¡¡AGUA!!
sábado 09 de febrero de 2008, 23:47h
17 meses. Ni más ni menos. Ese es el tiempo que lleva sin llover en Cataluña. Los embalses catalanes están al 24% de su capacidad y las autoridades se están viendo obligadas a tomar medidas excepcionales. El Ayuntamiento de Barcelona, por ejemplo, ha cortado el agua de sus fuentes y hasta los gimnasios de la ciudad están pensando en obligar a sus clientes a ducharse en casa. Desde la Generalitat, además, se está multando hasta con 3.000 € a quienes derrochen el preciado elemento. Todo sea por luchar contra la terrible sequía, la peor en 70 años, que atenaza a la Comunidad.
Si las cosas siguen igual, y parece que no tienen visos de mejorar, el próximo mes de mayo se pondrán en marcha recursos "extremos" como el traslado de agua desalada desde Almería hasta Barcelona, a través de barcos. Resulta paradójico que tenga que ser la región más seca de España la que probablemente acabe dando de beber a una comunidad en la cual demasiados han sentado doctrina de exclusividad, abogando por "blindar" los recursos naturales. La paradoja ya ha comenzado porque ya está trasladando agua a Barcelona en camiones cisternas desde Murcia y Valencia. Sí, las mismas Murcia y Valencia a las que en su día se denegó el agua sobrante del Ebro porque la iban a "derrochar" en campos de golf y resorts turísticos. Aún sigue vivo el recuerdo de aquellas discusiones de marcado tinte político que frenaron el Plan Hidrológico Nacional puesto en marcha por el Gobierno del PP y aún antes diseñado por la propia ministra Narbona, que ahora aparece como campeona contra los trasvases. Los mismos que en Cataluña se aferraron ayer a "su agua" y a "su río", exigen hoy compartir el agua de otras comunidades y hasta del Ródano, un río "extranjero" –en la suposición de que los recursos naturales tengan pasaporte-.
La paradoja de estos trasvases a la inversa debe hacernos recordar que el Ejecutivo de Zapatero ha roto con una de las políticas más estables y venerables de la España contemporánea. Trasvases, canales y pantanos han sido uno de los pocos puntos coincidentes de todos los gobiernos desde 1898. Rivales y hasta enemigos han sido partidarios firmes de la misma política del agua: desde los conservadores de Silvela, a comienzos del siglo pasado, a los gobiernos de Felipe González y Aznar, casi en nuestros días, pasando por liberales, republicanos y socialistas de Prieto. Así ha sido hasta la llegada de Zapatero.
Sirva también lo ocurrido para bajar los humos nacionalistas de muchos e incitar a otros a realizar una necesaria reflexión. Nadie puede controlar la meteorología y aún no se ha inventado la máquina que consiga que llueva a capricho. Pero lo que sí existe es el principio de que los recursos naturales son de la nación; esto es, de todos los ciudadanos y que a todos nos toca apoyarnos unos a otros. Sin embargo, en este país muchos parecen no querer enterarse. Y lo cierto es que la generosidad y la solidaridad, como prueba el caso que nos ocupa, es a la postre más rentable que el egoísmo estrecho al que tan acostumbrados nos tiene el discurso nacional-victimista. Mucho del sustrato de la patología identitaria al uso se alimenta de la reivindicación de que comunidades "ricas" como Cataluña o el País Vasco deben equilibrar con sus arcas el déficit de otra más "atrasadas" como Murcia o Andalucía. Pues bien, ahora que a Cataluña le ha tocado pedir ayuda al "hermano pobre" no estaría de más darle una oportunidad a la reflexión: ¿seguro que la suma de las partes vale más que el todo?
SOBRE EL VELO
Recientemente, el Parlamento turco se ha pronunciado a favor de levantar la prohibición del uso del "hiyab" (un tipo de velo islámico que cubre el cabello) en las universidades, medida ésta a la se han opuesto los estamentos laicos de la sociedad por considerarlo un símbolo del Islam político. Es Turquía un país donde todo este tipo de cuestiones despiertan no pocas suspicacias. Allí, la mujer goza de una libertad que ya quisieran para sí muchos países musulmanes. Recordemos que en la república otomana una de las señas de identidad es su carácter laico, que ya se encargara de implantar el padre del actual estado turco, Ataturk.
