Conviene preguntarse qué fue lo primero: ¿el ser humano o el recurso habitacional? Cuestión complicada. Es posible que no existieran durante la prehistoria ni fondos buitre, ni propietarios menores, ni representantes públicos que poseyeran grandes carteras de cavernas. Sin embargo, se me antoja que por entonces el mercado de los refugios también tendría sus propias normas. Es de suponer que el hombre de entonces —puro machista, por cierto—, aun sin disponer de título de propiedad, defendía su feudo con la fuerza bruta; tal vez representada por una quijada de mamut como arma disuasoria.
Esto me lleva a pensar que eso de la posesión viene de antiguo. Aunque el tiempo transcurrido pudiera darnos una imagen diferente de la realidad inmobiliaria, porque a día de hoy, a base de vanas promesas durante ocho años, el Gobierno actual se ha encargado de meter a España en el problemón de la falta de viviendas públicas y alquileres sociales. Y eso genera movida, mayormente por ideología de forma más que de fondo. Ya se sabe que la calle a veces se convierte en un juego de mesa cuyo ganador incluso puede alcanzar un sillón en el Consejo de Ministros. Hoy en día el precio de un miembro del Gobierno de coalición equivale a una ronda de vino Don Simón.
Y claro, salvo la fuerza del artículo 33 de la Constitución que protege la propiedad privada, lo demás está en manos de quienes dicen que hacen, luego deshacen y vuelta a empezar. Lo cierto es que alguien que se aproveche o usurpe lo que es de uno, así por las buenas, no deja de ser ilícito, sino que también nos devuelve a esa prehistoria con sus recurrentes costumbres en defensa de su propia hacienda. Cosa que los ordenados de mente no queremos que suceda.
Como ser humano, confieso haber sufrido vergüenza ajena al contemplar las imágenes de lo acontecido con un desalojo en Madrid; sin embargo, un asunto tan preocupante como es el de la vivienda conviene que sea tratado con el máximo cuidado y respeto. A saber:
1 - Discriminación humanitaria
Es lo que se desprende del derecho a ser protegido cuando el ser humano desciende a la planta -1 del inframundo. Seres humanos durmiendo al raso, tirados sobre el asfalto con la aquiescencia de unos y de otros. Sin recursos propios de cualquier naturaleza, salvo el de la caridad. Hay miles de familias en España, seres vulnerables en los que apenas se repara, quizás por no formar parte de la debilidad moral de esa marejada mediática que se magnifica cuando el drama crea simbolismos con derecho a roce electoral.
2 - Los casos sujetos a interpretación
Los desahucios, en su aspecto formal-legal, deben ser resueltos tratando la diversidad de problemas humanos que se antojan complejos. Es importante resaltar la urgencia de humanizar a los estratos políticos que promueven este tipo de desahucios, como el ocurrido en Madrid, que, a pesar de ser objeto de consideración, no se puede comparar con el caso sucedido en Hospitalet (Cataluña), donde una mujer de 52 años con dos hijas adolescentes se suicidó tras ser desalojada. No obtuvo ninguna ayuda para evitarlo. Resulta curiosa la dispar manera de dimensionar unos casos frente a otros. En uno, la algarada y la trompetería. En aquel de Cataluña, los silencios de la vergüenza.
3 - Los jóvenes
Son precisamente los que heredarán la tierra. Huelga decir que sin viviendas asequibles o alquileres sociales no hay asentamientos posibles ni porvenir de ideales. Incapaces de emanciparse. Incapaces de crear proyectos.
En resumen, si no se defiende la propiedad, no hay libertad. Sin embargo, el Gobierno actual se desmarca de la realidad. Pone medidas ambulatorias para contentar a sus huéspedes mientras ciertos miembros del gabinete se manifiestan y alientan a salir a las calles para protestar contra las propias medidas que ellos mismos aprueban en el Consejo de Ministros y que luego no funcionan. Por lo tanto, sustituyamos el Estado de derecho por el chantaje ideológico-emocional y nos vamos todos al carajo, que es una especie de ciudad sin ley. Quizás sea eso lo que persiguen.