No sin sorpresa por la designación que podría suponerse temprana, Su Santidad el papa León XIV –felizmente reinante, aludían los pretéritos cánones al referir su tratamiento– ha proclamado un Año Santo Guadalupano comunicando su voluntad por medio de la Penitenciaría Apostólica y así fue difundido por la Arquidiócesis Primada de México, cuyo titular es el conspicuo cardenal Aguiar Retes. Ciertamente, no ha de confundirse esa magnífica gracia con el también designado Año Santo Guadalupense coincidente y alusivo a la importante Virgen de Guadalupe, cuyo santuario se ubica en Extremadura.
El motivo expresado para la celebración ligada a la aparición mexicana es la conmemoración de cincuentenario de la consagración de la nueva basílica (1976) en que reside la sagrada imagen de la Santísima Virgen, a la cual fue trasladada la muy venerada desde la conocida como antigua basílica y cuya advocación mariana, Guadalupe, define en gran medida la mexicanidad y se extiende enarbolando los títulos de Reina de México, Emperatriz de América y Reina de las islas Filipinas. El jubileo correrá del 12 de octubre de 2026 al 12 de octubre de 2027.
Decimos que la designación pareciera temprana, dado que el quincentenario de las apariciones de la Señora en el Tepeyac con toda su narración de larga data alrededor del melifluo y apolíneo suceso se verificarán, sí o sí, hasta 2031 – ya corre un tiempo preparatorio y el propio cardenal Aguiar ya ha designado la comisión impulsora de tales conmemoraciones a cargo del padre Eduardo Chávez Sánchez – siendo, entonces, una suerte de antesala del bimilenario de la Crucifixión de Cristo (2033) a ser remarcada como está ya anunciado. ¿Será que tal vez habrá dos años jubilares cercanos ligados a la patrona de México, el actual y uno venidero hacia 2031? No suena como algo frecuente y no lo sabemos; empero, supongo que tampoco es lo usual, ya le digo. Sabemos que el Jubileo del bimilenario será de carácter extraordinario en el cómputo de tales magnos sucesos eclesiásticos.
El Papa ha querido resaltar el aniversario redondo de la dedicación del santuario mariano más visitado del mundo y el segundo templo católico más frecuentado después de San Pedro en El Vaticano, casi nada, mismo que, situado en la actualidad en un barrio de la Ciudad de México, es conocido con sus múltiples referencias: La Villa de Guadalupe, La Villa, La Villita, la Basílica de Guadalupe, aludiendo primero que nada a la denominada como la Insigne y Nacional Basílica de Santa María de Guadalupe y cuyas actividades en este jubileo pueden ustedes seguir en su propia página: https://virgendeguadalupe.org.mx/.
No fue posible encontrar el texto que da origen a esta merced pontificia, pero sí otro de inicios de 2026 emitido por el Vicario de Cristo al dirigirse a los asistentes al Congreso Teológico Pastoral sobre el Acontecimiento Guadalupano, verificado en la capital mexicana entre los días 24 y 26 de febrero de 2026 y del cual copio un párrafo de singularísima importancia, cuando, refiriéndose a la inculturación del Evangelio, apunta: “Desde esta perspectiva, Santa María de Guadalupe es una lección de la pedagogía divina sobre la inculturación de la verdad salvífica. En ella no se canoniza una cultura ni se absolutizan sus categorías, pero tampoco se las ignora o se las desprecia: son asumidas, purificadas y transfiguradas para convertirse en un lugar de encuentro con Cristo. La Morenita manifiesta el modo de Dios para acercarse a su pueblo; respetuoso en su punto de partida, inteligible en su lenguaje y firme y delicado en su conducción hacia el encuentro con la Verdad plena, con el Fruto bendito de su vientre. En la tilma, entre rosas pintadas, la Buena Noticia entra en el mundo simbólico de un pueblo y hace visible su cercanía, ofreciendo su novedad sin violencia ni coacción. Así, lo sucedido en el Tepeyac no se presenta como una teoría ni como una táctica, sino como un criterio permanente para el discernimiento de la misión evangelizadora de la Iglesia, llamada a anunciar al Verdadero Dios por quien se vive sin imponerlo, pero también sin diluir la radical novedad de su presencia salvadora”.
El comunicado en el cual “con profunda alegría y gratitud” el cardenal Aguiar Retes anunciaba la feliz noticia, puntualizaba que: “los fieles que visiten con devoción y espíritu contrito la Casita Sagrada de Santa María de Guadalupe y participen de algún acto litúrgico o dediquen un tiempo de oración en la Basílica podrán obtener la Indulgencia Plenaria para sí mismos o aplicarla por las almas del Purgatorio”, precisando que se "debe cumplir con las condiciones habituales establecidas por la Iglesia: confesión, comunión Eucarística, rezo del credo y oración por las intenciones del Santo Padre". Observo matices respecto al Jubileo de 2025.
Así, el “Año del Mundial” suma un Jubileo Guadalupano, un año de gracia vivífico tan cercano al reciente Jubileo ordinario de 2025, ese otro que transitó entre dos pontífices, el papa Francisco abriendo la Puerta Santa de la Basílica vaticana y León XIV, clausurándola. La apertura de la Puerta Santa del templo en cuestión sugiere como si se abrieran de par en par las Puertas del Cielo para que transite hacia tal todo fiel en devoción sincera. Es una magnífica oportunidad para los creyentes de reencontrarse con Dios confirmando su fe.
Expresemos unos cuantos apuntamientos más. La carta dirigida por el romano pontífice al clero y feligresía mexicanos, firmada por el secretario de Estado, Parolin –quien laborara en la nunciatura apostólica en México– incluye una frase que supone una gran reverberación de dogma de fe: (el Jubileo busca apego) “a la madre del verdadero Dios por quien se vive”. Sumemos la expresión más clásica y más reconocible alrededor de la Virgen de Guadalupe, manifiesta a San Juan Diego: “¿No estoy aquí, yo, que soy tu madre?” Y la pronunciada por el papa Benedicto XIV al proclamar su fiesta mayor: “No hizo cosa igual con ninguna otra nación» (en latín, «Non fecit taliter omni nationi»”. Si durante el año jubilar tiene usted ocasión de visitar la Basílica, no dude en hacerlo. Así que agéndelo y no lo desestime.
Y me resulta particularmente significativo el gesto, dado que se lo comenté semanas atrás, conmemoramos en 2026 el centenario de la Guerra Cristera. El Año Jubilar decretado no la refiere, mas resulta significativa la coincidencia cumpliéndose una centuria de aquel acaecimiento dador de tantos mártires y santos a la Iglesia universal.
Concluyo. Se barajaba un viaje apostólico de León XIV a México en el año venidero y rumorado que este Jubileo podría facilitarlo. Empero, al conocerse que el sumo pontífice padece adenocarcinoma, un cáncer de pulmón, abre una gigantesca incógnita sobre esa posibilidad, infortunadamente. Se ha solicitado elevar nuestras oraciones por su salud.