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Ensayo

Consuelo Triviño: Cien novelas con nombre de mujer

domingo 04 de octubre de 2026, 22:58h
Consuelo Triviño: Cien novelas con nombre de mujer

Cátedra. Madrid, 2026. 344 páginas. 18,95 €. Libro electrónico: 12,99 €.

Por Rafael Fuentes

Consuelo Triviño Anzola, escritora, docente, investigadora y crítica literaria -recientemente ha editado Yngermina o la hija del calamar (Cátedra) colombiana afincada en España, nos ha deleitado con excelentes novelas y colecciones de cuentos, desde que publicó su primera novela, Prohibido salir a la calle (1998) -reeditada en varias ocasiones, la última en  Seix Barral-, un singular bildungsroman, a través de la mirada infantil de Clara Osorio, donde la historia particular que se narra se enriquece con un sentido más amplio que nos sitúa en todo un país, el de la propia autora. Luego, entre otros títulos, dio a la imprenta La semilla de la ira –biografía novela de su compatriota Vargas Vila, de quien ya se ocupó en su tesis doctoral; Transterrados -que aborda la inmigración hispanoamericana a nuestra nación-, y la colección de relatos Todo es cuento.

Pero Triviño Anzola es también una formidable ensayista, como ahora nos demuestra en Cien novelas con nombre de mujer, un ambicioso proyecto, de larga elaboración, que tiene un personal origen, como nos explica en la Introducción: “Este libro que tienes en las manos se gestó en las horas de soledad que acabaron delineando mis ojos cansados cuando, siendo adolescente, continuaba con la lectura allí en el internado, incluso después de que apagaran las luces del dormitorio y la luz de una farola que se colaba por la ventana iluminase la página. La lectura es, ante todo, una experiencia y la experiencia consiste en poner al lado, y en la base de nuestros actos, lo que aprendimos. La experiencia no es sino la vida. Así, este libro surge de mi vida”.

La experiencia lectora de Consuelo Triviño resulta tremendamente fructífera y la comparte con nosotros, ahora en este trabajo que estudia y analiza un centenar de narraciones con título de nombre femenino de escritores, tanto hombres como mujeres, de distintos países de Europa, junto a Estados Unidos, Canadá, e Hispanoamérica, y alguna incursión en Japón y Alejandría, y de diferentes épocas, con predominio de los siglos XIX y XX. La primera tratada es La princesa de Clèves, de Madame de Lafayette, y la última Carlota Fainberg, de Antonio Muñoz Molina. Entremedias, célebres títulos, como Carmen, de Prosper Mérimé; Eugenie Grandet, de Honoré de Balzac; Madame Bovary, de Gustave Flaubert; Ana Karenina, de León Toltói; Pepita Jiménez, de Juan Valera; Tristana, de Benito Pérez Galdós; Nana, de Émile Zola; Jane Eyre, de Charlotte Brontë; La señora Dalloway, de Virginia Woolf; La tía Tula, de Miguel de Unamuno; Rosario Tijeras, de Jorge Franco, y Eva Luna, de Isabel Allende, combinados con otros menos conocidos o injustamente olvidados, que suponen un feliz descubrimiento. Las protagonistas tienen personalidades, trayectorias e intereses variados, con lo que se presenta un amplísimo panorama, pues si bien no se ha pretendido una imposible exhaustividad, como señala la propia Triviño Anzola, sí se nos ofrece un significativo paisaje.

El volumen se estructura en dos grandes apartados. En el primero, aborda, entre otras, cuestiones como “La mujer como centro de la ficción” y “Tipologías femeninas” -la mujer virtuosa, trabajadora, la fantasía del andrógino…- y, en el segundo, se centra en el examen por orden cronológico, concreto y pormenorizado de cada novela. Se aprecia una ingente documentación, a la vez que se nos brindan sagaces comentarios.

Una de las muchas virtudes de esta propuesta es que invita a la lectura o relectura de las obras estudiadas, pues es fundamental nuestra propia experiencia lectora que, en este caso, podemos acompañar con la muy beneficiosa de Consuelo Triviño, quien nos da también claves sobre su labor creadora: “Como autora, jamás me he planteado trabajar por una escritura ‘específicamente femenina o feminista’. A la hora de emprender un proyecto literario, el mayor reto que se me presenta es la construcción de una voz narrativa, sea esta femenina o masculina”.

Sin dejar de ser consciente de la lucha que han tenido que librar las mujeres por sus innegables derechos contra no pocos obstáculos: “La literatura siempre supo reflejar o simbolizar la condena que, a lo largo de la historia, supusieron para la mujer los convencionalismos sociales ocultos tras el espejismo del amor”, apunta -como vemos en algunas de las figuras observadas-, es la de Consuelo Triviño una acertada visión que la aleja del reduccionismo o perspectivas sectarias.

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