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Sobre la Libertad de Expresión y la construcción de la Democracia

Miguel Ángel Latouche
viernes 16 de enero de 2009, 22:49h
La Libertad de Expresión está referida al derecho que tienen los individuos para expresar de manera pública el contenido de sus ideas, sus valores y sus creencias, a través de diversos medios y mediante diversos mecanismos de expresión. Esta no se encuentra limitada al lenguaje verbal, sino que también, se refiere a la expresión por medios gráficos o simbólicos, a través de diversas formas de expresión artística, mediante la publicación de carteles, anuncios o mediante artículos de opinión. Lo cierto es que cuando hacemos uso de las salvaguardas que garantizan nuestra capacidad de expresarnos de manera pública, estamos, en realidad, garantizando la expresión pública de nuestro pensamiento. En consecuencia, lo que se protege es nuestra capacidad para pensar de manera autónoma e independiente y la de someter a la evaluación pública los contenidos de nuestro pensamiento.

La Libertad de Expresión se juega, entonces, en el ámbito público. La misma no se encuentra referida a formas de expresión privadas, por el contrario, éstas últimas se encuentran salvaguardadas en el ámbito de lo íntimo de cada individuo y se juega en su propia intimidad tanto como en términos de las relaciones que mantiene con quienes le son más cercanos. La Libertad de Expresión tiene que ver con la capacidad que debe proporcionársenos para que seamos escuchados. En ese sentido, está referida al problema del acceso a los medios de expresión, de igual manera requiere de nosotros que tengamos la voluntad de evaluar de manera respetuosa los contenidos de la expresión de los demás. En el sentido referido, de lo que se trata es de garantizar que todos los argumentos que se colocan sobre la mesa sean considerados suficientemente por quienes participan de la discusión.

Así las cosas, queda planteada la idea de que los individuos somos agentes de interlocución, como tales requerimos que nuestra capacidad de interlocución sea reconocida y validada por los demás. La idea es que los argumentos sean tratados con igualdad, con independencia de quien lo haya producido. La construcción de la decisión colectiva es, visto así, el resultado de un proceso de discusión pública que permite considerar la totalidad de los planteamientos que se hayan realizados y que permita que los mismos se vayan decantando en función de su contundencia. El mejor argumento se impone por su coherencia y su consistencia interna, las mismas quedan demostradas como resultado de la contraposición de las diversas opiniones y los diversos puntos de vista.

Vale destacar, que nuestra realización como sujeto está asociada con nuestra capacidad para hacer interlocución con los demás. Discutimos, hablamos, negociamos, debatimos y construimos en común soluciones para los problemas de la convivencia colectiva. Así, podemos decir que en el marco de nuestras modernas sociedades, caracterizadas por su complejidad, su interdependencia y su interconexión, la definición simbólica del lenguaje y la apertura de ‘espacios para la discusión de las ideas’ se constituyen en elementos esenciales para la definición coherente del proyecto colectivo que busca garantizar la realización de la vida en común y el establecimiento de salvaguardas a los intereses y los derechos individuales.
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