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Por una vez, algo a la vez

miércoles 31 de diciembre de 2008, 19:47h
Para los antiguos romanos, añadir un día más a febrero, el tenebroso mes de los muertos, era algo así como tentar a la mala suerte. Desde entonces, los años bisiestos arrastran una terrible fama. Año bisiesto, año siniestro, dicen. Guerras, tragedias y pobrezas aseguradas. 2008 pasará sin duda a la historia como el año de la gran crisis financiera que sacudió los cimientos de la poderosa sociedad capitalista y que desenmascaró a algunos gurús de las altas finanzas que, en realidad, se dedicaban a la más vil estafa.

Aquí, en España, el país donde la crisis no iba a llegar, según el Gobierno, el último trimestre se ha despachado con un terrible aumento del paro y aquellos que aún pueden pagar su hipoteca se consideran unos afortunados. Por eso, en esta ocasión más que en otras anteriores, recibimos el nuevo año con el anhelo de que las cosas vayan mejor. Sin embargo, no es esto precisamente lo que pronostican los expertos economistas, desbordados ya de tanto análisis que sirve para bien poco. No quiero ser agorera, porque ya sé que la esperanza es lo último que se pierde, pero me viene a la cabeza el refrán, y conjuro la esperanza con lo de “virgencita, virgencita, que me quede como estoy”.

2008 ya pasó. Le despedimos ayer de la misma forma que siempre. Igual que cantaba Mecano: “entre pitos y gritos, los españolitos, enormes, bajitos, hacemos por una vez, algo a la vez”. Nos comimos las doce uvas prestando atención de no meter la pata con las campanadas, según una tradición que, en realidad, nada tiene que ver con la suerte, o con motivos culturales o religiosos, sino precisamente con intereses económicos. En la noche vieja de 1909 y con un esfuerzo de imaginación que debería ser objeto de estudio en los másters de las más prestigiosas escuelas de negocios, los cosecheros lograron desembarazarse del excedente de uvas de ese año, inventando el ya mítico rito de las uvitas. Convencieron a todos de que empezar el año comiendo uvas era sinónimo de suerte, amor y prosperidad, y, desde luego, hay que reconocer que lo hicieron rematadamente bien. Confieso que hasta yo, que no me gustan las uvas, anoche me las tome sin rechistar. El año pasado se me ocurrió cambiarlas por doce sabrosos conguitos y ha habido meses tan negros como el color del chocolate que los recubre.

En todo caso, lo que quiero es desearles a todos un buen año 2009. Lleno de esa felicidad que todos buscamos y cuyas claves la ciencia asegura ahora haber descubierto. Entre otras cosas, proclaman los científicos que hay más felicidad en el altruismo que en el hedonismo. También en dormir más cada día que en comprarse un coche nuevo. Eso sí, advierten, después de varios estudios y experimentos con gemelos, que el sentimiento de bienestar con la propia vida es genético en al menos un 50%. La otra mitad de felicidad la seguiremos buscando.

Alicia Huerta

Escritora

ALICIA HUERTA es escritora, abogado y pintora

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