Escándalo en el Real Madrid
sábado 17 de enero de 2009, 01:06h
Que el fútbol actual no tiene nada que ver con el de hace unos pocos años es un hecho contrastado. Lejos de ser un mero deporte, hoy todo lo que rodea al mundo del balón tiene una enorme trascendencia. Precisamente por eso, la dimisión del ex presidente del Real Madrid, Ramón Calderón, ha sido el acontecimiento informativo que más titulares ha ocupado este pasado viernes. El desencadenante de toda esta situación han sido las revelaciones del diario MARCA, según las cuales quedaba acreditado que gente de su entorno más cercano manipuló y entorpeció el normal desarrollo de la asamblea de socios compromisarios, celebrada recientemente. Al ser el Real Madrid un club perteneciente a sus socios y no una SAD -sociedad anónima deportiva- esta asamblea tiene una enorme importancia, ya que en ella se adoptan gran parte de las decisiones más cruciales de la vida del club.
De ahí que su intento de manipulación sea tan grave. Pero hay más. La gestión de Calderón al frente del Madrid ha estado salpicada de promesas incumplidas -jugadores que prometió y que al final no vinieron- inestabilidad deportiva (lleva 3 entrenadores en 3 años) y una suerte de irregularidades financieras sin aclarar del todo. En este sentido, conviene no estigmatizar a lo que, por desgracia, se ha convertido en una práctica habitual dentro del mundo del fútbol: el movimiento de dinero. Por un lado, los derechos televisivos que, a raíz de las retransmisiones de pago, han alcanzado cifras delirantes. Por otro lado, tenemos las astronómicas cantidades de los traspasos de jugadores, parte de las cuales se pierden entre comisiones varias a repartir entre muchos. Lo que antaño era un deporte, ahora es un negocio con suculentos intereses en juego. Por no hablar de la representatividad. El palco del Santiago Bernabeu -como el de otros tantos estadios, por otra parte- se ha convertido en un auténtico lobby donde hacer negocios. Y si sumamos todos estos factores, llegamos a la conclusión de que resulta muy tentador llegar a ser presidente de un club como el Real Madrid. Tanto como para empeñar el honor y la credibilidad en ello. “Juro por mi honor que no conozco a esas personas”, decía Calderón en alusión a los reventadores de la asamblea. Cuando se demostró que mentía -una imagen vale más que mil palabras-, aseguró que “quien dimite, o es un cobarde, o tiene algo que esconder”. Pues ayer dimitió…