La serie de Castro 100 años termina con una especie de chiste que debe ser leído como anécdota realista. Viene como epígrafe en el libro El último disidente, la historia del escritor Norberto Fuentes, periodista revolucionario, crítico de los Castro por el caso del general Ochoa, arrestado y exiliado en 1993 por intermediación de Gabriel García Márquez.
Este epígrafe lo firma Guillermo Rosales y cuenta lo ocurrido después de la muerte de Fidel:
Esta noche soñé que estaba de nuevo en La Habana, en el salón de una funeraria de la Calle Veintitrés. Me rodeaban numerosos amigos. Tomábamos café. De pronto se abrió una puerta blanca y entró un ataúd enorme cargado por una docena de viejas plañidera. Un amigo me dio un codazo en las costillas y me dijo:
--Ahí traen a Fidel Castro.
Nos volvimos. Las viejas dejaron el féretro en el centro del salón y salieron llorando a todo pulmón. Entonces el ataúd se abrió. Fidel sacó primero una mano. Luego la mitad del cuerpo. Finalmente salió por completo de la caja, Se arregló el traje de gala, y se acercó sonriente hasta nosotros.
--¿No hay un café para mí? --preguntó.
Alguien le dio una taza.
--Bien. Ya estamos muertos --dijo Fidel--. Ahora verán que eso tampoco resuelve nada.