poemas de esta emocionante y esbelta colección para sentir cómo el corazón y el espíritu del poeta laten en consonancia con todos los hombres, cuyas muertes individuales duelen como las propias, en una coexistencia oximórica de vida y muerte, nacimiento y fin, que quizás encuentra su apoteosis en la hermosa “Masa”, en la que, alrededor del cadáver de un luchador anónimo, la voluntad vital de todos sus semejantes se hace una: “Entonces, todos los hombres de la tierra/le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado;/incorpórese lentamente,/abrazó al primer hombre; echó a andar...”.

Desde el título, España, aparta de mí este cáliz evoca un léxico y rasgos estilísticos típicamente cristianos. Nacido en una familia profundamente creyente, el poeta conservó, incluso en las metamorfosis biográficas, un trasfondo religioso que, aunque muy libre y a veces desconcertante en sus modalidades, hace referencia a la formación recibida en Perú. Es aún más singular, por tanto, el frontispicio interno de la primera edición, reproducido por Lergo, en el que, junto a la mención del prólogo de Larrea y del dibujo de Picasso, en el libro de un izquierdista impreso en un monasterio católico, se recuerda que “Soldados de la República fabricaron el papel, compusieron el texto y movieron las máquinas. Ediciones Literarias del Comisariado. Ejército del Este”.

En estos soldados, obreros y literatos, los conceptos yuxtapuestos de la poética vallejiana se fusionan una vez más, en una síntesis que encuentra su justificación en el arte.

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