www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

Fatalidad y maldad

Juan José Vijuesca
miércoles 4 de noviembre de 2026, 20:14h

La fatalidad es un espectro ligado al azar. Es el capricho  cosido al ser humano que viene de la mano de la fortuna o la desgracia. Esto sucede porque lo promiscuo de vivir rodeados de un infinito genera cosas inesperadas. Es, por así decirlo,  aquello que socava lo incierto de nuestra existencia. 

La maldad es otra cosa. Aquí la mano del hombre, cuando es perversa,  intercede para cambiar el rumbo de la vida de las personas.  El ser humano no es mejor por ostentar el poder, ni siquiera por contar con el sufragio público. La dignidad y el respeto están asociados al voto de confianza que se deposita en urnas. Después, estas cualidades hay que ganarlas con la firmeza de la honradez  que, en desempeño de las responsabilidades, se asocia al rango y al cargo.  En caso contrario, la maldad se convierte en crueldad, dando paso a la inmoralidad y a la villanía. El poder se corrompe y es cuando se instala el eje del mal. ¿Qué se puede esperar de  los excesos  de un poder político que, al ejecutarse, rebasa sus propias funciones? 

Hasta aquí se puede arbitrar una sucesión de malos humores cuando el villano prefiere  elegir,  con su irreverencia, el lado equivocado de la realidad. Se elogia a sí mismo  en perjuicio de los más débiles en clara manera de cubrirse las espaldas ante sus propios fracasos, apariencias  e inútiles excusas. Por alusiones directas e indirectas le pongo nombre a la villanía y al sufrimiento: Óscar Puente. Personaje que, al amparo  de Pedro Sánchez, nos coloca a todos ante la degradación de un Estado cuando los ciudadanos pasan de exigir eficacia a suplicar supervivencia. 

Cuando los muertos se superan por negligencia de quienes gobiernan, no cabe otra que ajusticiar en urnas a quienes con su malvada gestión atentan contra la seguridad ciudadana, sin olvidar las consecuencias penales que de ello se deriven. Un voto no es solo un tren que nunca llega al destino deseado. Un voto es el proyecto de vivir en un país cuyos representantes sean capaces de proteger a sus ciudadanos. Ahora mismo en España ha dejado de funcionar el Estado. Estamos en manos de irresponsables.  No es seguro viajar en tren, las carreteras son inseguras y la catadura moral del gobierno sanchista solo ambiciona  llegar al día 29 de noviembre a lomos de una glorificación que ya no convence porque   este país se está llenando de muertos evitables y familiares dolientes. 

Se hace difícil no ver en todo este caos existencial una confirmación macabra de la degradación política.  Son demasiados lutos. Demasiados minutos de silencio. Demasiado desgobierno para digerir tanta calamidad. España es un país fallido y la mayoría está harta de pagar unas cuentas que no cuadran. Han sido unos años de recaudación récord y de fondos europeos para la modernización, pero el gasto ha sido la tentación para colmar a unos pocos y empobrecer al resto; de tal manera que la inversión en infraestructuras ha quedado para sumar  dolor y tragedia a costa de los de siempre. 

Inventamos los sistemas de seguridad para impedir que el fallo de una persona o una máquina se convierta en una ruleta rusa. Pretender que la suerte sustituya esa protección sería un retroceso inadmisible. Exijo saber qué ocurrió y quién permitió que ocurriera, sin la artimaña   de la fatalidad y demás patrañas. Hay placeres que dirimen nuestro estado de ánimo; sin embargo, hay desánimos que obligan a viajar en tren llevando en el bolsillo  el certificado de últimas voluntades. Demasiada maldad para darle gusto a unas siglas el día de urnas.   

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (14)    No(0)

+
0 comentarios