No hay que cansarse de repetirlo, debemos tener siempre activado el sentido crítico, a cualquier hora y bajo cualquier circunstancia, es lo propio de estar a la altura de la condición humana. Ante nada de lo que suceda (ya se trate de acciones o de omisiones) debería detenerse nunca. Lo contrario nos instala en el sectarismo.
El sentido crítico está vinculado a la libertad, son inseparables. Los extremadamente politizados lo frenan de forma automática e interpretan todo en función de su interés político o de la ideología que digan confesar. Renuncian a usar la razón y a emplear argumentos con matices. Están dispuestos a tergiversar y se vuelcan en palabras exaltadas que no admiten réplica, pretenden acorralar con exabruptos e insultos; un desprecio desbocado y una infinita hostilidad.
De algunos responsables políticos no puede esperarse nada que no sea discordia y beligerancia. En esto consiste su ‘vocación de servicio’. “Presidente, ¿cómo explica que haya mil menores en las calles de Ceuta todavía?”, le preguntó a Sánchez una periodista en los pasillos de las Cortes. Él, que nunca responde por los corredores, respondió con desdén y sin pararse: “Eso a Vivas, pregúntele”. Le pudo la inquina, la aversión, la rabia, el desplante y la chulería. Echó balones fuera, es demasiado reclamarle que aborde el drama humano que no quiso prever ni resolver. (Resonó el “Si quieren ayuda, que la pidan”, soltado hace dos años cuando la Dana. Algunos justificaron su frase como ‘la consecuencia de estar en un Estado autonómico, cosa que algunos no quieren reconocer. Entre unos y otros, la casa por barrer y los ciudadanos desvalidos, con total indiferencia por sus sufrimientos y necesidades. Y que cada palo aguante su vela. ¿Ultraliberales?)
Centrémonos en la tragedia que vive la ciudad de Ceuta, frontera de España y de la Unión Europea. ¿Hay que recordar los hechos o se van a disipar por interés político? No hay dos caras, sino una sola, como en la cinta de Möbius. Más de cien personas murieron ahogadas en esta invasión desde Marruecos, país que no acepta recoger siquiera los cadáveres de sus compatriotas; debe de ser lo normal. Esta invasión llevó a Ceuta a duplicar su número de habitantes de un día para otro y ha establecido el caos. Si la hermosa Ceuta fuera una ciudad rica ya tendría un partido localista, como consecuencia del abandono de quienes nunca se hartan de hablar de ‘solidaridad’. Y si tuviera un número superior de diputados en las Cortes, no hay duda de que el Gobierno sería mucho más solícito y diligente con los ceutíes; ¡lo que Sánchez ha llegado a hacer por unos pocos escaños!
La invasión asusta a quienes la padecen, no es para menos: tienen la ciudad reventada. Y a todos debería asustarnos el camino abierto aquí. Ciertamente, estos ‘migrantes’ son personas, pero son invasores que se han saltado la frontera, no huyendo de una guerra, no a causa de una hambruna. La ocupación fue posible con la supervisión y el consentimiento gubernamentales, no organizada por las redes criminales que no podían cobrar como de costumbre (pero que sí lo hacen ahora, para ir a la Península y para cobrar suministros a quienes siguen). La figura de un hombre de 73 años y de aspecto frágil ha emergido con singular fuerza en Ceuta, si bien lleva 25 años como alcalde y presidente de la Ciudad Autónoma. Es economista y funcionario de carrera del Ayuntamiento. Juan Jesús Vivas sobresale por su mesura y educación, por su sentido de responsabilidad, por su cercanía y serenidad, por su autenticidad. Como no podía ser de otro modo, la oficialidad se ha puesto en marcha contra este hombre moderado y pulcro y nos acribilla difamándole. Menuda inventada…
Evoquemos a Julio Anguita, quien fue secretario general del PCE y alcalde de Córdoba (el primer alcalde comunista de una capital de provincia). Aún discrepando de algunos de sus puntos de vista, enunciados siempre con vehemencia y con frecuente rigidez, su honradez e integridad estaban fuera de toda duda. El califa rojo era un hombre respetuoso con el sentido de la verdad. Hace quince años llegó a declarar en Córdoba algo asombroso en un acto de campaña electoral. Lo hizo con hipérbole, pero dijo exactamente esto: “Aunque sea de la extrema derecha, si es un hombre decente y los otros unos ladrones, votad al de la extrema derecha. Votad al honrado, al ladrón no, aunque tenga la hoz y el martillo”. Y fue intensamente aplaudido por el público asistente: homenajearon al educador, no sólo al político.
Aquellas palabras, por hiperbólicas que fueran, señalan la primacía que Anguita daba a la honradez y decencia ante la ideología que se airee. Los impostores y desleales son dañinos a la causa con que se presentan, son corrosivos. Están interesados en confundir como sea cualquier debate en donde se cuestionen sus actuaciones.
De chulada en chulada, hasta la derrota final.