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Llegó el momento: los gallegos queremos más contra nadie

Olga González Alonso
sábado 17 de enero de 2009, 14:28h
La precampaña electoral nos ha desvelado que los gallegos tenemos un presidente que no va contra nadie –se agradece sinceramente la aclaración-, que queremos más y que ha llegado el momento. O que ha llegado el momento de tener un presidente que no vaya contra nadie porque los gallegos queremos más. Todo depende de cómo miremos el material propagandístico que los tres partidos en liza han empezado a desplegar.

La puesta en escena marketiniana del actual inquilino del despacho presidencial y candidato a la reelección nos presenta como cartel principal una imagen de Touriño que mira para otro lado sobre un fondo negro - que dice mi vecina la del quinto que nunca tan bien se cumplió aquello de que una imagen vale más que mil palabras- a la que acompaña el lema “O Presidente” (“El Presidente”), como despejando cualquier asomo de duda. Pero existe en el despliegue publi-electoral de los socialistas otra versión en la que el eslogan se estira para decir “Un presidente de todos y contra nadie”. Manda huevos, con perdón de la expresión y permiso de don Federico Trillo, que el hombre que ha presidido la Comunidad en los últimos cuatro años tenga ahora que dejar claro, impreso, ampliado y pegado por las calles que no va contra nadie. Vamos, que lo que de esta legislatura no ha sido nada personal, viene a decir. Se completa el decorado socialista con la canción elegida como sintonía de campaña, un poema de Álvaro Cunqueiro cuyo título, “Quen puidera namorala” (“Quién pudiera enamorarla”), parece talmente la versión lírica del nivel de convicción que Touriño tiene en sus aspiraciones con respecto a la sociedad gallega.

Los nacionalistas del BNG, más claros, concretos y a su bola de siempre, han optado por un “Queremos máis” (“Queremos más”) que más que un gancho publicitario parece una definición de sí mismos. Ahí los tienes: consiguieron ser vicepresidentes, mitad de gobierno y mandar más que nadie gracias a su peor resultado electoral y no se cortan un pelo en decir que ellos quieren más, qué caray. A lo peor se refieren a que los despachos y los coches oficiales ya les parecen poco, pura rutina, y ahora aspiran a privilegios como el pisito de Pepiño Blanco en A Illa de Arousa que, a veinte metros de nada del mar, se ríe de las normas que aprueba su propio partido para que el resto de los mortales sólo puedan ver la playa desde la ventana como suelen ver los billetes de quinientos euros, o sea, o en foto o a lo lejos. Los de Quintana merecen más porque, dicen, son los únicos independientes de un poder superior, no como los otros dos partidos, que tienen presencia, afiliados, fuerza y votantes por todas partes, qué mala es la envidia. Que tiene mérito afirmar sin que les dé la risa –no digo ya la vergüenza- que ellos no dependen de Madrid después de haber tenido que pasar por tragos tan bochornosos como apoyar a la ministra de Fomento, nada menos que a la Maleni del “Plan Galicia de mierda”, para conseguir que el Gobierno de ZP les pagara la deuda de la Ley de la Dependencia y que, a pesar de tan heroico e independiente acto, han tenido que seguir reclamando hasta el cansancio.

Ante tal despliegue político-creativo, no es de extrañar que los del PP de Alberto Núñez Feijóo basen su mensaje fundamental en que “Chegou o momento” (“Llegó el momento”). Porque ante un presidente que, después de casi cuatro años de despacho de dos millones de euros, tiene que aclararnos que es de todos (el presidente, no el despacho) y que no le tiene tirria a nadie, y unos nacionalistas que, tras la buena tajada que han sacado de su fracaso en las urnas en 2005, amenazan con que no tienen bastante, parece lógico pensar que es hora ya de que alguien ponga orden. Si además logran el cambio de verdad, paliar en serio y no con parches la crisis económica, bajar el paro, eliminar el despilfarro y ofrecer un bienestar no clientelista, los gallegos estaremos por fin gobernados por un presidente de todos que sea capaz de darnos más, llegado este momento en que nos conformaríamos ya con tener la mitad de lo que hace cuatro años nos prometieron los que gobiernan ahora. Y esto no va contra nadie.
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