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Fomento: después de la tempestad, el silencio

lunes 12 de enero de 2009, 01:13h
Tras el enorme colapso vivido el pasado fin de semana a consecuencia de la nevada en Madrid, ayer domingo aún había pasajeros atrapados en Barajas. El segundo aeropuerto europeo en volumen de operaciones se vio obligado a permanecer cerrado el viernes a causa de la nieve. Nada extraño, si se tiene en cuenta la virulencia de la ola de frío que azotó España esos días. En todos los aeropuertos del mundo se producen retrasos y cancelaciones por culpa de inclemencias meteorológicas, pero no el caos de Barajas. Mal debían de ver las cosas los profesionales de la aviación, porque los trenes de alta velocidad procedentes de Barcelona con destino Madrid contaban entre sus pasajeros con azafatas y pilotos de diferentes compañías aéreas que debían regresar a Madrid. El que lo hicieran en tren da idea de hasta qué punto la situación aeroportuaria era grave. Aunque tampoco los ferrocarriles se salvaron. De hecho, la avería de un convoy a las afueras de Zaragoza retuvo a los cinco que venían tras él, sin que nadie de RENFE fuera capaz de informar a los sufridos viajeros.

La titular del ramo, Magdalena Alvarez, tiene pensado comparecer a lo largo del mes. Con anterioridad, lo hicieron el ministro del Interior y la vicepresidenta del Gobierno. Alfredo Pérez Rubalcaba echaba la culpa al empedrado; más concretamente, a un fallo en las predicciones meteorológicas. En buena parte tenía razón: las previsiones para el sábado hacían presagiar otro día nublado y blanco en la capital de España. Y, sin embargo, lució un sol espléndido. Pero no se puede culpar de todo a la incompetencia de los servicios meteorológicos. Que un aeropuerto de la importancia de Madrid-Barajas se colapse de tal forma por una nevada es inadmisible. Por esa regla de tres, Chicago, Nueva York, Toronto o Berlín serían auténticas ratoneras en invierno, dada su climatología. Y no lo son. Por lo que respecta a María Teresa Fernández de la Vega, habría que preguntar a los que se quedaron atrapados en aeropuertos y estaciones de tren si les hizo gracia el chascarrillo con el que despachó la situación la señora Vicepresidenta: “año de nieves, año de bienes”. Por no hablar de su peregrino argumento, según el cual las nevadas de esa magnitud en Madrid son esporádicas. ¿Deberán entonces los madrileños prepararse para lo peor ante las próximas nieves que vengan? No por el hecho de que una inclemencia meteorológica se produzca con poca frecuencia hay que olvidarse de ella. Para lo habitual ya estamos preparados. Para lo ocasional, no siempre, como ha quedado demostrado. En cualquier país civilizado, la responsable de infraestructuras ya habría dimitido. No así en España, donde Magdalena Alvarez parece acumular méritos a base de deméritos. Pocas gestiones tan calamitosas ha habido a lo largo de la vida política española. A lo que hay que sumar unas formas altaneras que retratan claramente a quien las emplea. Ojalá, haga buen tiempo en los próximos días. Al menos, mientras Magdalena Alvarez siga en su puesto.
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