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TRIBUNA

De Ceuta a Sol para no ir a ningún sitio

sábado 03 de octubre de 2026, 19:10h

No debiera sorprendernos el aumento del precio de la vivienda en un país cuya población crece sin nacimientos, multiplicándose pese a que su crecimiento vegetativo es negativo desde hace años, en un país que abomina de aranceles y gravámenes, abierto a un mercado planetario en el que cualquier “ciudadano del mundo” puede intervenir. No han paliado la situación esas leyes que conciben como carroñero al pequeño propietario y al gran inversor. Ambos juegan distintos juegos, ambos válidos en el marco de la legalidad vigente y legítimos en el orden político de nuestra democracia.

Los recién llegados que han incrementado el número de españoles se presentan en el mercado laboral como abstracta fuerza de trabajo. Muchos son, en efecto, trabajadores uberizados o sometidos a un sistema de autoexplotación apoyado en la minuciosa vigilancia de sutiles aplicaciones informáticas. Un número no desdeñable conoce y apura los más recónditos recursos de la menguante estructura social del estado que todavía complementa salarios escasos. Otros se limitan a atravesar el país buscando ultrapuertos una mejor situación.

Hace varios meses – supongo que lo recordarán – unas decenas de miles violó la frontera en una oleada invasiva que paulatinamente parece haber mutado – a la luz de algunos medios de comunicación – en una muchedumbre desvalida de migrantes sin destino y al parecer sin procedencia. Esa multitud ha sido recibida por un socialismo cordial y emotivo que se inclina, sin embargo, a la expropiación de cualquier propietario de una vivienda alquilada. Esas decenas de miles poseen en su mayoría, a algunos esto les parecerá una extravagancia, nacionalidad marroquí y practican la religión islámica. Está por ver la posibilidad de convivencia de esa muy determinada fuerza de trabajo con la población asentada en España. Ésta sí cosmopolita y abstracta: convertida en una ciudadanía que no conoce patria, por obra y gracia de décadas de educación en un humanismo del desarraigo. Ceuta dará la medida de la mentada posibilidad de convivencia. Iremos viendo, porque esa batalla apenas ha comenzado con la derrota en marcha que hoy padecemos.

No se olvide que el socialismo siempre fue el otro lado del capitalismo del que parece abominar pero con el que comparte una misma perspectiva industrialista, racionalista y
moderna. El PSOE y sus aliados ejercen bien su papel de Guardia Roja del capital. Nos recuerda Alain Supiot que Stalin fue el inventor de la idea de “capital humano” en un viejo discurso pronunciado en mayo de 1935. Así pues, no hay sorpresas salvo para los que siguen oponiendo el ultraliberalismo y el socialismo, olvidando la no muy lejana socialización de las pérdidas de una banca lanzada a la piratería más evidente, la constante externalización o concesión administrativa de servicios públicos por no recordar la siempre creciente carga impositiva sobre la actividad económica y sobre la vida de los ciudadanos. Es constante y fundamental el tránsito entre el costado político y el económico de la sociedad moderna y establecer una rígida dicotomía entre un mercado no intervenido y un estado tentacular, capaz de regular cada gesto, sólo contribuye a la catástrofe económica y política.

Cualquiera que se sale de esas oposiciones especulares y vacías que oponen socialismo a liberalismo contrastando estado y mercado sin señalar su íntima vinculación, cualquiera que no acepta ese trágico juego es tildado de inmediato de fascista por los que ignoran o no quieren ver las profundas raíces socialistas del fascismo histórico, así como la disposición internamente totalitaria del mismo estado moderno de inocultables raíces liberales.

Y en ésas estamos y seguiremos porque nos encontramos con masas de cretinos que sufren, sin duda, enormes dificultades para encontrar un lugar en el que pasar la noche. Pero que no demandan un hogar porque les repugnan las resonancias antropológicas y familiares que el término incluye, no en vano son los herederos de los que hace tiempo exigían abolir la reproducción misma: como el bueno de Paul B. Preciado que, al parecer, ahora matiza su panfletos identitarios, por lo demás ininteligibles dada la jerga atroz de la bohemia biempensante en la que están escritos. Quieren únicamente un sitio donde reposar los huesos después de la tarea residual de un trabajo gobernado por una inteligencia superior, diría que ciertamente muy superior a la de esos demandantes de un lugar en que caerse muerto.

Me pregunto si eso es vida, me pregunto si son casas los espacios de alquiler, si las tareas que automatizan el gesto humano pueden llamarse trabajo, si la vivienda que demandan puede constituir un hogar. Me pregunto si vale la pena añadir algo a la algarabía inhabitable de nuestro tiempo. Mi pesimismo acerca del mundo de mañana desconoce todo límite y sólo espero, del modo más fanático, que tras semejante mañana todavía nos quede un porvenir.

Fernando Muñoz

Doctor en Filosofía y Sociología

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