Resulta inquietante que en el único país de mayoría musulmana donde se respira una cierta libertad surjan derivas de este tipo, por mucho que desde ciertos ámbitos progresistas se las quiera tildar de "corrientes islámicas moderadas". No olvidemos que Erdogan es uno de los impulsores de la Alianza de Civilizaciones, un barco de rumbo incierto y en el que le acompaña el presidente Zapatero. En esa Europa donde pretende entrar Turquía, el asunto del velo no es cuestión baladí. Sarkozy ya levantó una cierta polvareda entre la comunidad musulmana gala (por lo demás, muy numerosa), a tenor de sus declaraciones sobre su prohibición. Aquí, en España, Rajoy pretende hacer otro tanto, si gana las elecciones.
Estamos ante un problema ciertamente espinoso, que no debería de serlo tanto. Desde el máximo respeto que merecen todo tipo de creencias en una sociedad libre, hay que ser muy claros a la hora de velar por que las libertades individuales no sufran menoscabo alguno en detrimento de argumentos seudo-culturales. No olvidemos que el "hiyab", el "chador" (velo negro usado en Irán) y el "burka", tristemente célebre en Afganistán, no son simples trozos de tela, sino prendas todas ellas de una misma familia y con un cometido que a nadie escapa. Y si en nombre de esas creencias hay interpretaciones donde se justifica que se lapide a mujeres por el mero hecho de ser infieles, o que se las golpee, si el marido así lo estima conveniente (aún están recientes en la memoria las declaraciones hace poco más de de un año del emir de Fuengirola en este sentido), el cuidado debe ser extremo. Europa es una región con una identidad cultural muy marcada y unos valores muy definidos. No queremos ser una colección de guetos culturales.
LIBERTAD EN CUBA
La situación política de Cuba sigue sin dar demasiados sobresaltos, toda vez que el líder de la revolución, Fidel Castro, siga en el limbo de esa permanente incógnita que es su estado de salud. A primera vista, el único movimiento de futuro que pudiera atisbarse bien cabría ser interpretado en clave familiar: el relevo de Fidel por Raúl dentro del clan Castro. Hablamos de movimientos de futuro reseñables, ya que la próxima constitución del parlamento cubano, prevista para el 24 de febrero, no es sino más de lo mismo. Las votaciones -que no elecciones- celebradas el pasado mes de enero fueron, cuando menos, peculiares. A nadie escapa que la libertad en Cuba es, a día de hoy, una entelequia. Eso de pluralidad de candidaturas, diversidad de partidos, democracia, en suma, no existe en la isla. Un partido, un régimen y un líder, a la sazón enfermo y ausente. Aquí en el viejo continente resulta un eslogan tristemente familiar. Pero es lo que hay.
No obstante, parecen correr aires nuevos entre la disidencia. A los Oswaldo Payá, Raúl Rivero y compañía parece unírseles una nueva generación de disidentes, cuya principal cualidad es su juventud. Gente como Eliécer Rodríguez, voz autorizada de la Alianza Democrática de Oriente (ADO) empiezan a tener repercusión. Y ha empezado a circular por la red la protesta que varios estudiantes realizaron ante una de las máximas autoridades de la dictadura, el presidente del parlamento cubano Ricardo Alarcón. El motivo, la posibilidad de viajar o acceder a hoteles por parte del pueblo cubano. Habiendo tanto que reclamar, lo importante en esta ocasión no es el motivo elegido, sino de quién ha partido esa protesta. Estudiantes universitarios. Jóvenes que se han criado dentro del castrismo, y cuyos padres posiblemente no hayan conocido otro régimen en la isla que el de Fidel. Ahí está su mérito. Porque es muy fácil discrepar en libertad y bajo el paraguas de la democracia. Pero si allí, pese a las enormes trabas y riesgos que existen, sigue habiendo quien disiente, podrá empezar a verse la luz al final del túnel. Y si esa disensión es joven, la fuerza será aún mayor.