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TRIBUNA

Platón, o lo que he aprendido esta semana en mis clases de filosofía (gracias Prof. Juan Rosales)

domingo 25 de octubre de 2026, 18:39h

 La filosofía no es una disciplina que se ejerza desde la distancia, sino una tecnología de intervención en el conocimiento desde el conocimiento. De hecho es una práctica de insurrección contra las ficciones que organizan nuestra percepción de lo real... Me refiero a que estaba esta semana yo disfrutando como un gorrino en un patatal con las clases de Historia de la Filosofía Antigua (las cuales imparte un profesor que bien parece el caballero de la triste figura en versión venezolano exiliado), cuando, fíjate tú, de pronto me di cuenta de que se había acabado hace rato la clase del venezolano de rostro graso, rigor pedagógico, erudición avezada y sofisticados modos de quien en el aula desentierra los pensadores con una pala de pescado en la mano… Sí, se había acabado esa clase y había y empezado una clase de latín clásico más aburrida que la música del telediario. ¡Y por eso entonces me dio por pensar!

Concretamente me dio por pensar en Platón (mi filósofo favorito debido a que, cuando yo era niño, en mi pueblito de Villalobar había un molinero de buen vino y barriga desbordacintos; un hombre que siempre parecía llevar tatuado en las mejillas el mapa de Logroño; pero que era muy salado y también se llama así, Platón).

En especial me dio por pensar en que, para Platón –el filósofo griego, no el molinero de mi pueblo—, lo que tomamos por realidad no es sino una copia imperfecta de la verdadera realidad, que es la realidad sita en el Mundo de las Ideas.

De hecho según Platón cuando algo nos conmueve en el arte, en la gastronomía, en la vida, es porque nos evoca a otro algo de aquel mundo, el Mundo de las Ideas, donde hemos vivido anteriormente y del que hemos sido deportados como en su bíblico día fuimos expulsados del Paraíso Terrenal (nos echan de todas partes), y tenemos por eso que conformarnos con su evocación… Es decir, con el recuerdo vago, vaporoso (todo porque nuestra percepción solo puede aproximarse a la realidad y a las cosas de modo imperfecto, así, sin poder aprehender la perfección que todo tiene allá, en el idílico Mundo de las Ideas).

Tomando por cierto lo que dice Platón –el filósofo griego, no el molinero de mi pueblo—, yo, cuando me aburro en clase de latín, y entro en trance interno disimulado, y dejo volar mi pensamiento arborescente como dando la razón a mi familia, que ya dice mi hija Lorca que a papá se le va la olla, lo que pasa es que mi alma insatisfecha se pira a darse un garbeo por el Mundo de las Ideas.

En pleno viaje astral disimulado en clase de latín el otro día recordé de pronto que en las clases de Historia de la Filosofía Antigua hemos empezado por Platón (que cree que tenemos alma y cuerpo, y que aprender es recordar, y que tarde o temprano el alma va por su lado y el cuerpo por el suyo). ¿Cuándo estoy aburrido en clase de latín será que el alma se me está desprendiendo un rato del cuerpo? ¡Menudo sin vivir!

En efecto, a veces, cuando se me va la olla, siento que estoy embarcado en una suerte de viaje astral epistémico. De hecho creo que vivo en el Mundo de las Ideas, y el resto de compañeros de mi clase en el mundo de la realidad “real” y tangible. Me pregunto si las clases de latín en realidad serán como son, o, en su defecto, como yo las veo entre ecos y sombras de caverna (en mis ensoñaciones esas clases a veces las da Cicerón y en otras ocasiones San Jerónimo ayudándome a traducir La Vulgata sin diccionario)...

Oh, en cuanto salga de clase de latín o de historia de la filosofía antigua (no sé en cual estoy ahora mismo) pienso llamar a mi psicoanalista para que me programe una sesión de emergencia.
En fin.

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